Brasil pasa al club de los acreedores: prestará US$ 4.500 millones al FMI

Según anunció el gobierno, el dinero será para asistir a los países más pobres.
No sólo dejó de deber plata al Fondo Monetario Internacional (en 2004 y en simultáneo con Argentina). Más que eso, ahora Brasil pasa a la orilla opuesta: será prestamista del FMI. De acuerdo con el anuncio del ministro de Hacienda, Guido Mántega, el país pondrá a disposición del organismo internacional 4.500 millones de dólares que podrán salvar de la horca tanto a emergentes como a países muy pobres que requieren de urgente financiación para sobrevivir en este mundo en crisis.

SDLqEntramos en el club de los acreedores", se jactaba anoche el ministro. Explicó que las naciones que más recursos precisan del Fondo "son los más pobres. Para los avanzados, eso puede no significar mucho porque no precisan de flujo financiero". Y agregó en tono acusador: "El país con mayores reservas financieras es, justamente, el que provocó la debacle mundial. Pero ellos tienen la maquinita de hacer dólares", ironizó. La colocación de esa plata pretende ser un refuerzo para las necesidades de América Latina y de Africa. Pero como señaló Mántega no implicará una caída de las reservas. El Fondo le da a cambio Derechos Especiales de Giro, una cuasi moneda que se utiliza como referencia para fijar paridades y que sirve además para ser canjeada en cualquier momento por dólares en el propio FMI. Apenas 47 de los 185 miembros del Fondo están en condiciones de prestarle dinero a la institución. Es evidente que para hacerlo es preciso contar con buena cantidad de divisas en las arcas del Banco Central. En el caso de Brasil, hay acumulados 201.000 millones de dólares.

La decisión de aportar al Fondo es esencialmente política. Resulta una consecuencia de la estrategia internacional que se fijó el presidente Lula da Silva. Durante la reunión del G-20 financiero, del 2 de abril en Londres, hubo un consenso en elevar a 250.000 millones de dólares la financiación directa aportada por los gobiernos al Fondo. Estableció también que 47 de los 185 países miembros de la institución aportarían hasta 250.000 millones de dólares para sostener los Derechos Especiales de Giro (la unidad de cuenta monetaria del FMI usada para prestar a países que demanden dinero).

Y Lula, que batalló para ser escuchado, no podía negar el aporte que el propio Fondo le pidió. El presidente ya había dado una señal al respecto cuando dijo en conferencia de prensa en Londres a periodistas de su país: "¿No les parece chic que Brasil preste plata al FMI?". En el momento sonó a ironía. Pero la realidad acaba de demostrar que, si se quiere estar en la primera línea mundial, hay que poner dinero. "Nuestra participación adquiere un significado especial en el difícil período que atraviesa la economía mundial", defendió Mántega.

Desde que fue creado el FMI, Brasil es el primer prestador latinoamericano al Fondo y lo hace, según sus propias declaraciones, para que a su vez la institución transfiera ese dinero a países con problemas. Más veces todavía que en Argentina, la historia brasileña está marcada por los default. El primero fue luego de la crisis norteamericana de 1929: en 1932, la deuda externa brasileña llegaba a 237 millones de libras esterlinas y no había como hacerle frente. El ministro económico de Getulio Vargas, Oswaldo Aranha, se opuso a tomar nuevos préstamos para pagar deudas antiguas.

El mayor endeudamiento brasileño ocurrió con la dictadura militar, entre 1964 y 1985. Fue la época del "milagro económico" a la que siguió el milagro de triplicar la deuda externa: saltó de 4.000 a 12.000 millones de dólares en 1968. La crisis del petróleo en 1974 agravó los problemas y en noviembre de 1982, el ex presidente Joao Baptista Figueiredo tuvo que pedir al Fondo un préstamo de 3.000 millones de dólares. En 1987, el gobierno brasileño entró en una nueva moratoria. Con Fernando Henrique Cardoso el país acumuló una deuda de 232.000 millones y en 2001, en plena crisis de Argentina, Brasil pidió más plata al Fondo bajo condiciones leoninas. El esfuerzo de ahorro fiscal y de eliminación de gastos de Lula durante su primer gobierno le permitió saldar sus cuentas con el FMI y pasar a una situación de tener más reservas que deudas. Claro que en 2005 casi le cuesta el puesto.

