Boudou pretende un arreglo político, pero el Fondo pide más

El ministro gestiona apoyos en el Grupo de los 20 para lograr un acuerdo a medida de la Argentina.
El ministro de Economía, Amado Boudou, dijo hace pocos días que su intención es encontrar un punto de "intersección" entre los intereses de la Argentina y el Fondo Monetario. Sin embargo, ese objetivo parece estar todavía bastante lejos por lo que surge de las declaraciones que hizo ayer el nuevo director del FMI para América latina, Nicolás Eyzaguirre.

Las palabras del ex ministro chileno dejaron planteado cuál será el marco de la negociación: no podrán saltearse cuestiones formales y el país deberá someterse a una revisión de su economía como condición para empezar a hablar.

Desde el Gobierno se pretendió instalar la idea de que todo se podría solucionar con algunas dosis de alta política. Esto fue alentado por las últimas apariciones de Cristina Kirchner en las reuniones del Grupo de los 20, donde los países más poderosos del mundo se codean con espectadores privilegiados, como la Argentina.

La semana próxima, en Londres, Boudou hará un sondeo entre sus colegas más influyentes para ver a qué excepciones puede aspirar el país para volver al rebaño sin tener que pagar costos políticos desmesurados. Esa gestión será el tanteo previo al que hará la Presidenta a fin de setiembre en la reunión de Pittsburg, EE.UU.

Pero el planteo que hizo ayer Eyzaguirre no hace más que reflejar lo que piensan en Washington sobre la Argentina: para recobrar credibilidad los discursos políticos no son tan necesarios como los ejemplos prácticos.

Por eso, el funcionario dejó en claro -aunque usó un lenguaje sumamente diplomático- que será imposible eludir el desembarco de una misión técnica para hacer la revisión de la economía (una exigencia basada en el meneado Artículo IV del estatuto del FMI).

Este es un trámite que la Casa Rosada evita cumplir desde 2006 porque no quiere dar la apariencia de estar sometida a control alguno por parte del organismo.

En la misma línea, Eyzaguirre fijó límites a la pretensión argentina de hacer un acuerdo "light" basado en el hecho de que no tiene intenciones de pedirle plata al Fondo. Dio a entender que eso no existe en los reglamentos y que Argentina tendrá que discutir un acuerdo que incluya créditos, aunque después decida no usarlos. Para eso recomendó un esquema similar al que firmaron últimamente México y Colombia, que pone a disposición de los países una cantidad determinada de dólares, pero que sólo se usan en caso de una emergencia. Estos convenios con préstamos "precautorios" tienen exigencias, pero no serían tan estrictas como las que rigen para créditos con desembolsos programados, dijo.

Ese esquema -según Eyzaguirre- actuaría como un reaseguro que permita a los países mostrarse más sólidos frente a los inversores privados. Y facilitaría, en el caso argentino, el regreso al mercado internacional de capitales.

En síntesis, el mensaje que llegó desde Washington es que para conseguir un certificado de buena conducta del FMI no hay caminos alternativos al reglamento. Al fin y al cabo, es la Argentina la que vuelve a golpear la puerta del organismo, como su enviado se encargó ayer de dejar bien claro.

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