Brasil, duro con EE.UU., pidió una solución urgente a la crisis

Brasil tomó el viernes una iniciativa después de días de permanecer en silencio respecto al conflicto hondureño. El canciller Celso Amorim habló por teléfono a la secretaria de Estado Hillary Clinton y "urgió" a Estados Unidos a "encontrar con rapidez" una solución que permita "la vuelta de Manuel Zelaya" a la presidencia. Según Itamaraty, hubo un pedido específico de presión sobre Roberto Micheletti, el jefe de Estado "interino", para obligarlo a renunciar.
Según reveló la columnista Denise Crispim Marin del diario Estado de Sao Paulo, para el gobierno brasileño "es preocupante el riesgo que se corre si son aceptadas las condiciones impuestas por el gobierno de facto". Es que el miércoles pasado Micheletti afirmó que sólo se iba a condición de que Zelaya no volviera a Tegucigalpa. Amorim le dijo a Hillary que ya no se podía estirar por más tiempo el retorno del presidente hondureño depuesto al poder. "Honduras tiene que cumplir con la resolución adoptada por la Organización de Estados Americanos". De lo contrario, la OEA que empezó ahora a recuperarse del prestigio perdido, quedará desautorizada.

De acuerdo con el ministro, admitir que un gobierno golpista imponga condiciones "es un estímulo al golpismo" en América Latina. En ese contexto, el presidente Lula da Silva y Amorim consideran que hay una única alternativa válida: reconducir a Zelaya al poder hasta las elecciones presidenciales de noviembre próximo. En Itamaraty llegaron a "evaluar" la posibilidad de un gobierno de coalición, pero el diagnóstico fue negativo.

Después de su último encuentro reservado con el presidente norteamericano Barack Obama, el 8 de julio en Italia, Lula da Silva dijo a la prensa que él pensaba que la solución del conflicto hondureño no sería tan rápida como se pensó en un inicio.

Pasados 9 días sin que hubiera una señal clara de EE.UU. de "presionar" para el regreso de Zelaya, Lula entendió que las dilaciones llevarían a un callejón sin salida que dejaría debilitado al propio Obama para cualquier acción futura. Especialmente porque la inacción del presidente norteamericano podría crear ciertas desconfianzas regionales.

Esto fue en síntesis lo que Amorim buscó transmitir a la secretaria Clinton, cuando subrayó que no se puede hablar con los golpistas en el mismo nivel de trato que se le da a Zelaya. Amorim fue clarísimo: no es posible aceptar que un gobierno resultante de un golpe de Estado militar se atreva a imponer condiciones por sobre un gobierno democráticamente electo.

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