Boudounomía

Por Maximiliano Montenegro.

En las cercanías de Boudou creen que Moreno tiene las horas contadas. Las visiones que coexisten en el Gobierno. La estrategia del flamante ministro de Economía para moverse en el estrecho mundo K. Los dilemas de la política económica.

"Moreno no llega al lunes". En el despacho de Amado Boudou levantan apuestas. El flamante ministro de Economía, como tantos otros ministros antes que él, confía en que esta vez sí el cuestionado secretario de Comercio será eyectado del cargo. Dicen que la decisión sería tomada este fin de semana en El Calafate. Sergio Massa, Alberto Fernández, Martín Lousteau y Miguel Peirano, entre otros, en algún momento tenían la misma impresión. El sentido común lo indicaba. Y después, siempre, lo "inexplicable": el Loco resurgía entre las cenizas.

"Moreno es mi amigo", ironiza Boudou en privado. Y cuenta que trabajó con él, sin inconvenientes, en el rescate de la ex papelera Massuh o en el préstamo de la ANSES a General Motors. Amado, como lo llama la Presidenta, sabe que el Gobierno paga un costo político incomprensible cada minuto que sostiene a Moreno. Pero en ninguna conversación con Néstor o Cristina antepuso la salida del secretario como condición para asumir el cargo. Ni siquiera lo mencionó. Aprendió rápido a no cruzarse en el camino de la insondable lógica de las decisiones que reina en Olivos.

Como se informó un mes atrás en esta columna, Boudou, junto al titular del Banco Central, Martín Redrado, defiende un proyecto de ley de autonomía del INDEC para intentar recobrar la reputación del organismo. Con Moreno en su puesto, coinciden, ni siquiera una reforma de la Constitución para jerarquizar el INDEC sería suficiente para arrimarse al objetivo.

Dos miradas. En el Gobierno coexisten dos visiones sobre la realidad. Una mirada es la del matrimonio presidencial y un minúsculo grupo de funcionarios que ven traidores en los que hasta hace poco eran aliados o colegas de gabinete. Están convencidos de que protagonizan una epopeya única en la historia argentina.

Sólo reconocen méritos al "modelo productivo". Si las mejoras sociales no fueron mayores en estos años, se excusan, es porque les pusieron freno los intereses económicos, la oligarquía agromediática o una oposición destituyente. Confían, de verdad, en las mediciones del INDEC. Y por lo tanto dicen que "el modelo" continuó en los últimos dos años mejorando la distribución del ingreso, disminuyendo los niveles de pobreza e indigencia. Moreno entonces aparece como víctima. Los medios lo crucificaron porque se enfrentó a los acreedores financieros –que se beneficiaban con índices de inflación elevados– y a las grandes empresas, a las que disciplina a diario para que no aumenten los precios desmesuradamente. La resistencia de los Kirchner a soltarle la mano al secretario de Comercio sólo se explica por un motivo: creen que hizo todo bien.

Algo resfriado, Moreno trabajó ayer como de costumbre, con menos ritmo por el feriado sanitario. "El INDEC no está intervenido, el descrédito lo generaron Clarín y los bonistas. Los medios ya ganaron, lograron frenar un proyecto de país. Hicieron el daño que tenían que hacer y les fue bien. Ahora tienen que asumir su responsabilidad", dice El Napia. Igual opina Kirchner.

La otra mirada, que cunde cada vez más entre los funcionarios ajenos a la mesa chica de Olivos, es menos épica. Destila autocrítica. Defiende todos los logros en materia económica de la gestión de Néstor Kirchner, pero admite que, debido a la inflación, desde mediados de 2007 el modelo se fue agotando. Desde entonces se detuvieron las mejoras en el poder de compra salarial, aumentó la pobreza y se agrandó la desigualdad en la distribución, situación que se agravó en el último año –con la crisis internacional– porque empezaron los despidos. Desde esta óptica, el mayor daño al gobierno de Cristina lo causaron la propia ineptitud política, la necedad, los errores y las torpezas en la gestión.

Boudou comparte esta última perspectiva, pero estima que puede tender puentes con el imaginario del matrimonio K. Cita como ejemplo de una buena negociación política la estatización de las AFJP –de la que Kirchner se corrió del escenario–, que significó para el fisco cuatro veces más ingresos corrientes que la desastrosa resolución 125.

