Botnia, asamblea y dos aniversarios significativos

Pese al funcionamiento de la pastera, el movimiento asambleísta del sur entrerriano tuvo significativos logros. Sin embargo la decisión de sostener el corte de ruta cosecha cada vez más reproches.
Por estos días, en la costa del Uruguay estuvieron de celebraciones. No de festejos pero sí, cuando menos, de alusiones a fechas históricas. En las últimas horas en la ruta 136 hubo una congregación de personas que festejaron los dos años de corte ininterrumpido de esa misma arteria internacional. Algunos días antes, del otro lado del río común, la empresa Botnia recordó el primer aniversario su puesta en marcha; es decir del inicio de sus actividades como resistida fábrica de pasta de celulosa.

No deja de ser significativo el juego que proponen los hechos en relación con el calendario. Dos años de una lucha, y un aniversario del revés de esa lucha. Hace un año, pues, los asambleístas celebraban el primer aniversario del corte de ruta en medio de un clima entristecido por la chimenea de Botnia, que ya no era un anuncio apocalíptico, sino parte de la nauseabunda realidad.

¿Debe tomarse como una derrota la lucha de la asamblea si Botnia hace un año que está funcionando? Los que apuestan a pleno dirán que sí. Pero en verdad no han sido pocos los logros de toda la comunidad de Gualeguaychú en esta historia de resistencia frente a lo que señalan como una actividad industrial contaminante.

El primer resultado del asambleísmo gualeguaychuense es haber logrado poner la atención general en un problema regional, lo que aparece como inmensamente fructífero en un país que arrastra dos siglos de males por el brutal centralismo, con una cabeza porteña y rica, sostenida por un cuerpo raquítico. Eso es un logro histórico. Es cierto: la cercanía de Gualeguaychú con esa cabeza metropolitana favoreció la tarea de instalar el problema en los medios. Como sea, es un logro indiscutible y con resultados concretos. Acaso ¿actúa Botnia del mismo modo, sobre el río Uruguay, en que lo hubiese podido hacer si no tenía millones de ojos encima? ¿Hasta dónde Botnia se autorregularía –si es que lo hace– si no hubiese una denuncia internacional en danza?

El segundo logro es haber corrido a la firma que desembarcó primero frente a las costas de Gualeguaychú, sobre tierra uruguaya: Ence. La empresa española emigró y con ella el riesgo de multiplicar la contaminación. Es una elemental conclusión decir que no es lo mismo el impacto ambiental de dos enormes pasteras vecinas en un reducido espacio que el que pueda provocar sólo una de ellas, y la otra a varios cientos de kilómetros.

Hoy, sin embargo, el movimiento de la asamblea está lejos, muy lejos, del que exhibió en aquellos días en los que el colectivo ciudadano logró sus mejores resultados. Quedaron muy lejos las concentraciones de decenas de miles de personas gritando y agitando banderas, y el corte hoy se materializa con la presencia de una, dos o tres personas y no más. Esto es cierto y hay que decirlo.

Si la expresión actual de la Asamblea de Gualeguaychú es una muestra mínima de la que supo tener en los años anteriores, el interés –en cambio– de algún aventurero solitario que actúa en nombre de la libertad de tránsito es directamente una caricatura de participación ciudadana. Hablar de “Asamblea Ciudadana Rutas Libres” es darle más entidad de la que merece una persona que jura tener el respaldo de miles de otros capaces de quebrantar el corte de ruta; miles que nunca aparecieron. Un abogado llamado Salvador Rosetti Serra cobró una fugaz notoriedad de horas por animarse a desafiar a los asambleístas de Gualeguaychú.

Argumentaba cuestiones de derecho, daba cátedra sobre el rol del Estado y se atribuía, a la vez, el poder de policía, de fuerza de choque. Dijo que iría con perros a desalojar la ruta en nombre de los libres del sur, quizás. Lo único que logró fue reavivar la presencia por horas de los asambleístas en las rutas y de avivar la intención de no levantar el corte.

Porque por otro lado, también es cierto que en la misma Gualeguaychú que entregó a casi todos sus hijos a esa lucha, hoy se escuchan voces que ponen en juicio la prolongación del corte. Naturalmente, dentro de lo que queda de la Asamblea la posición mayoritaria es la de respaldar el corte, acaso por ser esa posición la garantía de permanencia en ese colectivo. Es que se escucha con insistencia, pero en voz baja, la crítica de viejos cuadros de la Asamblea que ¿prefirieron? dar un paso al costado a plantear su disidencia a un método de protesta que, afirman, no lleva a ningún resultado más que al perjuicio de terceros inocentes. Inocentes de un lado y otro, mientras Botnia festeja con su chimenea humeante, cual gigante vela de torta, su cumpleaños.

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