Buenas y malas sindicales en la puja política neuquina

El gremialismo estatal ha politizado totalmente el debate por el nuevo convenio colectivo, pero no alcanza ningún resultado satisfactorio. Los maestros, se pierden ante una gestión que de a ratos les sonríe. Y los judiciales deberán esperar a los “nuevos” del TSJ.
El sindicalismo estatal de la CTA reparte buenas y malas, en estos días de confusión provincial, acentuada por la inestabilidad generalizada del contexto. Con progresivo énfasis en su participación en la política y los mecanismos de poder que implica, los sindicalistas se ilusionan con un futuro más o menos cercano en donde la “centro izquierda progresista” desplazaría al MPN y a los sectores más conservadores del PJ y la UCR de sus posiciones dominantes.

Los estatales de ATE, metidos en una puja que persigue el propósito central de recuperar el primer lugar en cantidad de afiliados en la administración pública –hoy en manos de UPCN- visitaron en medio de su medida de fuerza de 72 horas la Legislatura.

Los sindicalistas buscan respaldos a su posición contraria al convenio colectivo de Trabajo acordado en unas paritarias que la organización gremial desconoció. Sabían antes de entrar a la reunión con los diputados que la cosecha sería escasa. Concretamente, tanto UNE (expresión política de la CTA) como Alternativa, se comprometieron a rechazar el convenio en caso que llegara a la instancia legislativa. Los demás, dividieron enfoques más o menos tibios y previsibles, que desnudaron una realidad concreta: se hará al respecto lo que el gobierno quiera.

Por dos razones fundamentales: el MPN ya dio visto bueno al convenio, basado formalmente en que “respeta tanto la Constitución como las leyes vigentes”, pero sustentado fundamentalmente en que el partido provincial hace tiempo que pretende aggiornar una administración pública tan vetusta como ineficiente.

Esa posición no cambiaría, aunque se pretenda que ATE entre en esa variante proponiendo algunas modificaciones.

La Concertación PJ-UCR, además, no está dispuesta a conceder nada a un gremialismo que no lo está ayudando en gestiones municipales clave, como es la de Martín Farizano en Neuquén, y que incluso ha logrado la maravilla dialéctica de enfrentar a sindicalistas con antiguos camaradas, como Raúl Dobrusin o el mismo Mariano Mansilla.

Los sindicalistas, así, cumplieron con el rito de pasar por la Legislatura más que nada para la foto. Nada nuevo sucedió ni sucederá en ese ámbito.

Los maestros de ATEN, por su lado, tuvieron el paro más decepcionante del año. No lograron adhesión masiva a la medida de fuerza ni tampoco concurrencia a la marcha.

El gremio docente se debate en su clásica postura combativa y la necesidad de no romper lanzas con la comunidad. No acierta a tratar con un gobierno que lo recibe, lo atiende, le concede, pero que a la hora de los salarios se puso finalmente inflexible.

También observa cómo se le escurre el caso Fuentealba II: ante la carencia de pruebas necesarias para imputar al ex gobernador Jorge Sobisch, la apuesta es a demorar el trámite lo más posible, para que pase al año que viene. Pero la defensa de policías y ex funcionarios presiona al juez para lo contrario. Es decir, que eleve a juicio o que archive la causa.

El caso más singular es el del gremio SEJUN. Imbuido de afán justiciero, cargó contra el Tribunal Superior de Justicia, y ayudado por un momento político que justificó el cambio, hizo polvo la vieja Corte “sobischista”. Pero no calculó que tal “éxito” traería aparejado un proceso de transición, ya que el recambio no es automático.

Ahora, metió violín en bolsa con sus reclamos más importantes. Deberá esperar a que se complete el Tribunal, y lleguen los jueces más “cercanos” al sindicalismo: Labate y Massei.

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