Boudounomía. Con un máster en el ultraliberal CEMA, Boudou suele sonreír cuando le mencionan las denuncias de los intelectuales de Carta Abierta sobre la conspiración devaluacionista que acecha al "gobierno popular", el lobby del establishment para volver al FMI, o cuando dotan de un aire prerrevolucionario medidas tales como la estatización de las AFJP.

Él impulsó ese proyecto despojado de cualquier prejuicio ideológico. Hacia septiembre del año pasado, tras el estallido de la crisis internacional, mientras los comunicadores K se pavoneaban destacando las fortalezas del modelo, Boudou desplegaba un diagnóstico sombrío. Con la recaudación desinflándose, pesados vencimientos de deuda en el horizonte, sin acceso al mercado de crédito –ni a la billetera de Chávez– y con una persistente fuga de capitales encandiló a Kirchner con la tesis de que no había otra salida que recuperar para el Estado el stock de fondos y el flujo de aportes previsionales de las AFJP. Descubrió una puerta para escapar de la trampa en la que estaba preso el Gobierno: sólo así se pudo sostener una política fiscal expansiva en la recesión, evitar el default y comprar tiempo a la espera de una recuperación. "Dónde estaríamos ahora si no fuera por este señor", dijo unos meses atrás Cristina ante un grupo de funcionarios señalando al entonces titular de la ANSES.

Hoy la salida de capitales continúa. La actividad económica está planchada. La inflación se sitúa en el orden del 15%. Y hay un problema de consistencia en las cuentas públicas: la recaudación crece al 13% anual y el gasto público a 28%, con el superávit fiscal en picada. Hasta fin de año, los vencimientos de deuda ascienden casi a 5.000 millones de dólares. El Gobierno perdió la mayoría en el Congreso. Los gobernadores empezaron a tironear la caja de la Nación. Y la oposición amenaza con una agenda de rebaja o segmentación de retenciones. Además, desde la AFIP ya avisaron que la recaudación de julio y agosto vendrá flojita por el impacto de la gripe A.

Boudou tiene la esperanza de que en los próximos meses, de no enrarecerse el clima internacional, la economía gane envión y desahogue el panorama político K. Pero, aunque la suerte acompañe, considera imprescindible encontrar nuevas fuentes de financiamiento y retomar una agenda propia, antes de que la fije la oposición o la realidad misma.

Sugiere una serie de medidas que ya había puesto sobre la mesa el ex jefe de Gabinete, Sergio Massa, su amigo y mentor: convocatoria al Consejo Económico y Social, autonomía del INDEC, reapertura de las negociaciones con los holdouts, el Club de París y hasta el FMI, mesa de diálogo con el campo para disminuir retenciones de maíz y trigo, etcétera.

"Si hacemos algunas cosas, en un par de meses tal vez podamos emitir bonos en dólares a tasas razonables", se entusiasma.

En los últimos días, el ministro de Economía intentó, con delicadeza, explicar a Kirchner la importancia de no demonizar ciertos instrumentos de la política económica. Boudou considera que la paridad actual del dólar es correcta. A lo sumo, reconoce, el Banco Central debería continuar con la devaluación gradual, acompañando la inflación real. Pero mientras no se revierta la tendencia a la fuga del peso, los márgenes de la política oficial serán acotados. Cancelar deuda con reservas en medio de una corrida cambiaria podría contagiar el virus de la desconfianza al sistema bancario. También se correría ese riesgo si el Tesoro colocara un bono al Banco Central por los encajes de los depósitos en dólares de los bancos, otra de las alternativas que circuló por despachos oficiales. Cualquier financiamiento externo apuntalaría la política cambiaria. Sin una fuente de fondos frescos (sean de acreedores privados, bancos, FMI u otros organismos) la ecuación fiscal sólo cerraría con un dólar más alto.

Halcones. El titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, fue designado para entablar conversaciones con distintos sectores empresariales. Esta semana se reunió con la UIA y acalló los reclamos por más devaluación. Para las próximas semanas se encontrará con directivos de agroindustrias, bancos y hasta con la Mesa de Enlace, con agenda abierta. "La paz la firman los halcones, no las palomas", suele decir por estos días Echegaray, pingüino de la primera hora.

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