Botnia: el costo de un conflicto no resuelto

Botnia: el costo de un conflicto no resuelto
Por Alejandro C. Zamprile

Han pasado más de cuatro años desde que comenzó a gestarse el conflicto por la papelera finlandesa instalada en Uruguay y la represalia de una asamblea de vecinos de Gualeguaychú con un corte del puente internacional.

La situación actual nos muestra una planta, Botnia, que está produciendo todos los días y exportando su producción; un gobierno de Uruguay que sólo está sintiendo algunos efectos económicos en la zona cercana a Fray Bentos, pero que se ve largamente compensado con la riqueza que le produce Botnia (ocupa cerca del 0,6% de toda la fuerza laboral de Uruguay y produce un 1,2% de su PBI); un puente que, prácticamente, desapareció del mapa, pues como decía un asambleísta el verano pasado, "la gente ya va directamente por los otros puentes, es como que este puente dejó de existir"; un mediador delegado del rey Juan Carlos, Yáñez Barnuevo, que se retiró de la mediación cuando vio que no había voluntad de las partes por arreglar el conflicto; un gobierno de Entre Ríos y un gobierno nacional que en las últimas semanas cambiaron radicalmente su postura, y los asambleístas, que se quedaron solos.

Cuando se analiza el tema a la luz de la teoría de la resolución de conflictos y la negociación, se pueden ver varios errores en ambos lados, que llevaron a que nunca las partes contrapuestas (Botnia y el gobierno uruguayo, por un lado, y los asambleístas, patrocinados por el Centro de Derechos Humanos y Ambiente -Cedha-, cuya titular al momento de iniciado el conflicto era Romina Picolotti, el gobierno argentino y el gobierno de Entre Ríos, por otro) pudieran sentarse seriamente a analizar la forma de resolverlo, buscando la forma de crear consensos.

Apenas iniciado el conflicto era comprensible el interés de los ambientalistas de relocalizar la planta Orion de Botnia de manera que la ubicación no afectara a Gualeguaychú y su balneario turístico, pero con el pasar del tiempo, y la ineptitud de las partes involucradas para llegar a un acuerdo, ese genuino interés comenzó a transformarse en una postura irreductible: que Botnia se vaya SI o SI.

Los conflictos en general tienen una dinámica, en la que el tiempo pasa a ser un factor de poder que puede favorecer o perjudicar a las partes, y, evidentemente, los asambleístas no supieron leer cómo éste comenzó a jugar en su contra, como un factor de desgaste que los llevó a que hoy se quedaran solos. Les faltó, como dice la teoría de negociación, cambiar su "posicionamiento", "reposicionarse" desde otros intereses; más aún cuando no podían demostrar fehacientemente que Botnia contaminara.

El tiempo pasó y los poderes de ambos cambiaron: Botnia fue agrandando el suyo a medida que la construcción avanzaba y su inversión aumentaba y, contrariamente, la asamblea vio disminuir su fuerza por el desgaste; como dijo otro asambleísta: "Tenemos fondos y gente para aguantar 30 años, pero el corte está perjudicando a los nuestros, hay que desmantelarlo sin que parezca una derrota".

Desde el gobierno argentino, se trabajó sólo sobre las posturas a modo de combate y no sobre la variedad de intereses que había sobre la mesa; argumentó sobre el tema con un tono político y no con la búsqueda de soluciones racionales. No hubo actitud de diálogo.

¿De qué sirvió encender y alentar a los asambleístas en el famoso sambódromo carnavalesco de Gualeguaychú, a mediados de 2007, con posturas extremas, como "fuera Botnia, viva la Patria"? A esa misma asamblea que hoy el gobierno nacional, provincial y local combatirán con la fuerza pública, si es necesario.

A la luz de los resultados de los asambleístas, la única victoria que se pudo contabilizar fue el traslado de ENCE a Punta Pereira, cercana a la localidad de Conchillas, sobre la costa oriental del Río de la Plata. Aunque, a decir verdad, si ENCE contaminaba en Fray Bentos, según la postura de la asamblea, ¿por qué no va a contaminar en Conchillas?

Observando el movimiento de autos y gente hacia Uruguay se puede ver que la asamblea, con su postura extrema, sólo puede contabilizar derrotas en su haber. El tránsito de gente en el período estival de enero de 2005 fue 113.098 turistas; el año pasado fue de 139.915, un 24% mayor. En enero de 2005, por el puente Libertador General San Martín pasaron unos 13.000 turistas; en 2008 la cifra fue 0. Los turistas pasaron un 20% más por Colón, un 25% más por Concordia y un 50% más por vía fluvial. Esto demuestra quién fue el ganador. La postura extrema no dio resultado positivo. A pesar de los cortes, la gente siguió yendo a Uruguay.

Pero lo que es peor para la asamblea es que, a pesar de su extrema posición, Botnia sigue produciendo y los asambleístas no sólo no obtuvieron casi nada (salvo los viáticos y demás que le otorgó el gobernador de la gestión anterior) sino que dejaron de poder ganar diferentes concesiones, que se podían haber obtenido sin la postura extrema de relocalización de la planta indefectiblemente.

Durante las idas y venidas entre los gobiernos argentinos y uruguayos, hubo ofrecimientos de créditos internacionales blandos para armar una zona de excelencia ecológica alrededor de la planta, con el objetivo de disminuir el impacto visual. Además existieron ofrecimientos de créditos para indemnizar a los damnificados ribereños por la retracción del turismo. Por otra parte, se podía haber negociado con Botnia que su planta, que produce un excedente de 37MW, pueda venderle parte de él a Gualeguaychú, a un precio subsidiado, con el beneficio para toda la localidad. Asimismo, se podía haber negociado con el gobierno uruguayo y Botnia el armado de una comisión bipartita para controlar diariamente los efluentes de la planta de celulosa; se podía haber negociado que esos efluentes (que hasta ahora no se demostró que contaminen, sino lo contrario) los arroje unos kilómetros río más abajo, con la construcción de un acueducto para ese fin. También, se podía haber acordado con los organismo internacionales que no se le otorgue ningún crédito a Botnia si no cumple con los requisitos ambientales de extrema exigencia, etc. Un sinnúmero de posibles concesiones que ahora están bloqueadas totalmente.

Pero hoy la realidad es otra, la foto actual nos muestra: a argentinos luchando o confrontado entre ellos, asambleístas contra el gobierno nacional, provincial o local, asambleístas contra los comerciantes y habitantes ya hartos, en las localidades donde están los pasos fronterizos, Botnia produciendo y exportando, el gobierno uruguayo vetando la candidatura del ex presidente al Unasur, un gobierno provincial que, finalmente, se pronunció por el uso de las fuerzas de seguridad ante una inminente amenaza de corte en los pasos de Colón y Concordia. En conclusión: a cambio de nada estamos luchando entre nosotros y perdimos la posibilidad de varias concesiones de alto impacto para nuestro país y la zona afectada.

Sin haber perdido el derecho judicial de reclamo en la La Haya, no se entendió entonces que tanto en una negociación como en un proceso de gestión de conflicto, cuando no hay puntos de encuentro y resolución entre las partes, se debe ir a una política conjunta de concesiones para ambas partes, donde algo se gana y algo se pierde. Con posturas extremas, es todo pérdida para nuestra parte.

¿No será hora de que los argentinos, y, más que nadie, los que gobiernan, vean las cosas con voluntad de resolver, con una mirada más de largo plazo y una motivación trascendente?

El autor es profesor de Negociación y Resolución de Conflictos del IAE

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