Brown relanza su programa

El plan de Brown introduciría un código de buena conducta para los diputados, al tiempo que busca reforzar las posibles sanciones en caso de infracción, incluyendo votaciones de revocatoria de mandatos por circunscripción.
Tras varias semanas en la cuerda floja, el primer ministro británico, Gordon Brown, salió ayer a recuperar la iniciativa política. El líder laborista presentó un conjunto de medidas para reformar el funcionamiento interno del Parlamento, cuya reputación se encuentra muy dañada entre los británicos tras los escándalos de los gastos abusivos de varios diputados. "Todos debemos tener la humildad de reconocer que la confianza del público se vio afectada luego de que fuera manchado el prestigio de la institución, que sólo se podrá restaurar si se realizan cambios fundamentales", aseguró ayer el premier en un discurso en la Cámara de los Comunes.

El plan, que Brown intentará que se vote antes del receso de verano a fin de julio, introduciría un código de buena conducta para los diputados, al tiempo que busca reforzar las posibles sanciones en caso de infracción, para lo cual se prevé que los ciudadanos de cada circunscripción puedan votar para revocar el mandato de sus representantes.

Para cumplir con este objetivo, el primer ministro confirmó la creación de una comisión independiente que sirva para controlar los gastos de los diputados en el futuro y revisar lo que se ha hecho en estos cuatro años. "Westminster no puede seguir funcionando según las modalidades del siglo pasado, cuando los miembros establecían y hacían aplicar las reglas entre ellos", aseguró el premier.

Asimismo, la iniciativa contiene un objetivo mucho más ambicioso, y es modificar el tradicional sistema electoral de mayoría simple que rige en Gran Bretaña la elección de los diputados al Parlamento. Mediante este método se favorece a los partidos grandes y –en la mayor parte de los casos– se perjudica a las minorías dejándolas sin ninguna clase de representación. Los conservadores, por su parte, ya anunciaron su oposición a una reforma de este tipo y por eso Brown, a sabiendas de que un cambio como ése afectaría a toda la clase política, aclaró que este tema en particular quedaría para después de las elecciones, previstas a más tardar para junio del 2010. "Llevar adelante una reforma de este tipo requiere un amplio consenso en el país", admitió el primer ministro.

Por otra parte, Brown anunció que considera rebajar a 16 años la edad para poder votar y una reforma de la Cámara alta o de los Lores que introduzca alguna clase de método de elección democrático en una cámara que aún hoy mantiene cargos hereditarios y voto calificado entre la aristocracia británica.

Brown y el Partido Laborista vienen de sufrir dos palizas electorales la semana pasada cuando el oficialismo, en el poder desde 1997, quedó tercero en sendos comicios municipales y europeos, detrás del principal partido de oposición, los conservadores, e incluso del partido de extrema derecha UKIP, lo que simbolizó para muchos la capitalización que lograron los partidos extremistas en tiempos de crisis económica.

Si bien diversos analistas locales coincidieron en que el desastre hubiese sido total de haber quedado cuartos por detrás también de los liberales, lo cierto es que ambas derrotas significaron los peores resultados electorales para los laboristas desde la Segunda Guerra Mundial, lo que animó a varios diputados del oficialismo a solicitar la renuncia del primer ministro.

El lunes pasado, la mayoría de la bancada laborista cerró filas y respaldó a su jefe en el puesto. Sin embargo, consciente de la necesidad de relanzar su gestión, Brown intenta así renovar la imagen de su gobierno y darle una nueva agenda. "El Reino Unido merece un sistema político que esté a la altura de las esperanzas y el carácter de nuestro pueblo. Debemos dejar de lado nuestras diferencias y trabajar juntos por la democracia", advirtió

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