Brasil endureció el control a frutas argentinas de pepita

Si los agentes del Iscamen, Senasa o los cariocas encuentran focos de carpocapsa, demoran la mercadería.
Brasil volvió a colocar barreras para el ingreso de mercadería a su territorio. Hace unos meses eliminó la renovación automática en algunas licencias de importación. Y ahora el gobierno brasileño impuso controles más estrictos de sanidad a la fruta mendocina que compra.

El dato no es menor: la economía más grande de Sudamérica es el principal consumidor de las peras y manzanas que produce Mendoza. Y los productores locales ya tienen un mal recuerdo en la historia de intercambios con el socio del Mercosur.

Ocurre que Brasil es productor de manzanas y tiene áreas certificadas con ausencia de carpocapsa, un gusano propio de las frutas de pepita.

Para evitar la reinfección de sus cultivos, en julio de 2002 el gobierno brasileño cerró por completo la importación de frutas, una barrera que incluyó a las mendocinas.

Luego de negociaciones con el Ministerio de Agricultura, Pesca y Abastecimiento (MAPA) de Brasil, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) consiguió que los brasileños autorizaran el envío de pera, manzana y membrillo bajo un estricto régimen de inspección sanitaria. Además del compromiso de Argentina de disminuir los focos de carpocapsa en plantaciones locales.

La vigencia de este convenio terminó en octubre pasado. Brasil propuso entonces nuevas reglas de juego: si al tomar muestras de las partidas de fruta se encontraba un solo gusano vivo, ese lote no podría entrar a territorio brasileño. Hasta el año pasado, si los inspectores de Senasa o del MAPA hallaban carpocapsa, guardaban el lote correspondiente en cámara de frío durante 40 días. Luego, el cargamento podía ingresar a Brasil. Ahora quedaría simplemente descartado.

"Era prácticamente una barrera paraarancelaria", se quejaron los principales actores del sector.

Justo a fines de año también entró en vigencia el sistema de licencias no automáticas: Brasil exigía que sus empresas pidieran un permiso especial antes de importar. Lo mismo que había hecho Argentina meses antes. Los ánimos de intercambio entre ambos países estaban caldeados.

Entonces los organismos sanitarios de ambos países tuvieron que volver a ponerse de acuerdo sobre el manejo para prevenir el contagio de carpocapsa.

Brasil resolvió suavizar algunas de sus exigencias. Pero no todas.

Quedó en firme incrementar el muestreo en las 4 mil hectáreas de fincas con perales y manzanos que están registradas en el Sistema de Mitigación de Riesgo. Los inspectores del Instituto de Sanidad y Calidad Agropecuaria de Mendoza (Iscamen), capacitados por el Senasa, toman de esas plantaciones frutas de muestra al azar y las cortan por la mitad.

De esa forma observan la sanidad de las parcelas numeradas o, en palabras técnicas, unidades mínimas de inspección (UMI). Si alguna UMI tiene un registro de plaga en campañas anteriores recibirá un seguimiento sanitario más estricto.

Cuando pasan el primer control, empieza la cosecha. Esa fruta llega a alguno de los 40 galpones de exportadores (según el registro de la Asociación de Productores y Exportadores de Fruta en Fresco). Y las cajas conservan el número de lote de origen, de provincia y de departamento. A eso le llaman "trazabilidad": la posibilidad de saber siempre de dónde proviene la mercadería.

Allí, en el galpón de empaque también actúan los inspectores del Iscamen y el Senasa. Junto con ellos visitan los galpones tres inspectores brasileños que responden al MAPA. Es un inspector por cada oasis de la provincia, cuyos viáticos y pasajes abonan los empresarios del sector.

Los brasileños también toman cajas al azar y cortan por la mitad el 30% de la fruta, explicó Carolina Sánchez, coordinadora del sistema de mitigación del Senasa, mientras acompañaba la inspección en el galpón de Riveira Hermanos, en Maipú.

Si encuentran gusanos de carpocapsa en alguna fruta, el lote correspondiente debe permanecer en frigorífico durante 90 días.

Más adelante, cuando la mercadería llegue a la frontera con Brasil, seguirá una inspección de rutina y otra que observará la calidad de la mercadería. Luego, podrá ingresar.

Subsidios a ganaderos

En estos días, el Ministerio de Producción ultima los detalles para entregar alimento balanceado a ganaderos de Mendoza como forma de distribuir un subsidio nacional para que los criadores bovinos y caprinos afronten la sequía.

En el marco de la Ley de Emergencia Económica, que rige desde el año pasado, Mendoza obtiene fondos extraordinarios que distribuye luego entre productores en forma de dinero o insumos necesarios para cada actividad.

El Gobierno de la provincia ha recibido 3 millones de pesos, monto que destinará a la compra de alimento balanceado. "Es pellet y alfalfa para vacas, terneros y cabras", señaló Raúl Millán, subsecretario de Programación Agroalimentaria y Gestión de la Calidad.

A ese dinero se suman otros 3,2 millones de pesos, que tienen su origen en las tasas de inspección. Una contribución de las empresas que ingresan carnes y lácteos a Mendoza. Una tasa que se reparte entre la Dirección de Ganadería, para incentivar la producción de carne en la provincia, y la Dirección General de Rentas. Esta última se queda con el 40porciento aproximadamente, detalló Millán.

El Instituto de Sanidad y Calidad Agropecuaria de Mendoza (Iscamen), conocido por mitigar la mosca del Mediterráneo con la técnica del insecto estéril, es el organismo que recibe los fondos de Agricultura de la Nación a la provincia.

Aunque no tiene relación directa con Ganadería, el Iscamen es el organismo de Producción que conserva las cuentas donde el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner transfiere dinero a la economía mendocina.

Incluso su director, Leandro Montané, se encarga de autorizar las compras de lo que hace falta. "Son fondos afectados", explicó.

En las próximas semanas, el Gobierno repartirá entre ganaderos locales el alimento para animales, de acuerdo con la información que figura en el Registro de Productores.

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