El a-Brazenas partido.

Como político en campaña, Olé llevó a Brazenas, juez de la final, a caminar por el centro para ver la reacción de los fans. Ruegos, chicanas, y alguna ofrenda...
"Mirá, quién pasa ahí, Bassi". Gabriel Brazenas, que no es Bassi, sobre todo, porque dista bastante su tonalidad capilar del pseudozanahoria de su colega, se ríe del gag de los tres purretes que le pasan por al lado en la concurrídisima peatonal Florida y creen acertar el personaje. Son varios, también, los que le sostienen la mirada hasta que lo dejan atrás, con el gesto de "a éste lo conozco", o los que no se animan a abordarlo. Muchos, también, son los que lo frenan y le piden como si su estampa cercana al metro noventa fuera una imagen debajo del vitraux en una iglesia. Y hasta hay ofrendas tiradas al aire, non sanctas, primas hermanas de la desesperación...

Tanto meneo alrededor de Brazenas se debe a que llevará el silbato en la definición del certamen. Y su nombre pasó a ser cuestión de Estado tanto en Liniers como en Parque Patricios. Por eso, como político en campaña, Gabriel Vito se arriesgó a caminar por el centro con la supervisión de Olé para palpar "el termómetro de la gente" a horas de Vélez-Huracán. ¿El resultado? Un recorrido por Libertad-Perón-Florida que cosechó ruegos, chicanas y preguntas picantes que el juez debió sortear no sin picardía. "Es una final, pero más dramático es el descenso, porque se pierde la categoría. ¿A ver si se animan a pasear a Collado (Javier) por Tucumán antes de San Martín-Lanús?", desafió en los primeros pasos.

El árbitro trabaja en el centro (en el Instituto de la Vivienda), por lo que la caminata, junto con Ruben y Miguel, dos amigos, es normal. "Esta semana estuvo brava. Las que más me pararon, aunque no lo creas, fueron mujeres. Y todos te piden una manito, nunca justicia, ¿cómo somos, eh?", cuenta. Mientras habla, un hombre canoso otea el local de bijou, se hace el oso, má sí, lo encara. "Le deseo suerte el domingo, soy hincha de Huracán", le ofrece la mano Juan Franco, 62 años, mientras le muestra una cadenita con un dije con el globito. "Es creíble", lo elogia, mientras Brazenas se jacta de que su designación no recibió mayores reclamos. "Uno de mis hermanos es de Lanús, sin embargo, los dos partidos que lo dirigí, perdió 3-1 contra Estudiantes y 4-1 con Arsenal", da como argumento. Casi como un Aníbal Ibarra del referato, por Florida se empiezan a ver algunos conocidos que se cruzan, claro, espontáneamente. Como Omar, vendedor de una tienda de ropa interior. "Que gane el árbitro. Es el mejor, el que está más atento", lo endulza. Unos pasos más adelante, surge Hernán, hincha de River, ex de la cantera quemera que le pide datos útiles para su tarea: vende tours al match para una agencia de turismo. "¿Quién va a ganar?", interroga. "El que haga más goles", devuelve el pito. "¿A quién le vas a sacar más tarjetas?", insiste. "Al que las merezca", vuelve a salir Brazenas.

Ya cerca de Viamonte, nuestro hombre queda entre dos fuegos. Primero es Hugo, 29 años, abogado, el que le sugiere "si te queda algún penal dando vueltas...". Y ataca: "Hasta el partido contra Central con vos no habíamos ganado...". Es fan de Huracán, sin ticket, con plan riesgoso. "Voy a ir del lado de Vélez, si hay un gol, me lo como, no sé, lo grito atrás del barbijo", apela al auxilio de la prevención. Brotan dos hinchas de Vélez, uno, Jorge, con casaca y bronceado de Miami, porque de allí recién arribó, sólo para el duelo. "¿Cuánto querés?", pela la billetera imaginaria; Brazenas se divierte. "Mejor avísenle a Cubero que no le pegue a Pastore", dice Hugo. "¡Sabés cómo le va a dar!", insiste el tostado. "Yo no quiero tu trabajo", se pone en su piel el del Globo.

La caminata termina. En la esquina, una señora, de posible parentesco con Zulma Lobato, promociona vestida de Caperucita Roja un sex shop y le extiende un volante al juez. "¿Sos de Huracán?", pregunta Gabriel. "No, de River, ¿quién es el Lobo?", mira con terrorífica tentación al grupo. "No, no, si querés te traigo al Lobo Cordone", retruca Brazenas. Y que mañana nadie aúlle...

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