En Brasil le exigen a Lula una aclaración

La oposición quiere saber cómo Zelaya logró atrincherarse en la sede diplomática en Honduras
BRASILIA.- La actividad desplegada por el derrocado presidente hondureño, Manuel Zelaya, desde la embajada de Brasil en Tegucigalpa ha generado polémicas en la esfera política brasileña y hasta dudas sobre una supuesta "injerencia en asuntos internos".

En opinión de analistas, la inesperada irrupción de Zelaya en la sede diplomática de Brasil causó un conflicto inédito y difícil de resolver, dado que no hay una situación técnica de asilo ni de refugio y la embajada quedó en el centro de una crisis interna.

"No hay dudas de que Brasil debía darle asilo político a Zelaya si lo pedía cuando fue víctima de un acto de fuerza, pero su retorno genera un cuadro diferente, en el cual la embajada brasileña es protagonista de primera línea", declaró el ex canciller Luis Felipe Lampreia.

El gobierno brasileño asegura que fue "tomado por sorpresa" y que no colaboró con el regreso de Zelaya, quien, según muchos dirigentes políticos, sobre todo opositores, ha convertido la embajada en un "fortín" desde el cual arenga a sus seguidores, lo cual va en contra de las normas del asilo y de la diplomacia.

Los partidos políticos brasileños se manifestaron en defensa de la soberanía nacional representada por la sede diplomática, pero en algunos sectores también crecen las dudas sobre el papel cumplido por el gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva en esta crisis.

El senador José Agripino Maia, del opositor Partido Demócrata, dijo que Brasil quedó involucrado en "una confusión innecesaria" y hasta preguntó si Lula había aceptado "entrar en el juego" para "quedar bien con Hugo Chávez". Según algunas fuentes, el mandatario venezolano cedió el avión en que regresó a su país el presidente depuesto.

El Partido Popular Socialista (PPS) pidió que se aclare cómo Zelaya llegó hasta la embajada y también su permanencia en la sede, pues "como no se trata de un asilo, parece haber una participación de la diplomacia brasileña en una acción clandestina y en una clara injerencia en asuntos internos de otro país".

La defensa del gobierno la asumió, entre otros, el titular del Senado, José Sarney, quien indicó que Zelaya "encarna un símbolo de la resistencia, para que se evite la vuelta de los tiempos en que los mandatarios eran derrocados", por lo cual debe recibir todo el apoyo de Brasil.

También descalificó todas las críticas el asesor para asuntos internacionales de la presidencia, Marco Aurelio García, quien reiteró que Brasil solo "cumplió con una obligación humanitaria y diplomática". Según García, "quien sostiene que Brasil interfiere debe sentir simpatía por los golpistas" y "estar animado por un afán opositor injustificable".

Las dudas sobre el curso que tomará esta crisis han llegado a los editoriales de los diarios. "La cuestión es delicadísima, porque abarca la garantía y el respeto a la inviolabilidad de la embajada, en momentos en que alberga a un presidente depuesto que regresa para intentar recuperar el poder", indicó O Globo .

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