Bruera, los ´90 y el mundo del revés

Desde el mismo comienzo del gobierno kirchnerista, el ataque a la funesta década del menemato fue uno de los pilares del discurso oficialista. Cada acto que llevaba adelante el ex presidente Néstor, o la actual mandataria Cristina, iba acompañado por la inequívoca comparación con lo que sucedía en el país durante los ´90.

Esos años implicaron, fundamentalmente, el avance del sector privado en detrimento del papel del Estado, que vio privatizar cada una de las funciones que le habían sido asignadas después de la segunda guerra mundial, en plena lucha del capitalismo ante el avance comunista. El Estado benefactor fue destruido en un par de años, siempre claro, con las banderas peronistas como estandartes. Así, por primera vez en la historia argentina, confluyeron los intereses de los sectores más concentrados de la economía con un apoyo popular de casi la mitad del electorado, apoyo que se incrementó en las elecciones de 1995, cuando los efectos y la traición menemista ya eran concretos.

Para aquellos que "corren" al kirchnerismo por izquierda, esa referencia constante a la herencia no es más que un velo discursivo que cubre los verdaderos actos de gobierno. Esos sectores siguen denunciando la entrega constante de recursos naturales a empresas extranjeras, la corrupción que mancha a varios funcionarios de primer orden, y sostienen que en realidad Kirchner y CIA han usufructuado el momento político-económico que le tocó vivir en pos de majestuosos negocios propios.

Sin embargo, es incuestionable que en cuanto al rol que debe cumplir el Estado, este proceso se ha caracterizado por la recuperación de protagonismo ante los intereses privados. Las AFJP, el caso Aerolíneas, la Asignación Universal por Hijos, son ejemplos incontrastables de que la lógica imperante, en cuanto a la función pública, ha cambiado drásticamente.

Bueno, parece que el intendente de la ciudad de La Plata, Pablo Bruera, no se enteró de esto. Después del aumento generalizado de tasas aprobado hace diez días en el Concejo Deliberante, esta semana ingresó un proyecto al cuerpo deliberativo a través del cuál se intenta tercerizar (entiéndase, privatizar) el cobro de tasas relacionadas con la propaganda, la publicidad y la utilización del espacio público.

Entre las explicaciones del texto enviado por el Departamento Ejecutivo, está el hecho de que el municipio no contaría con los recursos necesarios para llevar adelante el cobro de estas nuevas tasas, ni la reducción de la morosidad que actualmente tiene la ciudadanía platense. Traducción: una empresa privada podrá realizar un trabajo mejor que el que puede hacer la administración pública.

Pese a los argumentos en contra de los trabajadores municipales, que llevaron el pasado jueves a la reunión de la comisión de Hacienda datos concretos sobre el aumento del cobro y de la recaudación que han logrado en este último año, el proyecto fue despachado rápidamente, y casi con seguridad será tratado en la sesión del próximo miércoles.

Es imposible no emparentar este proyecto de Bruera con la lógica de los ´90. A pesar de que ya se ha vuelto un tanto trillada la referencia, ni el más bruerista de los brueristas puede esquivar el bulto que significa esta propuesta. Inimaginable en estos tiempos, como lo fue también el aumento de tasas (la segunda de la actual gestión), que pese a lo esgrimido por la oposición local, no tiene demasiado que ver con el aumento de las tarifas de Luz y Gas que permitió el gobierno nacional, ya que estos se tratan de servicios públicos en manos de empresas privadas que pueden presionar con el argumento de la inversión para lograr dichos aumentos.

Pero lo que también resulta paradójico es lo que genera este tipo de situaciones en el Concejo Deliberante. Como si se tratará de un teatro de la política nacional, dónde la sátira es la principal puesta en escena, los posicionamientos se invierten sin que medie rubor. Así, los representantes del bloque Unión Pro, que mas allá de posiciones particulares y excepcionales están en la vereda opuesta a la idea de un Estado fuerte, atacan al oficialismo por querer "privatizar funciones que el Estado puede cumplir mucho más eficientemente que cualquier privado", tal las palabras de un destacado edil properonista.

Y como contrapartida, una concejal oficialista, que protege a capa y espada cada una de las propuestas que emanan del ejecutivo, y que dice pertenecer al proceso político nacional, argumenta y contraataca en pos de defender lo indefendible.

"Eso es poco peronista", atacó un concejal peronista-opositor a una edil peronista-oficialista, en plena discusión por la Reforma Fiscal Impositiva. Lo cierto es que, más allá de discusiones filosóficas sobre la significancia de pertenecer al movimiento, la política del "día a día" suele entregar nociones claras sobre las posiciones de las personas, más allá de los partidos. Y en el caso de la administración del intendente Pablo Bruera, las últimas medidas lo han dejado en una posición al menos incómoda. A pesar de los cordones pintados. (www.agencianova.com)

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