No sólo dejó de deber plata al Fondo Monetario Internacional (en 2004 y en simultáneo con Argentina). Más que eso, ahora Brasil pasa a la orilla opuesta: será prestamista del FMI. De acuerdo con el anuncio del ministro de Hacienda, Guido Mántega, el país pondrá a disposición del organismo internacional 4.500 millones de dólares que podrán salvar de la horca tanto a emergentes como a países muy pobres que requieren de urgente financiación para sobrevivir en este mundo en crisis.

SDLqEntramos en el club de los acreedores", se jactaba anoche el ministro. Explicó que las naciones que más recursos precisan del Fondo "son los más pobres. Para los avanzados, eso puede no significar mucho porque no precisan de flujo financiero". Y agregó en tono acusador: "El país con mayores reservas financieras es, justamente, el que provocó la debacle mundial. Pero ellos tienen la maquinita de hacer dólares", ironizó. La colocación de esa plata pretende ser un refuerzo para las necesidades de América Latina y de Africa. Pero como señaló Mántega no implicará una caída de las reservas. El Fondo le da a cambio Derechos Especiales de Giro, una cuasi moneda que se utiliza como referencia para fijar paridades y que sirve además para ser canjeada en cualquier momento por dólares en el propio FMI. Apenas 47 de los 185 miembros del Fondo están en condiciones de prestarle dinero a la institución. Es evidente que para hacerlo es preciso contar con buena cantidad de divisas en las arcas del Banco Central. En el caso de Brasil, hay acumulados 201.000 millones de dólares.

La decisión de aportar al Fondo es esencialmente política. Resulta una consecuencia de la estrategia internacional que se fijó el presidente Lula da Silva. Durante la reunión del G-20 financiero, del 2 de abril en Londres, hubo un consenso en elevar a 250.000 millones de dólares la financiación directa aportada por los gobiernos al Fondo. Estableció también que 47 de los 185 países miembros de la institución aportarían hasta 250.000 millones de dólares para sostener los Derechos Especiales de Giro (la unidad de cuenta monetaria del FMI usada para prestar a países que demanden dinero).

Y Lula, que batalló para ser escuchado, no podía negar el aporte que el propio Fondo le pidió. El presidente ya había dado una señal al respecto cuando dijo en conferencia de prensa en Londres a periodistas de su país: "¿No les parece chic que Brasil preste plata al FMI?". En el momento sonó a ironía. Pero la realidad acaba de demostrar que, si se quiere estar en la primera línea mundial, hay que poner dinero. "Nuestra participación adquiere un significado especial en el difícil período que atraviesa la economía mundial", defendió Mántega.

Desde que fue creado el FMI, Brasil es el primer prestador latinoamericano al Fondo y lo hace, según sus propias declaraciones, para que a su vez la institución transfiera ese dinero a países con problemas. Más veces todavía que en Argentina, la historia brasileña está marcada por los default. El primero fue luego de la crisis norteamericana de 1929: en 1932, la deuda externa brasileña llegaba a 237 millones de libras esterlinas y no había como hacerle frente. El ministro económico de Getulio Vargas, Oswaldo Aranha, se opuso a tomar nuevos préstamos para pagar deudas antiguas.

El mayor endeudamiento brasileño ocurrió con la dictadura militar, entre 1964 y 1985. Fue la época del "milagro económico" a la que siguió el milagro de triplicar la deuda externa: saltó de 4.000 a 12.000 millones de dólares en 1968. La crisis del petróleo en 1974 agravó los problemas y en noviembre de 1982, el ex presidente Joao Baptista Figueiredo tuvo que pedir al Fondo un préstamo de 3.000 millones de dólares. En 1987, el gobierno brasileño entró en una nueva moratoria. Con Fernando Henrique Cardoso el país acumuló una deuda de 232.000 millones y en 2001, en plena crisis de Argentina, Brasil pidió más plata al Fondo bajo condiciones leoninas. El esfuerzo de ahorro fiscal y de eliminación de gastos de Lula durante su primer gobierno le permitió saldar sus cuentas con el FMI y pasar a una situación de tener más reservas que deudas. Claro que en 2005 casi le cuesta el puesto.

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