Brizuela si, Brizuela no

El debate interno en el radicalismo local pasó de ser clandestino a ser mediático; de los afiches navideños burlándose de las luces del Gobernador y los otros, los que señalaban la complicidad del MIRA con los K, se pasó a debatir en los diarios las características cualidades de las gestiones de Brizuela del Moral y hasta su re-re.
Durante esta semana se escucharon fuertes en los diarios las dos posiciones que dominan la discusión en el interior del radicalismo catamarqueño. Una la planteó claramente el sector que comanda el diputado Renato Gigantino, el Ateneo del Parque, que en un documento que cuestiona la gestión política del brizuelismo en el partido y en la Provincia; la otra la plantearon los "brizuelistas a rabiar" Marta Grimaux de Blanco y Bernardo Quintar, que a falta de declaraciones inteligentes insisten con la verdad número uno del manual del militante a sueldo, amar al jefe por sobre todas las cosas.

Fácilmente podría aseverarse que el debate interno en el radicalismo no mejora, porque ninguna de las dos partes parece atender los problemas más acuciantes de la sociedad o porque tampoco proponen soluciones concretas. Pero bien visto, si Brizuela si o Brizuela no en la UCR y en la Provincia, no es una discusión bizantina; es evidente que lo que ahora plantea Gigantino, como antes lo planteó Gusta Roque Jalile, es una sana oposición a un fanatismo peligroso que imagina la continuidad de un sistema político al amparo de la aceptable imagen pública de Eduardo Brizuela del Moral, sin controles ni limites, y por eso peligroso.

Acierta Gigantino al resaltar como cualidades mas notables de un brizuelismo en descomposición por tantos años de buen pasar económico que "marginaba a militantes radicales que hacen política desde los ideales y desde la vocación de servicio, (mientras) crecían como hongos los genuflexos del oficialismo, que legitimaban y legitiman los desaciertos a cambio de algunos favores del poder; mientras se cerraban los comités al debate de ideas y a la participación de los afiliados, se abrían las puertas a los extorsionadores y a los comerciantes de la política; mientras se pisoteaban las decisiones y la voluntad expresada en las urnas por los afiliados, se abrazaba a los traidores de principios y de prácticas democráticas. Este mismo modelo de conducción ha alentado también que se consoliden verdaderos feudos políticos, donde reinan el clientelismo, el nepotismo, el autoritarismo, la intolerancia, la impunidad, la falta de transparencia".

Esa critica del sector de Gigantino, que parte de alguien que conoce desde adentro al brizuelismo, es similar, aunque mas recatada, a la critica a las gestiones partidarias y estatales de Brizuela hechas por el intendente chacarero Gustavo Roque Jalile.

La otra postura, minoritaria, aunque gana elecciones recurriendo a los recursos del Estado para comprar las voluntades de los mas necesitados, la plantearon dos dirigentes, Marta Grimaux de Blanco y Bernardo Quintar, que se inmolan ante la opinión publica asegurando que la persona titular del gobierno que dilapidó millones y millones en obras que no garantizan ni los servicios más básicos para nuestra sociedad es "un hombre con enorme capacidad de trabajo e idóneo para el manejo de la cosa pública", y que por eso mismo merece seguir gobernando hasta el 2015.

Las dos conjeturas políticas, curiosamente, se instalaron fuerte en el seno mismo del radicalismo provincial, y plantea un interrogante interesante, la desembocadura política que podría tener el dilema Brizuela si o Brizuela no; a los dirigentes políticos que se encolumnan en la oposición justicialista seguramente no les debe agradar que la sociedad fije su atención en lo que sucede en el interior de la UCR, lógico, cuestiona sus "políticas", pero los debe tranquilizar que permite advertir posibles aliados electorales, que se sumen a frentes que contengan a todos los sectores críticos al brizuelismo, de dentro y fuera del radicalismo, o que al menos debiliten la potencia electoral de un oficialismo bien provisto de fondos públicos.

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