Brasil busca construir su propio "complejo militar-industrial"

Así llamó el ministro de Defensa, Nelson Jobim, al plan de transferencia tecnológica, fabricación de aviones en Brasil y exportación a América latina y Africa. Estados Unidos, Francia y Suecia compiten para conquistar el mercado brasileño.
Brasil está empecinado en construir su propio "complejo militar-industrial". Pero además está decidido a dar participación, como dijo el presidente Lula da Silva el lunes pasado, a "consorcios sudamericanos" capaces de entrar en los emprendimientos. Esa es una de las razones que usó el jefe de Estado brasileño para justificar sus preferencias por Francia en la adquisición de 36 aviones caza bombarderos Rafale, producidos por la Dassault.

Pero Lula tuvo esta semana que actuar velozmente frente a un conflicto latente en las relaciones diplomáticas con Estados Unidos.

Ocurre que la Boeing norteamericana fabricante de los F-18 Super Hornet es una de las tres oferentes en el negocio de esas aeronaves; el tercero es Saab de Suecia.

Ante las presiones ejercidas desde Washington, Lula decidió poner un plazo imperativo: el 21 de septiembre próximo. Para entonces, la Boeing y la sueca fabricante del Gripen deben reformular sus ofertas para cumplir con los tres objetivo que pretende el gobierno brasileño: transferencia efectiva de tecnología, fabricación de los cazas en Brasil y amplias posibilidades de exportar las aeronaves militares a "cualquier destino" de América Latina y, eventualmente, a Africa.

Como señaló el ministro de Defensa brasileño Nelson Jobim, la Boeing y la Saab deben, cuanto menos, empardar la propuesta ya realizada por la Dassault, con su máquina Rafale. Deben ser cuanto menos "compatibles con los parámetros" que fueron acordados el domingo pasado en una cena en Brasilia entre los presidentes Lula y el francés Nicolas Sarkozy.

En esa reunión, el brasileño se quejó de las cotizaciones "desmedidas" de los Rafale. El presidente francés se comprometió a "corregir" el desvío. Eso permitió que el lunes, en Brasilia, Lula confirmara públicamente que estaban "muy avanzadas" las negociaciones con Francia. Dijo incluso que los prefería a las otras opciones, ya que consolidaba la alianza estratégica con ese país europeo. El canciller Celso Amorim agregó otro dato: "Brasil va a tener la disponibilidad para vender el avión producido en toda América Latina".

Después de estas declaraciones del gobierno brasileño vino la ofensiva norteamericana. A través de un comunicado de su embajada en Brasilia, la Casa Blanca informó que la Boeing, fabricante de los aviones F-18 Super Hornet, estaba dispuesta a empardar el proyecto francés.

El jueves último Washington dio otro paso: presentó una nueva iniciativa pero lo hizo ante la Fuerza Aérea Brasileña (FAB). Lula reaccionó con virulencia: "La decisión política y estratégica de la compra es una prerrogativa exclusiva del presidente de la República" bramó. Y ordenó de inmediato al comando de la Aeronáutica a encuadrarse en esa línea. En el mundo político brasileño hubo cierta extrañeza por la táctica norteamericana. Legisladores del oficialista PT afirmaron que esa no era la mejor forma de congraciarse con el Ejecutivo brasileño.

El viernes Lula insistió: "Hay una cosa que está clara: queremos transferencia de tecnología y queremos construir esos aviones en Brasil. Y el presidente Nicolás Sarkozy fue hasta ahora el único que dijo textualmente que su país está dispuesto a ambas cosas".

El brigadier Dirceu Tondolo Noro, titular de la Comisión del Proyecto F-X2 (denominación del plan de compra de los cazas) explicó el por qué de la importancia de disponer efectivamente autonomía sobre los cazas a ser adquiridos: "Para que estos puedan efectivamente defender el país es preciso tener el acceso a su control. Esto significa que si yo quiero colocar un misil de la empresa X, pueda tener la autonomía de hacerlo", afirmó.

Para rematar, con su estilo incisivo, el asesor internacional de Lula da Silva, profesor Marco Aurelio García, apuntó que para el gobierno de Lula importar mucho "todos" los antecedentes de las empresas competidoras. "Y en el caso de EE.UU., con los Super Tucanos, los antecedentes no son buenos".El colaborador de Lula se refería específicamente a la experiencia negativa de la fábrica aeronáutica brasileña Embraer, productora de ese avión de entrenamiento, que no pudo cerrar trato con Venezuela por un veto de Washington a la venta de las aeronaves. EE.UU. argumentó entonces que esos aviones estaban equipados con elementos electrónicos estadounidense "ultra sensibles".

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