Brasil asume grandes responsabilidades en la salida de la crisis

Por: Jorge Castro

ANALISTA

Un mundo más multipolar. Lula recibió a Ahmadinejad, Shimon Peres y Abbas, cuando finaliza la hegemonía unipolar norteamericana.

Venga, señor Presidente, y encienda la luz de la paz en Oriente Medio", le dijo a Lula Shimon Peres, titular del Estado de Israel, en la semana en que el mandatario brasileño recibió en Brasilia a sus pares de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmoud Abbas, y de la República Islámica de Irán, Mahmoud Ahmadinejad. El domingo pasado, Barack Obama le envió a Lula una carta de tres páginas, en la que, tras reconocer que Brasil es un país soberano, con derecho a fijar libremente su política exterior, le pedía que abordase los siguientes temas con Ahmadinejad: defensa de los derechos humanos y cooperación de Irán con la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA).

La misiva del mandatario estadounidense también se refería a otros asuntos de la política mundial: la cuestión ambiental, la crisis en Honduras y la Ronda Doha de la OMC. Obama respaldó el diálogo de Lula con Ahmadinejad, con la expectativa de que lograra convencer al líder iraní en seguir el ejemplo brasileño respecto al uso pacífico de la energía nuclear. Es lo que hizo Lula, al reclamar a Ahmadinejad el "respeto a los acuerdos internacionales y la continuación de las negociaciones del programa nuclear iraní con el G-6 (Alemania, Francia, Gran Bretaña, Rusia, EE. UU. y China)".

Lula ratificó que la defensa de los derechos humanos es un criterio irrestricto: "Brasil fija su política exterior por su compromiso con la democracia y el respeto a las diversidades (...)

Defendemos los derechos humanos con la misma vehemencia con que repudiamos la intolerancia o el terrorismo". EE. UU., Israel, Irán y la Autoridad Nacional Palestina reconocieron la semana pasada a Brasil como actor global, con recursos y prestigio suficientes para presentarse como mediador en el conflicto de Oriente Medio.

La intervención de Brasil es inseparable de la situación mundial que surge de la crisis global y su superación. El significado de una decisión política es inescindible de su oportunidad: "La política es el arte del recto instante, de la ocasión propicia (...) Es asunto del momento", dice Hannah Arendt.

El cambio de las condiciones mundiales implica el fin de la unipolaridad hegemónica de EE. UU. y la iniciativa brasileña muestra que emerge una nueva plataforma de gobernabilidad global, donde Washington, junto con China, India y Brasil, fija las reglas de funcionamiento del sistema internacional. Dijo Shimon Peres: "No estamos hablando -refiriéndose a las condiciones del mundo poscrisis- de extender una relación preexistente, sino de iniciar una nueva política exterior para un mundo nuevo".

El "mundo nuevo" es el de una economía en expansión en el largo plazo, arrastrada por los países emergentes (China, India, Brasil). "Es el BRIC", dijo Peres en el Congreso brasileño; y este mundo, encabezado por los gigantes emergentes es -paradójicamente- cada vez más desterritorializado, porque expresa la fase actual de la globalización del capitalismo, liderada por la ciencia y la tecnología.

Por eso Israel ha optado estratégicamente "por vivir de su cerebro, convertido en un laboratorio global de alta tecnología". Ha elegido la especialización, porque frente a China, India y Brasil, que son la mitad de la población mundial, "sólo un superávit cualitativo puede responder a un déficit cuantitativo".

Nace un mundo hiperintegrado, adelantado por una revolución tecnológica que convierte en commodities a todos los aspectos de la acumulación capitalista, desde las materias primas a los equipos de alta tecnología. En este mundo, para tener poder se requiere visión: una comprensión acabada de las tendencias centrales del momento histórico, y de su novedad radical. Es lo que ha ocurrido en Brasilia esta semana.

Conviene prestar atención.

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