Brasil, camino a ser un nuevo Chile

Brasil, camino a ser un nuevo Chile

por Jorge Fontevecchia

Sigue de: “Entre la insolencia de la ignorancia y el cinismo de la mentira”  A partir del 1º de enero puede estar comenzando en Brasil un proceso que, de tener éxito, termine transformando toda Sudamérica. Brasil siempre estuvo menos a la izquierda que Argentina pero, desde el regreso de la democracia, todos los presidentes brasileños se asumieron como socialdemócratas: Sarney y Cardoso, o de izquierda: Lula y Dilma. El Mercosur, pero más aún el compartir la geografía del Océano Atlántico, siempre hicieron políticamente más parecido a Brasil con Argentina mientras que la geografía del Océano Pacífico siempre hizo a Chile, Perú y Colombia también más parecidos entre sí. Simplificadamente, los países del Atlántico son más europeos y de izquierda, mientras que los del Pacífico, más norteamericanos y de derecha.

Chile fue el ejemplo del éxito del modelo económico neoliberal en Sudamérica, como lo fue Corea en Asia: una dictadura con libre mercado que luego evolucionó hacia la democracia pero manteniendo la ortodoxia económica. Las dictaduras militares no tuvieron en el resto de Sudamérica el éxito económico de Chile pero la del “milagro brasileño” 1964-1985, con tasas de crecimiento chinas, se destacó de las demás generando un recuerdo que hace posible su reivindicación por parte de Jair Bolsonaro. Pero a diferencia de aquella de los años 70, que era estatista, el modelo que seguirá Brasil hoy es el de Chile, donde la economía de Pinochet era ultraneoliberal (el Estado más pequeño posible) y conservadora en educación y costumbres. 

El vicepresidente de Bolsonaro, el general Augusto Heleno, dijo: “Los derechos humanos son para los humanos derechos” y que a los delincuentes que portan armas hay que abatirlos aunque no estén disparando porque “así se procede con el enemigo y estamos en guerra contra la delincuencia”. En los 70 la “guerra” era contra el comunismo, hoy es contra la delincuencia y se considera al crimen organizado una amenaza para la seguridad nacional. En la dictadura militar había superministros como Delfim Netto, la estrella económica del milagro brasileño, y Bolsonaro también apuesta por ministros empoderados, otorgándole a Paulo Guedes el control pleno de las carteras económicas, que estaban divididas entre varios ministerios. Otro ministerio clave, el de Relaciones Exteriores, quedó en manos de Ernesto Araújo, un canciller globofóbico, admirador de Donald Trump (propone una relación con EE.UU. más que carnal, cuyo “único límite sea el cielo”) y seguidor del filósofo esotérico e inspirador de la nueva derecha, Olavo de Carvalho (merece él solo una futura columna), quien denuncia al “comunismo cultural” por apoderarse de la prensa y la educación. Para concluir, el Ministerio de Educación fue para el preferido de los evangelistas, el ex profesor de la Academia de Guerra del Ejército Ricardo Vélez. A diferencia de Macri, con su gradualismo, Bolsonaro apurar las reformas aprovechando el capital político inicial.

Hace dos semanas visitó Chile el hijo de Bolsonaro, Eduardo, el diputado federal que mayor número de votos obtuvo en la historia electoral de su país, para conocer el sistema previsional de AFJP chileno, y destacó el aporte que a la economía de Pinochet hicieron los Chicago Boys, “que ustedes tuvieron la suerte de tener en los años 80, por eso Chile hoy está tan bien financieramente y gracias a los Chicago Boys Pinochet logró que Chile no se transformara en una nueva Cuba”. También es un Chicago Boy Paulo Guedes, el hombre fuerte de la economía de Bolsonaro, quien la semana pasada, en una reunión con la Federación de Industrias de Río de Janeiro, que recibe subsidios del Estado para la formación profesional, dijo: “También hay que meter cuchillo (sic) en estos subsidios para cortarlos” y “si encuentro predisposición en los interlocutores, cortaré un 30% pero si no, cortaré un 50% porque no voy a ayudar a quien no me ayuda”. A Bolsa Familia (equivalente a nuestra Asignación Familiar) se le asignan 5 mil millones de dólares por año y al total de subsidios del Estado, 13 mil millones de dólares anuales. Guedes promete privatizar todas las empresas estatales posibles (incluyendo el canal de televisión oficial, al que, si no encuentra comprador, cerrará), cortar la mayoría de los subsidios (su primera medida al asumir) y hasta vender el avión presidencial. Cuenta con la aprobación creciente de la mayoría de la población, que en un 70% cree que Bolsonaro “lleva a Brasil en la dirección correcta”.

Como Brasil es la mitad de Sudamérica, su eventual éxito generaría un efecto contagio sobre la región. El boom del neoliberalismo en Corea, irradiado sobre sus vecinos, los Tigres Asiáticos, inspiró a Deng Xiaoping para convertir China al capitalismo tras la muerte de Mao. La recuperación de Brasil haría duplicar las exportaciones de Argentina al Mercosur, como ocurrió en 2011 Si la economía de Brasil tuviese éxito y creciera por arriba de lo esperado, lo que ya varios analistas comienzan a vaticinar, habría una oportunidad para Argentina de venderle más a Brasil, nuestro principal socio comercial (si volviera a los niveles de 2011, duplicaríamos nuestras exportaciones) pero, al mismo tiempo, una amenaza: que la mayoría de las inversiones extranjeras destinadas a Sudamérica vayan para Brasil, perjudicando a Argentina. Macri desaprovechó sus tres primeros años cuando Brasil, por su crisis política, llegó a tener más riesgo país que Argentina en 2016. Hoy esa relación se invirtió y las expectativas por Bolsonaro bajaron su riesgo país a la mitad, menos de 300 puntos, mientras que la incertidumbre política ahora ataca a Argentina, cuyo riesgo país casi triplica al de Brasil. La pregunta es si un modelo económico para un país con una geografía y una población relativamente pequeñas como las de Chile, con menos del 9% de los habitantes del territorio de Brasil, es trasladable a un país continental como el que pasa a presidir Bolsonaro.

Desde la llegada de la democracia, tanto los presidentes chilenos como sus ministros de Economía tuvieron una retórica superior a la de Bolsonaro y a la del propio Guedes. La semana pasada, Bolsonaro inauguró una escuela para policías que bautizaron con el nombre de su padre: Percy Gerald Bolsonaro, cuyo mérito fue “viajar por el interior cuidando de los dientes de las personas” como dentista práctico (no diplomado). Cuesta imaginar que el tropicalismo silvestre de Bolsonaro traiga más progreso que el europeísmo de un sociólogo como Fernando Henrique Cardoso, aunque Lula, solo con colegio primario, fue un buen administrador. Asume el primer presidente brasileño de la democracia que no considera a Argentina su principal aliado, algo que no sucedía desde la época de las dictaduras militares, cuando había hasta rivalidad. Un desafío para Macri no exento de oportunidades. 

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