Boudou, la nueva estrella kirchnerista en rápido ascenso

Julio Blanck.

Mejor ir acostumbrándose a su rostro y a su nombre. Se llama Amado Boudou y es la estrella en ascenso en el firmamento kirchnerista. Tanto y tan rápido está subiendo, que habló junto a Cristina en el acto con que se puso en marcha la estatización de la jubilación privada, el proyecto que desató un huracán de rabia en los mercados.

Desde mayo al mando de la ANSeS, es hombre rodeado de paradojas este señor Boudou.

Tiene 45 años pero aparenta unos cuantos menos, y esa sería la más amable de ellas.

Circula por la estructura peronista, en especial en la zona atlántica bonaerense, aunque en su primera juventud le anduvo merodeando a la UceDé. Esa dualidad tampoco debería sorprender demasiado.

Después de graduarse en Economía con muy buenas notas en la Universidad de Mar del Plata, completó su formación en el CEMA, el instituto comandado por Roque Fernández, Pedro Pou y Carlos Rodríguez, los liberales ortodoxos que hicieron estragos en las cuentas públicas y dejaron un déficit fiscal fenomenal en la retirada menemista.

Ese paso por la cantera liberal no le impidió el ingreso en el corazón del kirchnerismo, que se proclama redentor de los pecados de ese credo. Si aquí hay una paradoja, no será de Boudou justamente.

Después de trabajar en emprendimientos propios y en el sector privado, Boudou entró a la ANSeS llevado por su amigo Benigno Vélez. Poco después empezó su acercamiento a la política a través de otro amigo, Juan De Jesús, que ganó la intendencia del Partido de la Costa en 2003 y lo llevó como secretario de Hacienda. Allí estuvo hasta que en 2006 volvió a la catedral jubilatoria: Sergio Massa, a quien había conocido tiempo atrás, lo puso a su lado nombrándolo secretario general de la ANSeS. Vélez, aquel amigo que lo había llevado al organismo, quedó entonces desplazado y buscó otros rumbos. Dicen que la amistad se enfrió por un largo rato.

Cuando Massa se fue a la intendencia de Tigre, en diciembre, Alberto Fernández pudo colocar una pieza propia en la ANSeS: Claudio Moroni. Parecía que venía un cambio de mando en el codiciado organismo. Con Moroni volvió Benigno Vélez: según los insidiosos que siempre abundan, su misión fue hurgar en la vida y obra de Massa durante sus años al frente del organismo. Massa ya era un competidor áspero de Fernández por el favor de los Kirchner. Vélez niega con fervor esa versión enojosa.

Boudou, prolijito y sin despeinarse, se mantuvo a distancia de tales intrigas. Lo bien que hizo: el hombre de Alberto Fernández pronto partió rumbo a la AFIP y Massa lo empujó al comando de la ANSeS. El ascenso le valió, además, la entrada al recinto reservado de los Kirchner. Era una oportunidad que no iba a desaprovechar.

Hincha de Tigre como Massa, guitarrista aficionado y docente universitario como Alberto Fernández, jugador de tenis y golf en sus ratos libres, Boudou tiene fama de tipo simpático, aficionado a la noche, muy cuidadoso de su aspecto y seductor con las mujeres, a las que aborda desde su soltería militante. Pero sería un error verlo como una especie de playboy que juega a la política.

Tiene ambición, el motor imprescindible para sobrevivir y crecer en ese negocio impiadoso. Y juega fuerte sus cartas. Hay quienes aseguran que en el proyecto de estatizar las jubilaciones, junto a Cristina trabajó él más que nadie, incluso que el propio Massa. Otros sostienen que su soltura de movimientos dentro de la cerrada y recelosa cúpula del Gobierno, tratando de igual a igual a hombres muy influyentes, habla de alguien que se siente muy seguro del respaldo que tiene.

Créase o no, hay quienes empezaron a pensar en Boudou como candidato en la Capital. En el Gobierno están convencidos que la eliminación de las AFJP les va a traer un fuerte rédito político. Y por esa razón, que aún deberá probarse si es cierta o delirante, aprovecharían la alta exposición de Boudou para probarlo ante la opinión pública.

Ya hicieron lo que hay que hacer: una encuestadora lo incluyó en su última medición porteña. El sondeo muestra que en la Capital a nadie le va tan bien como a Julio Cobos y a nadie le va tan mal como a Néstor Kirchner. Y que Boudou, siendo todavía un desconocido para más de la mitad de los encuestados, tendría hasta un 5% de intención de voto. Mucho para alguien que recién se asoma.

Subir muy rápido trae aparejados dos problemas: el ascenso tan veloz hace difícil mantener el equilibrio, y cuanto más alto se sube más alto es el lugar desde el que se puede caer. Boudou, seguramente, es un hombre precavido.

