A Brítez Ojeda se le abrió un mundo

Cuando llegué, me esperaba un bolso lleno de ropa. Y en el primer entrenamiento, me alcanzaron una botellita de agua mineral y una toalla. ¡Había una para cada uno! Y pensar que en el Ascenso, tomábamos treinta tipos del mismo bidón". La reflexión, en la charla con Clarín, pertenece a Marcos Brítez Ojeda. Y su espontaneidad es auténtica. Si hasta parece un pibe que descubrió un mundo mágico, impensado hace tres meses, cuando se raspaba las rodillas en Los Andes.
Brítez Ojeda fue elegido por Ricardo Caruso Lombardi para reemplazar a Claudio Yacob, lesionado. Pero su historia encierra un pasado de sacrificio. Desde una hora y media sentado en un colectivo para recorrer el trayecto desde Ciudadela a Lomas de Zamora hasta la necesidad de abandonar la Escuela Normal 18 para poder entrenarse. Desde los 11 años sabía que su destino estaba ligado a la pelota. Por eso ahora, que está en Primera, una palabra que pronuncia con orgullo, goza el triple.

"Todo es diferente. Jugué en la Primera B, en la B Nacional... Cuando venís de abajo, todo se disfruta el doble. Yo jugué en canchas que te sacaban las ganas de jugar. Y hacerlo sin público, como pasa en el Ascenso de visitante, es muy feo. Yo hablo con Jorgito De Olivera, que viene de Chicago, o Javier Velázquez, que jugó en Defensores Unidos de Zárate, y no podemos creer adonde llegamos", cuenta el mediocampista de 23 años y 1,88 metros de altura.

¿Creés que, como hizo Caruso, los técnicos de Primera deberían mirar más a los jugadores del Ascenso?

Sin dudas. Hay muy buenos jugadores en la B. Y lo están demostrando. Sin ir más lejos, De Olivera es un gran arquero.

Sabe Brítez Ojeda que no puede relajarse. "Me voy a sacrificar más y más", repite. Y confía en este Racing que aún no convence. "Tengo fe. Contra Gimnasia, vamos por los tres puntos", dice este pibe que se construyó desde bien abajo.

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