Lo de Botnia huele muy mal

En la empresa adjudicaron el olor a un corte de energía. Esta vez, cuatro chicos sufrieron náuseas y mareos. El canciller uruguayo acusó a los asambleístas de estar a sueldo de la municipalidad.
Botnia volvió a emanar tufo a huevo podrido y esta vez lo atribuyó a un “corte inesperado de energía”. El mal olor inundó la ciudad de Fray Bentos, donde numerosas personas se comunicaron con las radios locales para quejarse, y llegó también a una escuela rural ubicada al sur de Gualeguaychú en la que cuatro chicos sufrieron náuseas y mareos. Para espesar el mal clima, el canciller uruguayo, Reinaldo Gargano, acusó a los integrantes de la asamblea de recibir un “pago mensual” de la muncipalidad para mantener cortado el puente.

“Varios uruguayos han sido afectados por la problemática que ha creado la asamblea ambiental de Gualeguaychú, que recibe un pago mensual de parte del gobierno de la ciudad para poder enviar cuatro o cinco personas a los pasos de frontera y cerrarlos”, declaró Gargano.

Las acusaciones fueron interpretadas en la ciudad como “una cortina de humo para desviar la atención”. “Lo que dijo Gargano no tiene nada que ver con la realidad”, salió a desmentir el intendente Daniel Irigoyen. “Me molesta que diga estas cosas no tanto por mí sino por los vecinos de Gualeguaychú, porque ellos están haciendo todo con convicción.” Por su parte, José Pouler, uno de los integrantes históricos de la asamblea, sostuvo que “Gargano no tiene ningún fundamento” y atribuyó la denuncia a “querer tapar el problema de las emanaciones”.

Pouler se permitió una conclusión amarga: “Todo lo que vaticinamos que iba a pasar con Botnia está pasando. Nosotros no hacemos futurología, sino que hablamos en base a la experiencia de lo que ya sucedió en otras partes del mundo con plantas más chicas que ésta”. Anoche, al cierre de esta edición, los vecinos debatían hacer un pedido formal a la Cancillería para que el funcionario rectifique o ratifique sus declaraciones.

En Fray Bentos, Julia Cócaro, una de las contadas residentes de la ciudad que se opuso a la instalación de Botnia, contó lo sucedido del otro lado del río. “Empecé a sentir mal olor a las ocho y media de la mañana, un olor fuerte; estaba con la puerta abierta del comedor y la cerré porque me di cuenta de que venía de afuera. Hubo gente que lo sintió hasta las once de la mañana, aunque yo no tanto, porque mi casa está en el centro de Fray Bentos, no tan cerca de la fábrica. No era parecido al repollo, sino una mezcla de eso con sustancias químicas, difícil de definir.” Cócaro contó que hubo quienes se quejaron de irritación en la nariz y que “ya hace días que hay gente que viene diciendo que siente esa irritación”.

La escuela que resultó afectada está ubicada en el paraje Costa del Río Uruguay, a unos 15 kilómetros al sur de Botnia y a 20 de Gualeguaychú. La directora, Silvia Arrúa, relató que sintió el olor a las 8 menos 10 de la mañana, cuando llegaba al colegio, y que en principio pensó que se trataba de un desperfecto en el equipo de GNC de su auto. Lo describió como “fuerte y picante, como a huevo podrido”. Consideró que no quería hacer del incidente “una cosa grande”, pero que la preocupaba que los chicos se hubieran descompuesto: “No sabemos en qué vamos a terminar”. El episodio fue confirmado por la supervisora departamental de escuelas de Gualeguaychú, Lidia Meillard, quien se trasladó hasta allí apenas conocida la novedad.

Voceros de la empresa argumentaron que la planta sufrió un “corte inesperado de energía” por el que “las calderas auxiliares, que procesan las emisiones de olor”, dejaron de funcionar durante unos 15 minutos. Añadieron que “en esta etapa de puesta en marcha, como hay paradas y arranques, su funcionamiento todavía depende de la red eléctrica, pero en el futuro la planta generará su propia energía con biomasa, en base a las astillas y la corteza de la madera”.

La semana pasada había ocurrido un episodio similar en una escuela de las afueras de Fray Bentos, también con chicos que se descompusieron. Antes de la puesta en marcha, a mediados de agosto, once obreros resultaron intoxicados con sulfuro de sodio y debieron ser internados con afecciones respiratorias y en la piel.

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