Boudou defendió ante la UIA la "administración" de los precios

Fue su respuesta a los planteos de los empresarios contra los controles de Moreno
Nadie nombró a Guillermo Moreno. Pero el espíritu del secretario de Comercio Interior sobrevoló casi toda la conversación que en un almuerzo tuvieron ayer el ministro de Economía, Amado Boudou, y el comité ejecutivo de la Unión Industrial Argentina (UIA) en la sede de la entidad fabril. Alberto Alvarez Saavedra, del sector farmacéutico, se adentró en la cuestión con una queja directa sobre los precios controlados. Respuesta de Boudou: no creo en el control, transmitió, pero sí en una "administración" de precios.

Toda una revelación para el economista formado en la Universidad del CEMA. Un seguimiento de los precios, aunque sea transitorio, es necesario para lograr un sistema "equilibrado", les explicó. Escuchaban Héctor Méndez, presidente de la UIA, y Luis Betnaza (Techint), Cristiano Rattazzi (Fiat) y José Ignacio de Mendiguren, entre otros. El ministro estuvo acompañado por el secretario de Política Económica, Roberto Feletti.

La reunión fue amigable. Tanto, que el comunicado que difundieron después la UIA y el Ministerio de Economía fue el mismo: se acordó punto por punto. En el almuerzo, Boudou hizo lo que hace siempre: contestó a todo con conceptos universales imposibles de discutir. Una destreza retórica muy similar a la del gobernador Daniel Scioli. Cuando Rodolfo Achille, del autopartismo, le expuso que los industriales necesitaban estadísticas transparentes porque era importante que todos utilizaran los mismos números, el ministro adelantó lo que horas después anunciaría públicamente: que había problemas de largo plazo, para los que se convocaría a las universidades, y de corto, para los que se incorporarían técnicos en el organismo.

"Buscar números creíbles"

¿Le creyeron?, le preguntó LA NACION después a uno de los empresarios presentes en la mesa. "Podría haber sido peor. Puso la cara, se puso en el papel de ministro de Economía. Al otro [por Carlos Fernández] no le conocíamos la cara", contestó. Méndez fue mucho más generoso al salir del encuentro, delante de los periodistas: "Es una bocanada de aire fresco tener un ministro con sentido común". ¿Reconoció la recesión?, le preguntó una cronista. "Por supuesto, nos cree a nosotros", insistió. La dialéctica sobre creer o no creer tiene que ver con las enormes distancias entre el nivel de actividad que mide la UIA y el que difunde el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), ocho veces más exiguo. Méndez redondeó: "Le dijimos que tendrían que buscar números creíbles". En el Banco Central proyectan, en voz baja, que el producto caerá entre 3 y 4% este año.

Roberto Arano, de la industria azucarera, preguntó cómo haría el Gobierno para mantener el superávit fiscal con recesión. Boudou respondió que la idea era atacar el problema por el lado de un mejor financiamiento, no con más presión tributaria. La Argentina, agregó, debe volver a los mercados voluntarios de crédito tanto en el sector público como en el privado. El ministro sostuvo que el financiamiento era hoy más necesario que antes por una razón de caja de cada empresa: hubo inflación de costos, hay menos rentabilidad y, por lo tanto, menos flujo de caja para invertir. Por eso insistió en la creación de un banco de desarrollo, al que no le puso plazos, y en la necesidad de tener tasas bajas. "Hay que darle institucionalidad al reparto desde la Anses", dijo, y agregó que eso no se había hecho antes por el apuro con que se estatizó el sistema previsional.

Los empresarios le presentaron un informe del Centro de Estudios de la UIA (CEU), el departamento interno que todos los meses desautoriza al Indec. Según el CEU, la Argentina tiene el salario básico de convenio más alto de América latina. Feletti y Boudou coincidieron en que el sueldo también era importante para mantener la demanda.

El tipo de cambio ocupó gran parte de la charla. Los industriales quieren convencer al Gobierno de que el nivel del dólar no deber ser un anclaje para disciplinar la inflación porque agravaría la recesión. Pero no quieren aparecer públicamente reclamando sólo una devaluación.

Lo repitieron ayer ante el ministro, que, al retirarse, eligió ante la prensa un concepto que conformó a todos: los industriales no quieren un peso devaluado, dijo, pero sí "un valor pro productivo, buscar un equilibrio para beneficiar a la producción".

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