Boudou, con la necesidad de dar señales claras en el corto plazo

Por: Daniel Fernández Canedo

Con la foto de Guillermo Moreno en la reunión del gabinete productivo, el Gobierno dio el lunes la señal de que el ríspido secretario de Comercio por ahora sigue en su puesto. Otra señal fue que el ministro de Economía estuviese ausente en la cena de la presidenta Cristina Kirchner con industriales y sindicalistas, anteayer en la Casa Rosada.

Sobre ese punto puede interpretarse, entre muchas otras cosas, que para Boudou están reservados sólo los temas de recaudación y gasto, y que Julio de Vido será el encargado de conducir los temas de la economía real.

Esas son sólo algunas de las interpretaciones posibles de una reunión en la cual, más allá de que se convocará al campo y se abordará el conflictivo tema de las ART (administradoras de riesgo de trabajo y los juicios laborales) parecen haber faltado puntos de referencia.

El flamante ministro de Economía está demostrando que, por ahora, no piensa superar a su antecesor en materia de locuacidad y las señales que fue emitiendo fueron lo suficientemente borrosas como para sacar conclusiones categóricas, con la excepción de dos de ellas.

Boudou dijo que no tenía problemas para trabajar con Moreno y que no eran tiempos de negociar con el Fondo Monetario Internacional.

Además, el ministro aseguró que su tarea será la de buscar financiamiento para mantener la actividad productiva y ese es un punto central sobre el cual sí se esperan gestos concretos.

Boudou todavía no habló de lo que hará con el gasto público ni con la recaudación impositiva.

En el primer semestre del año la suba del gasto triplicó a la de la recaudación, una resultado sólo aceptable políticamente en tiempos preelectorales pero indefendible para la economía de mediano plazo.

Como economista que es, el ministro sabe que si no recompone el superávit fiscal, al no tener ingreso de plata del exterior, la devaluación que requeriría el peso sería mayor. Pero también conoce, y de memoria, que devaluar agitaría los precios de los alimentos y, por consiguiente, golpearía a los salarios.

El equilibrio es delicado y dentro del Gobierno se empezó a usar un concepto que define el desafio de Amado Boudou: darle "viabilidad macroeconómica" a la Argentina.

El tema es complejo y más cuando, después de una derrota electoral, el Gobierno abre el diálogo con sectores que le vendrán a pedir plata en el mismo momento en que debe encarar un ajuste de las cuentas públicas.

La actividad económica está lejos de los años florecientes y más allá de lo que digan la estadísticas oficiales, la crisis internacional, la precaución de los consumidores frente a la incertidumbre laboral, la retracción de las inversiones, el impacto de la Gripe A y la caída del turismo, golpearon fuerte a las ventas y a las ganancias. Y eso no se recupera con facilidad.

¿Podrá Boudou en su búsqueda de dinero colocar un bono entre los bancos que operan en la Argentina?

Probablemente sí. En el sistema financiero creen que en la segunda parte del año el Gobierno puede obtener $ 3.000 millones por esa vía.

Una de las principales apuestas del ministro a la hora de buscar dinero será por el lado de la soja.

Pero dependerá de lo que pase con el precio internacional para la próxima campaña, que en las últimas semanas empezó a ceder, quedando por debajo de los 400 dólares, un valor que no permite soñar a pesar de que la producción pueda alcanzar los 50 millones de toneladas.

La fotografía de la situación financiera argentina muestra un panorama bastante despejado hasta fin de año, pero con un horizonte que se hace más oscuro hacia mediados del año próximo en el caso que no se haga nada.

Hoy, el Gobierno tiene los pesos para comprarle los dólares al Banco Central y pagar la deuda.

Con el financiamiento interno que pueda conseguir, Boudou puede navegar sin grandes problemas hasta diciembre, pero mucho antes debe dar a conocer sus ideas sobre cómo prolongar el horizonte.

En el fondo, el gran desafio ministerial será comprobar si puede hacer regresar algunos de los dólares que se fueron en el último año y medio.

Según nuevos datos de la consultora Econométrica, en el segundo trimestre la salida de capitales privados habría llegado a 5.800 millones de dólares, con lo que en lo que va del año se habrían ido 11.500 millones

Se trata de cifras muy importantes. Sólo basta tener en cuenta que la salida de dólares entre enero y junio equivale a poco menos de la totalidad del superávit de la balanza comercial de todo 2008, que alcanzó a 13.100 millones de dólares

En otras palabras, todos los dólares que entraron por la ventanilla del comercio exterior, se fueron por otra ventanilla.

Eso implica que no se transformaron en depósitos ni en crédito ni en inversión ni en consumo, sino que están acumulados, probablemente a la espera de señales.

Para una parte de los economistas, para que esos dólares regresen se necesita que la Argentina pueda volver a conseguir crédito en forma voluntaria.

Dicen que si el Gobierno consigue lanzar una emisión de bonos afuera, se daría el paso fundamental y los tenedores de dólares pensarían en un regreso.

Esa visión parece liviana, pero un regreso forzado, imposible.

Boudou le daba ayer las puntadas finales a los cambios para definir su equipo.

Supuestamente, después vendrán las medidas que, además de darle un marco al diálogo político, deberían ser esenciales para reactivar una economía que tuvo años buenos pero que está en situación de olvidarlos.

En las últimas semanas se atenuaron notablemente las compra de dólares por parte del público y de las empresas.

Que dejen de salir divisas ya es una buena noticia pero aún resulta insuficiente para pensar en volver a crecer.

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