Boudou, Scioli y el interior, en la cornisa

Por Carlos Pagni

Se entiende la ansiedad de Amado Boudou por conseguir financiamiento externo: la recesión encamina a la Argentina hacia un cuello de botella fiscal que marca el ritmo de la crisis del Gobierno. La coparticipación de impuestos creció, en julio, sólo 3% respecto del mismo mes de 2008. Si se considera una inflación del 14%, los recursos que el Estado gira a las provincias cayeron un 11%. La administración pública subió los salarios, en promedio, un 15%. Los sueldos son el 75% del gasto público del interior.

Boudou tiene una sola respuesta: que el Tesoro se financie en el mercado voluntario de crédito antes de fines de año. Esta semana es crucial para ese objetivo. Pasado mañana se divulgará el primer índice de inflación desde que el Indec está bajo la responsabilidad del ministro. Y, antes de que llegue el viernes, Boudou deberá conseguir que Néstor Kirchner apruebe los resultados de sus avanzadas negociaciones con holdouts, sobre las que informó LA NACION anteayer.

Las provincias corren una extraña carrera. "El mérito ya no está en no caer, sino en no ser el primero en caer", ironiza el responsable financiero de una de ellas. Tierra del Fuego, Neuquén y Río Negro escalonaron el aguinaldo y Jujuy pagó los sueldos con adelantos del Tesoro Nacional.

Sin embargo, el virus suele infiltrarse por las provincias grandes. Daniel Scioli, por ejemplo, necesita $ 2500 millones para llegar a fin de año. Los Kirchner lo asistieron con $ 1000 millones y el Banco Provincia está por contravenir la normativa del Central por el volumen de depósitos con que financia al fisco. "Hay que mirar octubre: Daniel tiene para dos sueldos más", fulmina el diputado que más conoce las cuentas bonaerenses.

Sin receta

Scioli no acierta con una receta. Hace 15 días declaró que su vínculo con el kirchnerismo era igual al que mantuvo con los otros elencos que integró en el pasado. Una semana después fue al acto de Kirchner en Quilmes, organizado para quebrar el frente que él mismo armó. "No sé qué hacer. Si sigo amigo, tal vez tampoco me dé la plata", se desahoga con un confidente. Scioli desconfía, sobre todo desde que vio el escarmiento impuesto a Alberto Fernández, el primer arrepentido. Aunque, como gobernador, su riesgo es mayor: teme una crisis de seguridad, inducida.

Las tribulaciones de Juan Schiaretti, en Córdoba, son menos dramáticas. Sin embargo, sus funcionarios enviaron una carta a Boudou en la que le piden que apruebe la colocación de un bono a una tasa del 14%. Hacienda no admite un costo financiero superior al 12%, a pesar de que llegó a convalidar a Hugo Chávez una tasa del 15%, antes de la quiebra de Lehman Brothers. Los desvelos cordobeses se reducen a US$ 150 millones. La pequeñez de la cifra revela la magnitud de la crisis.

Los recursos políticos de Boudou para eludir la trampa fiscal son escasísimos. Así como no pudo reemplazar a Guillermo Moreno en Comercio Interior, tuvo que aceptar la permanencia de Juan Carlos Pezoa en Hacienda. Pezoa reporta a Kirchner. En consecuencia, el ministro se conforma con un par de movimientos que, supone, "recrearán la confianza y permitirán conseguir fondos en el mercado". Uno es la mejora del Indec, sobre la que no hay que hacerse ilusiones. El miércoles pasado, Boudou dijo a los banqueros de Adeba que en los últimos dos años en el organismo hubo cambios metodológicos y de estructura "muy positivos" y que "el problema con el Indec es de percepción". ¿Percepción? Tiene razón: de junio a junio, el índice de precios de los alimentos aumentó 1,1%, pero los consumidores percibieron una suba superior al 15 por ciento.

Pasado mañana se sabrá si el índice sigue desfigurando la realidad o converge con las estimaciones provinciales y privadas. Aníbal Fernández ya anticipó que "el número final va a dar lo mismo, porque nunca hubo una orden de tocarlo". También tiene razón: el pecado del Indec no está en modificar los índices, sino en preparar muestras estadísticas que arrojen los porcentajes que piden en Olivos.

Boudou puede hacer poco en el Indec. Con los holdouts, en cambio, sus pretensiones son más realistas. El acuerdo está cerrado en lo principal: entregará bonos discount sin el cupón de actualización por PBI ni un reconocimiento de los intereses devengados. Sin embargo, Kirchner no acepta hacer desembolsos por el nuevo bono en 2010 (alrededor de US$ 150 millones). Por eso Boudou negocia una postergación del pago o un aporte de dinero fresco por US$ 500 millones que le permitiría decir que el país rompió su aislamiento. Boudou confía en que la baja en la tasa de riesgo país facilite esto. Espera que los discount en dólares rindan 11% para emitir un bono. Hoy rinden 13%. ¿Lo dejará Kirchner? Son desvelos argentinos: cuando Brasil buscó en el mercado US$ 700 millones, le ofrecieron 4000 y a una tasa del 6%.

Los bancos alientan la jugada de Boudou, más allá de que sea difícil prestar a un país sin estadísticas y que se niega a la auditoría del FMI. Si Boudou fracasa -calculan los pragmáticos banqueros-, el Gobierno intentará apropiarse de sus excedentes de liquidez con un bono. Boudou camina por la cornisa. Si no aparece un nuevo financiamiento, las provincias entrarán en crisis. Ya se sabe: primero un bono de pago a proveedores, después una cuasi moneda.

Los políticos discuten hoy quién se hace cargo del ajuste. En un frente pugnan el Estado y los contribuyentes. Cristina Kirchner se lo aclaró a Miguel Pichetto cuando el senador pidió flexibilizar el tarifazo del gas: "No puedo pagar más subsidios: necesito todo ese dinero". La misma exigencia aparece en la discusión de las retenciones agropecuarias. Los dos temas volverán a tratarse en el Congreso, donde el Gobierno tiene números ajustadísimos. Además, en el caso de las tarifas, a la Presidenta le puede llegar una noticia desfavorable desde la Cámara Federal en lo Contencioso Administrativo.

La otra contradicción está planteada entre las provincias y el Tesoro. Los gobernadores se resisten a financiar a una Anses que se declara superavitaria, y también pretenden aumentar la coparticipación del impuesto al cheque -lo que supone $ 6000 millones menos para Hacienda- y las retenciones a la soja, hoy del 30 por ciento. Las señales del oficialismo ante este conflicto son ambivalentes. Boudou pide a empresarios que bendigan en público su supuesto giro al mercado. Quiere persuadir a Kirchner, quien promete a sus amigos no caer en ajustes: "Si me apuran hago la de Perón. Me voy con el 30%, dejo a Cristina como gobernadora de Santa Cruz y nadie va a poder gobernar este país sin mí". De esta fantasía lo único verificable es que la señora de Kirchner volvió a tener domicilio en la Patagonia.

El duelo entre la Nación y las provincias opera en la interna del PJ. La gobernabilidad del poder central tiene un límite en la ingobernabilidad del interior. Cualquier acuerdo político está determinado por la incógnita económica.

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