Una buena y una mala para Boudou

El juez Thomas Griesa levantó el embargo que pesaba sobre la cuenta del Banco Central. Pero al mismo tiempo, la autoridad monetaria estadounidense pidió precisiones sobre el plan para pagar deuda con los fondos del BCRA.
Debía ser un día de júbilo para el Gobierno y los mercados que esperaban el levantamiento del embargo que pesaba sobre una cuenta del Banco Central en Nueva York. Pero la decisión del juez Thomas Griesa que finalmente liberó los fondos no alcanzó para cambiar los ánimos crispados que provoca desde hace diez días la pelea por las reservas. En la misma tarde, la Securities and Exchange Commission (SEC), la autoridad bursátil estadounidense, le hizo saber a la Casa Rosada hasta qué punto preocupa a Wall Street la crisis política doméstica. En el marco de la negociación técnica para la reapertura del canje de deuda, el organismo extranjero pidió explicaciones sobre el futuro del Fondo del Bicentenario que lanzó el Gobierno para pagar a los bonistas privados con el dinero que atesora el BCRA.

La buena. Un principio de acuerdo entre los bonistas y los abogados del Banco Central permitió que el juez Griesa destrabara la cuenta con casi 107 millones de dólares que la autoridad monetaria argentina posee en la Reserva Federal de Nueva York. Pero como ocurrió el día anterior, el caso disparó versiones encontradas entre el ministro Amado Boudou y el presidente del BCRA, Martín Redrado.

Según el titular del Palacio de Hacienda, Griesa "levantó el embargo gracias a la rápida acción del directorio de Banco Central" que controla el kirchnerismo. Y remarcó que "el fallo no tuvo nada que ver con la independencia del Banco Central ni con (la creación de) el Fondo del Bicentenario". Para Redrado, en cambio, la decisión del juez fue "preventiva" y advirtió que "el litigio continúa y lo que queda por demostrar es que el BCRA no es un álter ego de la Tesorería". La estrategia del funcionario apunta a remarcar la autonomía de la entidad, lo que le permitiría subsistir en su despacho durante unos días más.

"Es un signo alentador que tranquiliza los ánimos y permite pensar en que la reapertura del canje de deuda todavía puede encontrar buena recepción entre los acreedores", afirmó a Crítica de la Argentina un operador bursátil de Wall Street. El cimbronazo político de la última semana había puesto en dudas las chances del canje, lo que se había reflejado en la caída de la cotización de los bonos que venían de escalar en los últimos meses empujados por el anuncio oficial de la oferta para los holdouts.

Hasta Elisa Carrió celebró la decisión de Griesa, aunque aprovechó la novedad para reclamar que "el Congreso rechace ambos decretos de necesidad y urgencia para preservar la independencia del BCRA y que el Poder Ejecutivo busque alternativas no lesivas al interés nacional, a las reservas y a la Constitución".

Del éxito de la operación está atado el destino del ministro de Economía que centró su gestión en la agenda financiera internacional. Del canje también depende el posterior acuerdo con el Club de París y la expectativa que se generó entre los empresarios de la posibilidad de acceder a créditos con tasas más bajas. Pero el buen humor tuvo ayer un límite para Boudou. Desde Nueva York también llegaron noticias que alteraron el ánimo.

La mala. A la convulsión política se sumó ayer un nuevo elemento de preocupación. La Securities and Exchange Commission, que debe dar el visto bueno para que el Estado argentino lance la reapertura del canje de deuda, le devolvió al Ministerio de Economía el prospecto técnico de la operación con más de una docena de críticas. La SEC cuestionó las cifras del INDEC que sostienen las principales variables económicas que incluyó la Secretaría de Finanzas para seducir a los bonistas. El reproche coincidió con el anuncio del índice de precios de 2009 que, según la estadística oficial, fue de apenas 7,7 por ciento, cuando las mediciones privadas estiman que la cifra superó el 15 por ciento (ver página 9). Pero esa observación, esperada incluso en las oficinas del Palacio de Hacienda, no fue lo que más preocupó a la Casa Rosada. La SEC también pidió precisiones sobre el Fondo del Bicentenario –trabado por la Justicia– que fue pensado, precisamente, para llevar calma y certezas a los acreedores.

"Es un tema menor, casi de rutina. El prospecto de la operación va y viene. Es una negociación. No tiene implicancias negativas", justificaron desde Economía. Sin embargo, el Gobierno tiene un serio problema con el plan para pagar la deuda con las reservas. La justicia estadounidense ya demostró hasta qué punto es capaz de arrebatar las reservas si se rompe la división que existe entre el Tesoro de la Nación y el Banco Central. Y al mismo tiempo, la Casa Rosada depende de los 6.600 millones de dólares que pretendía liberar del BCRA para que cierren los números del año. Ni siquiera los directores kirchneristas que hoy controlan el Banco Central encontraron la fórmula que habilite al matrimonio presidencial a tomar las reservas sin que se complique el frente exterior con los acreedores privados.

Aunque se jacte de ser "bueno para resolver quilombos", el ministro Boudou aún no tiene una respuesta para la SEC.

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