Una buena oportunidad

Por Nora Bär

Hace un par de siglos, el médico podía ofrecer poco más que una purga o sangría. Hoy, si bien es innegable que los avances en el conocimiento de la etiología y el tratamiento de las enfermedades, así como de las acciones efectivas de prevención, son exponenciales, hay quienes sólo acceden a una medicina que parece del siglo pasado...

De acuerdo con un estudio realizado por Daniel Maceira, del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), las causas de esta situación difícil de justificar -tratándose de la salud- exceden lo meramente económico.

El investigador analizó el gasto, el financiamiento y la equidad en los mecanismos de cobertura de la salud a partir de datos de encuestas nacionales realizadas en 2003 y 2005. Obtuvo un mapa detallado y revelador sobre los sistemas de salud que se ofrecen en el país. Pero sus conclusiones son poco alentadoras: dada su estructura federal y de múltiples prestadores de servicios, el aseguramiento en salud está totalmente fragmentado, carece de una estrategia de atención primaria y descuida la nutrición y el saneamiento, dos determinantes críticos.

"La descentralización geográfica y la segmentación entre grupos sociales acota la posibilidad de brindar una cobertura homogénea y equitativa", sostiene.

Según el trabajo, hay un denominador común que recorre todo el sistema: mala asignación de recursos y falta de efectividad. Algunos ejemplos son ilustrativos. La Argentina, en términos de producto bruto per cápita, es el país más rico de América latina. Sin embargo, aunque nuestro gasto en salud es el doble del de Chile, la mortalidad a los cinco años es más del doble que la del país vecino. Comparado con países de similar ingreso de Europa del Este, nuestro nivel de desempeño también es pésimo. Gastamos casi el doble de lo que invierte Polonia (1274 vs. 814 per cápita) y tenemos una mortalidad a los cinco años de más del doble (18 vs. 8) Hungría gasta un poquito más y tiene la mitad de mortalidad.

"El argumento de que hay que gastar más en salud es falaz", afirma Maceira. Según el economista, muchos de los males que corroen el sistema de salud local se originan en su gran atomización.

Para empezar a cambiar las cosas, dice, "Son vitales mucha delegación de funciones y mucha coordinación de estrategias sanitarias".

El dengue, a principios de año, y la influenza A(H1N1) otorgan una nueva y urgente actualidad a esta discusión. "El sistema de salud te desprotege desigualmente -ilustra Maceira-. Aunque esto no debería sorprendernos, porque es algo que vemos todos los días. Este trabajo es simplemente una «puesta en costo» de lo que ya conocemos. Por eso, ésta es nuestra gran oportunidad para repensarlo: el sistema y sus problemas son los mismos, pero los emergentes son mucho más graves." Y desafía: "¿Cuántas plagas más tenemos que sufrir para que nos pongamos a discutir?".

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