Brasil y la Argentina: errores políticos y consecuencias económicas

Por Orlando Ferreres

En Brasil, como en la Argentina, el sistema electoral es de representación proporcional (lista sábana), pero con una diferencia fundamental: el partido político propone la lista de diputados, senadores u otros puestos electivos y los votantes establecen el orden. ¿Cómo lo hacen? Deben marcar por la persona seleccionada, en esa lista que votan.

De esta manera, el que obtiene más votos de la lista de ese partido queda primero, luego el segundo y así sucesivamente hacia abajo. Así los impresentables o ilustres desconocidos, puestos por el "jefe" del partido para servir a sus fines, prácticamente no entran nunca y se logra una mejor selección de dirigentes. El sistema no es perfecto, como ningún sistema electoral lo es, pero logra buenos resultados comparado con el nuestro.

Brasil ha tenido también una mayor organización estratégica que la Argentina en los últimos 70 años, una mayor continuidad y una mejor apreciación de lo que podían ser las tendencias internacionales. Por ejemplo, mientras la Argentina se alineó con el eje Berlín-Roma en la segunda guerra mundial, Brasil lo hizo con los aliados, básicamente con Estados Unidos. Al finalizar la guerra, ese posicionamiento le dio a Brasil una mejor penetración internacional que le permitió ganar posiciones en el liderazgo latinoamericano, prácticamente monopolizado hasta 1940 por la Argentina.

Los funcionarios públicos son capacitados internacionalmente en Brasil, en tanto que en la Argentina, desde hace muchos años, se ha priorizado como funcionario público al amigo del político en el poder, destruyéndose así esa gran burocracia capacitada para entender los negocios públicos que habíamos tenido en el pasado. Esta tendencia se ha acentuado en años recientes.

Tenemos muchos otros factores de diferencia claves entre Brasil y la Argentina, entre los que vale mencionar (sin ser completa la lista):

1) El apoyo, con subsidios inclusive, a la producción agrícola, al igual que a la producción de carne, de leche y otras.

2) El apoyo a la empresa industrial grande, para que se vuelva empresa de "clase mundial", un orgullo para Brasil, sin dejar de ayudar a la empresa pequeña y mediana.

La Argentina no ha ayudado a la producción agrícola, ni de carnes ni lechera y solo ha proclamado digna de apoyo a la empresa Pyme, en tanto que ha hostigado a las empresas grandes aunque sean nacionales, que han tenido que vender sus plantas locales o mudar su casa matriz a otros países, entre los que se encuentra Brasil.

3) Las empresas públicas han sido privatizadas en Brasil y en la Argentina, pero en el país vecino han tenido una gestión casi de calidad privada en Brasil; no fue así en nuestro país.

Estas diferencias no producen un gran efecto en el corto plazo, pero a lo largo del tiempo van dando un resultado muy diferente, que lo podemos apreciar midiendo el saldo de todos los esfuerzos productivos, tanto de capital, como humanos y de tecnología, que se representan por la suma de los valores agregados de un país, es decir el producto interno bruto (PIB), que mide el tamaño de las producciones de cada país.

Brasil y la Argentina: errores políticos y consecuencias económicas

4) En 1900, el PIB global de la Argentina era 12% mayor que el de Brasil y antes de la crisis del 30, en 1929, la Argentina superaba a Brasil en PIB por un 43%. Errores políticos, militares, estratégicos y de política económica permitieron que Brasil nos igualara para 1951. No vimos el problema, por lo tanto no pudimos corregirlo y la brecha se siguió ampliando peligrosamente: actualmente Brasil es tres veces más grande que la Argentina (en dólares constantes; al tomar dólares corrientes la relación crece a cinco veces). Además, logró un liderazgo latinoamericano indiscutido, y es uno de los 10 países más importantes del mundo. La Argentina ocupaba ese lugar, pero en 1910, hace 100 años.

Es tiempo de reaccionar, de discutir una estrategia de largo plazo para la Argentina, de discutirla entre los partidos políticos, tomando del mundo lo mejor de cada experiencia, adaptada a nuestra realidad y después ponerla en práctica con una visión de largo plazo, como ocurrió en nuestro país desde 1880 hasta 1930. Ya no queremos llorar sobre la leche derramada, queremos recuperar el tiempo perdido.

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