7 bravo

Esta vez el pibe salvador de Boca fue Pablo Mouche, cuando apenas faltaban 11 minutos para el final. Habla de su orgullo por llevar la camiseta de su ídolo, el Mellizo Guillermo.

Por: Daniel Avellaneda

Un espíritu de potrero siempre puede más que un fantasma táctico. Jamás una gambeta le tendrá miedo a una línea de cuatro, cinco o mil defensores. Pablo Mouche sabe lo que significa quebrar la cintura, hamacar su cuerpo, en definitiva, romper los esquemas. Lo aprendió en el club Ameghino de Tres de Febrero, cuando jugaba de lateral izquierdo. Lo supo en carne propia el día que debutó en Estudiantes de Caseros con edad de niño bonito y no se amedrentó ante Di Martino, ese amenazante zaguero de Talleres de Escalada que lo recibió entre insultos. Lo dejó claro ayer, 72 horas después de una jugada que tuvo su elaboración y terminó en el gol del éxito ante Rosario Central. Un enganche, un defensor aturdido, un amague y un zurdazo que le devolvió el alma a Boca un rato antes del empate de San Lorenzo. Todo gracias a este 7 bravo de Carlos Ischia, la carta ganadora del técnico en el Sur. Y pensar que este pibe con marcas de acné en su rostro es un tributo de Guillermo Barros Schelloto en su espalda. "Lo admiro tanto que le pedí la camiseta prestada. El gol se lo dedico a él. Porque tener su permiso y su apoyo es algo espectacular para mí", afirmó Mouche después de la obra consumada. La "7", esa que en Boca es sinónimo de Mellizo, surgió en escena frente a los rosarinos un puñado de minutos antes del final. Suficientes para un centro que Lucas Viatri le bajó a Nicolás Gaitán, autor del 2-1. La "7", número mágico en azul y oro, recibió una devolución de gentilezas del volante goleador y definió el partido con categoría: enganchó ante Cristian Nasuti, rival al que habrá soñado enfrentar en un viejo Superclásico, se filtró por el vértice derecho del área de Banfield y remató de zurda ante la frágil resistencia de Enrique Bologna. Y gritó el gol, con una corrida loca, revoleando la camiseta y celebrando igualito a otro extremo de Selección, el Piojo Claudio López, a puro inflador. "Es que no sabía cómo festejarlo, ja... Fue un deshogo porque el partido venía trabado y con mi gol pudimos conseguir tres puntos súper importantes", puntualizó. Mouche es otro de los representantes de la política pibe de Boca que tomó protagonismo con Ischia. Como Ricardo Noir, a quien reemplazó casi a la media hora del segundo tiempo. Como Gaitán, el artesano del pase gol. Algo tienen esos chicos. "Aportamos lo mejor de nosotros al equipo, apoyados por los hombres de experiencia, por los referentes. Hay un muy buen trabajo de inferiores. Varios la venimos luchando en Reserva. Y tenemos, por encima de todo, hambre de gloria, de seguir ganando campeonatos y copas", reflexionó el héroe del Sur, el jugador más buscado en la cacería mediática. La vida le dio revancha a Mouche. Figura en el Sudamericano Sub 20 de Paraguay, que no sólo clasificó a la Selección al Mundial de Canadá, sino también a los Juegos Olímpicos, probó suerte en Arsenal. Arrancó con el pie derecho pero terminó con el izquierdo: se rompió los ligamentos cruzados de su rodilla. Volvió a Boca, empezó la rehabilitación, pero arrancó de atrás. Irascible, de carácter impulsivo, sufrió por algún desplante. Pero hizo un click. Enterró su cara de enemigo y se sumergió en la terapia. Lo ayudó Guillermo. Así es el nombre de su psicólogo, tocayo del ídolo de este chico de 21 años que no se asusta ni ante el más feroz de sus rivales. Como cuando apenas era un simple adolescente en Caseros.

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