Brasil también planea comprar fragatas, corbetas y misiles

Lo afirman fuentes del gobierno a la prensa. Así, tendría la fuerza naval más grande de América latina. Los barcos se sumarían a los cazas, submarinos y helicópteros que le vende Francia, cuyo acuerdo fue cerrado ayer entre Lula y Sarkozy.
Brasil está decidido a invertir lo que sea necesario para una custodia eficaz de sus 8.500 kilómetros de litoral atlántico y de las riquezas petroleras distribuidas en 149.000 kilómetros cuadrados en la plataforma marina. Lo revela el plan de equipamiento de la Marina que incluye, además de los submarinos, una flota de 35 unidades de última generación, entre fragatas, corbetas y patrulleros. Las autoridades brasileñas calculan que, en menos de 10 años, el país tendrá la mayor fuerza naval de la región, superior a la de Venezuela y Colombia.

Ayer, en su residencia oficial, el presidente Lula da Silva firmó con Nicolás Sarkozy el acuerdo definitivo para la adquisición de cuatro submarinos convencionales, la estructura para el nuclear -cuya planta de propulsión será producida por Brasil- y 50 helicópteros a ser usados por la Armada. De acuerdo con el diario Estado de Sao Paulo, la próxima etapa del plan de equipamiento contempla la compra de 8 navíos diseñados con los más sofisticados sensores y recursos electrónicos. En esta venta compiten astilleros de España, de Estados Unidos, de Japón, de Alemania y Francia. De acuerdo con las autoridades brasileñas, el programa para revitalizar la Marina tiene como objetivo desestimular las "presencias hostiles, ilícitas, en nuestros mares y promover un efecto disuasivo". No por casualidad, el proyecto prevé ubicar una nueva escuadra en el estuario del Río Amazonas.

Ayer, Lula da Silva confirmó que su gobierno empezará inmediatamente las negociaciones para la compra de los 36 aviones caza bombarderos Rafale a la empresa Dassault, en una operación que asciende a casi 6.000 millones de dólares. Pero Sarkozy trajo un "regalo" a su colega brasileño que se había mantenido en secreto: la compra a la brasileña Embraer de 10 aviones de transporte militar KC-390, que todavía está en la fase de desarrollo industrial. Se comprometió además a que los fabricantes franceses "contribuyan" al desarrollo y producción de sistemas sofisticados de comunicación con destino a esa aeronave que aquí se conoce como el Hércules brasileño. A partir de ese "intercambio", ambos presidentes entienden que la sociedad estratégica establecida a fin de 2008 "se extiende ahora al dominio aeronáutico".

El comunicado conjunto revela que la opción brasileña se debe a "la amplitud de la transferencia de tecnología propuesta (por la parte francesa) y de las garantías ofrecidas". Lo que más tentó al presidente Lula fue las facilidades que ofertó Sarkozy de montar aeronaves y embarcaciones en Brasil. Además, le dio a los brasileños la exportación de ese paquete bélico hacia América Latina y parte de Africa.

Para el gobierno brasileño esta chance era clave para cerrar el negocio, sobre todo después de sufrir el veto de Estados Unidos cuando Embraer quiso vender aviones a Venezuela. El argumento de Washington fue que las máquinas poseían "componentes sensibles".

Lula justificó la nueva dimensión de su acuerdo con Francia: "Siempre debe estar presente en nuestra cabeza la idea de que el petróleo ya fue motivo de muchas guerras y conflictos que nosotros no queremos. Por eso, estamos trabajando para que en los próximos 15 a 20 años Brasil se transforme en una verdadera potencia". Y añadió que la alianza no es simplemente comercial. "Francia no quiere apenas vender aviones a Brasil. Queremos pensar juntos, crear juntos, y construir juntos. Y, en la medida de lo posible, también vender juntos".

Sarkozy, con una mirada de lince que no logra disimular detrás de la simpatía, fue indiscreto con Lula. Contó que el presidente brasileño no había cumplido con su promesa "de agasajarme con un asado". Se refería a la cena que compartieron en el Palacio Alvorada el domingo por la noche. Lula, ligeramente incómodo y ruborizado, dio su versión de lo ocurrido: "Colocaron demasiado carbón en la parrilla y el vidrio que la protege estalló, llenando de pedacitos el asado". Por suerte, su esposa Marisa había previsto otra comida en caso de que ésta fallara. "Ella había preparado una moqueca (comida típica brasileña bastante pesada). Y me alegró mucho que al presidente Sarkozy le gustara. Eso muestra que en Brasil él ya se siente como en casa".

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