La ley de la buena víctima

Por: Ricardo Roa

Iba a ser un festejo familiar y ahora es un drama. Gerardo del Valle Sánchez cumplía 18 años y estaba todo listo para celebrarlo. Asado de domingo al mediodía en casa. Pero horas antes le pegaron un tiro en la cabeza. Está en terapia intensiva y su futuro es incierto

Lo asaltaron a las 7 de la mañana. Recién se había despedido de su novia Yanina. Son vecinos y volvían de visitar a un amigo que vive en el mismo barrio, a una cuadra y media de distancia y que también cumplía años. Festejo doble con otros chicos. Pero al llegar a su casa lo abordaron tres delincuentes. Le quitaron las zapatillas y el celular. Y le dispararon a sangre fría.

El celular y las zapatillas tienen un valor intangible pero notable entre los adolescentes. Representan un cierto estatus. Otorgan identidad y entidad a quien los posee. A veces se los valora tanto como se desprecia la vida misma.

"Todavía no me puedo creer lo que le pasó a mi hijo", dijo su madre desesperada. Es efectivamente increíble, aunque la historia sea una más de todos los días. Y aunque haya gente que todavía vea el reclamo contra la inseguridad como una consigna de derecha y la defensa de los derechos humanos como otra de izquierda. Y como si las dos cosas no pudieran ir juntas. Demagogia que no resuelve nada y sólo perpetúa el drama.

Según una fuente policial, Gerardo pudo haberse resistido al robo ¿Qué significa resistir un robo? ¿Agredir a los agresores con las mismas armas? ¿O tener simplemente algún reflejo defensivo y automático?

Ahora las víctimas de los robos deberán tener muy presente las necesidades de los delincuentes. Sin chistar y amablemente. Ojo con desobedecer la Ley de la Buena Víctima. Quien lo haga será justificadamente acusado de resistirse.

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