Julio Blanck.

jblanck@clarin.com

Mejor ir acostumbrándose a su rostro y a su nombre. Se llama Amado Boudou y es la estrella en ascenso en el firmamento kirchnerista. Tanto y tan rápido está subiendo, que habló junto a Cristina en el acto con que se puso en marcha la estatización de la jubilación privada, el proyecto que desató un huracán de rabia en los mercados.

Desde mayo al mando de la ANSeS, es hombre rodeado de paradojas este señor Boudou.

Tiene 45 años pero aparenta unos cuantos menos, y esa sería la más amable de ellas.

Circula por la estructura peronista, en especial en la zona atlántica bonaerense, aunque en su primera juventud le anduvo merodeando a la UceDé. Esa dualidad tampoco debería sorprender demasiado.

Después de graduarse en Economía con muy buenas notas en la Universidad de Mar del Plata, completó su formación en el CEMA, el instituto comandado por Roque Fernández, Pedro Pou y Carlos Rodríguez, los liberales ortodoxos que hicieron estragos en las cuentas públicas y dejaron un déficit fiscal fenomenal en la retirada menemista.

Ese paso por la cantera liberal no le impidió el ingreso en el corazón del kirchnerismo, que se proclama redentor de los pecados de ese credo. Si aquí hay una paradoja, no será de Boudou justamente.

Después de trabajar en emprendimientos propios y en el sector privado, Boudou entró a la ANSeS llevado por su amigo Benigno Vélez. Poco después empezó su acercamiento a la política a través de otro amigo, Juan De Jesús, que ganó la intendencia del Partido de la Costa en 2003 y lo llevó como secretario de Hacienda. Allí estuvo hasta que en 2006 volvió a la catedral jubilatoria: Sergio Massa, a quien había conocido tiempo atrás, lo puso a su lado nombrándolo secretario general de la ANSeS. Vélez, aquel amigo que lo había llevado al organismo, quedó entonces desplazado y buscó otros rumbos. Dicen que la amistad se enfrió por un largo rato.

Cuando Massa se fue a la intendencia de Tigre, en diciembre, Alberto Fernández pudo colocar una pieza propia en la ANSeS: Claudio Moroni. Parecía que venía un cambio de mando en el codiciado organismo. Con Moroni volvió Benigno Vélez: según los insidiosos que siempre abundan, su misión fue hurgar en la vida y obra de Massa durante sus años al frente del organismo. Massa ya era un competidor áspero de Fernández por el favor de los Kirchner. Vélez niega con fervor esa versión enojosa.

Boudou, prolijito y sin despeinarse, se mantuvo a distancia de tales intrigas. Lo bien que hizo: el hombre de Alberto Fernández pronto partió rumbo a la AFIP y Massa lo empujó al comando de la ANSeS. El ascenso le valió, además, la entrada al recinto reservado de los Kirchner. Era una oportunidad que no iba a desaprovechar.

Hincha de Tigre como Massa, guitarrista aficionado y docente universitario como Alberto Fernández, jugador de tenis y golf en sus ratos libres, Boudou tiene fama de tipo simpático, aficionado a la noche, muy cuidadoso de su aspecto y seductor con las mujeres, a las que aborda desde su soltería militante. Pero sería un error verlo como una especie de playboy que juega a la política.

Tiene ambición, el motor imprescindible para sobrevivir y crecer en ese negocio impiadoso. Y juega fuerte sus cartas. Hay quienes aseguran que en el proyecto de estatizar las jubilaciones, junto a Cristina trabajó él más que nadie, incluso que el propio Massa. Otros sostienen que su soltura de movimientos dentro de la cerrada y recelosa cúpula del Gobierno, tratando de igual a igual a hombres muy influyentes, habla de alguien que se siente muy seguro del respaldo que tiene.

Créase o no, hay quienes empezaron a pensar en Boudou como candidato en la Capital. En el Gobierno están convencidos que la eliminación de las AFJP les va a traer un fuerte rédito político. Y por esa razón, que aún deberá probarse si es cierta o delirante, aprovecharían la alta exposición de Boudou para probarlo ante la opinión pública.

Ya hicieron lo que hay que hacer: una encuestadora lo incluyó en su última medición porteña. El sondeo muestra que en la Capital a nadie le va tan bien como a Julio Cobos y a nadie le va tan mal como a Néstor Kirchner. Y que Boudou, siendo todavía un desconocido para más de la mitad de los encuestados, tendría hasta un 5% de intención de voto. Mucho para alguien que recién se asoma.

Subir muy rápido trae aparejados dos problemas: el ascenso tan veloz hace difícil mantener el equilibrio, y cuanto más alto se sube más alto es el lugar desde el que se puede caer. Boudou, seguramente, es un hombre precavido.

Comentá la nota