Brasil invita a Obama a hablar de las bases

Fue el brasileño Lula da Silva quien propuso "invitar" al norteamericano Barack Obama para que discuta en la próxima cumbre de Unasur, en principio en Buenos Aires, la política de Estados Unidos para la región. Así se lo contó a los periodistas que lo acompañaron en su viaje a Ecuador poco antes de embarcar de urgencia para su país, por el agravamiento de la salud de su vicepresidente José Alencar.
La iniciativa, aceptada por todos los jefes de Estado presentes en la reunión de Quito, empezó a madurar en Lula, en su canciller Celso Amorim y en su asesor especial Marco Aurelio García después de la reunión que estos dos últimos tuvieron en Brasilia el martes pasado con el secretario de Seguridad de la Casa Blanca, James Jones, un general retirado con influencia decisiva en los asuntos externos estadounidenses, por su rol en las decisiones estratégico-militares. Aquél día la conversación incluyó dos temas distintos pero vinculados. Primero, García y Amorim le plantearon a Jones que sería bueno para Estados Unidos rehacer una relación sin tantas crispaciones con el venezolano Hugo Chávez. Se ofrecieron, incluso, a mediar. Ya contaban con el acuerdo del presidente de Venezuela quien había recibido un día antes en Caracas al propio García. Jones respondió, según el prestigioso periodista brasileño Clovis Rossi, con una ambigüedad: "Es interesante", dijo. Pero evitó adoptar un compromiso. La segunda cuestión que trataron con el secretario de Seguridad norteamericano fue el tema de las bases militares en Colombia. Una de ellas, Apiay, está justo en la localidad amazónica Cabeza de Cachorro, próxima al punto tripartito entre Brasil, Colombia y Venezuela. Tanto García como Amorim fueron claros: "Brasil cree que es malo un aumento de la presencia militar de Estados Unidos en el Amazonas". El miedo de Brasil es la amenaza virtual de un uso de esas bases para aviones norteamericanos de largo alcance que poco tienen que ver con el combate al narcotráfico.

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