Bronca de kirchneristas de La Plata con sus (ex?) referentes.

La imperiosa necesidad de Pablo Bruera de ‘sumar’ en un Concejo donde el oficialismo quedará seriamente debilitado a partir del 10 de diciembre próximo fruto de una magra cosecha electoral que dividió las bancas en juego casi en partes iguales, provocó que el platense ordenara un feroz volantazo a sus operadores para desandar el camino separatista.
Meticuloso, negoció con varios espacios kirchneristas a los que incluso había marginado durante el armado de las listas con tal de tildar un par de concejales más en su espacio. Entre otros, con Santiago Martorelli -quien tendría un pié afuera del Movimiento Evita- pese a que durante el proceso de discusión de las candidaturas el platense literalmente lo borró de la grilla.

El jefe de Gabinete tenía claras intenciones de abandonar ese estratégico sillón de calle 12 para mudar su despacho a la Legislatura provincial y reclamó, insistente, cosechar el aporte que el Movimiento Evita hizo para que Bruera sucediera a Julio Alak dos años antes. Justificado por cierto, Martorelli entendía que su espacio debía cobrar -en términos políticos- anotando su nombre en la grilla de candidatos a diputados por el oficialismo platense en un lugar al menos expectante.

Pero Bruera priorizó pagar otras deudas y lo marginó de la lista en la que optó por atender favores previos a la elección 2007 –con Pérez y Quintana- y post-2007, con la mujer de Carlos Castagneto, con quien se volvió a divorciar en las últimas horas.

Salomónico –a medias- tras enterrar el deseo de Martorelli de mudar 6 cuadras su despacho, logró contenerlo con la reelección de su delegada concejal, Silvana Soria que junto a Lorena Riesgo son, por estas horas de vacas flacas, oro en polvo.

En un momento se especulo con que a caballo del malhumor que brota de las venas kirchneristas con el intendente, ambas dejarían de reportar en las filas del oficialismo. Pero el acuerdo al que arribó con su Jefe de Gabinete estarían garantizándole a Bruera la obediencia de las ediles del Movimiento Evita, pese a que su referente nacional, Emilio Pérsico, despotrica como casi todo el kirchnerismo contra el jefe comunal.

Tal es el desplante de su referente y representante en el Gabinete platense, que Pérsico analiza –dicen- hasta sacarle el cartel-sello del Movimiento Evita a Martorelli, que de todas formas se aferraría a su alianza con el intendente municipal con una excusa más bien materialista, los contratos que el Municipio banca para las cooperativas que él maneja. Algunos especulan que no bajan de 400.

El otro caso en la mira de otro referente nacional, que encontró su traidor –para utilizar la dura terminología que patentó el propio Néstor Kirchner para referirse a los intendentes que él considera que jugaron desleales- en La Plata es el del otra vez Concejal Carlos Melzi.

Hombre de Carlos Castagneto, Melzi llegó al gabinete de Pablo Bruera como entenado del acuerdo al que arribaron los dos ex adversarios en las municipales del 2007, para ocupar la Secretaría de Relaciones Interjurisdiccionales y Desarrollo Municipal, cargo que abandona ahora para volver a ocupar su banca en el Concejo Deliberante platense.

No lo hace sin embargo para encolumnarse detrás de la decisión del ex arquero de romper su alianza con el intendente sino con la camiseta de un unipersonal independiente que, no obstante, se encolumnará detrás del proyecto provincial que representan Daniel Scioli y Alberto Balestrini y, casualmente, del titular del PJ platense, es decir –todavía- Pablo Bruera.

La confirmación de una suerte de paso encubierto a las filas del bruerismo de Melzi, provocó fuerte malestar también de parte del propio Castagneto, comparable –dicen- con la bronca que disparó en Pérsico decisión de Martorelli de reforzar su alianza con el FRP.

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