Al borde de la roja

Al borde de la roja
A tres meses del final de su contrato, el Ogro ni marcó diferencia en Reserva. Se pareció al de Primera y casi lo rajan por protestón. Igual, se fue feliz por el 1-0.
¿Quién dijo que la Fabbianimanía había pasado de moda? Porque todo esto lo genera el Ogro, eh, su sola presencia lo puede. Acá, en Ezeiza, el sol pega sin lastimar, es mediodía pero nadie prometió un picnic primaveral. En este River marchito no están para flores, claro. No hay caretas de Shrek, tampoco se la ve correteando a la simpática Fiona -¿qué será de su vida?-, sin embargo, el tipo sigue funcionando como un imán. Las cámaras siempre estuvieron cerca suyo, pocas veces en un partido de Reserva que se disputa un miércoles. Los consagrados de la Primera suelen practicar en el predio, casi nunca se concentran en pandilla para seguir a los que vienen de atrás. "Se podrían haber ido a dormir la siesta y prefirieron quedarse. Eso habla de la clase de grupo que somos", se emociona Fabbiani, todo un tierno.

Igual, no falta en esta tribuna, que no silba ni insulta, una voz sarcástica que pregunta "si éste es el partido despedida del Ogro". La broma desnuda su rinconcito de realidad. Para Cristian, la cuenta regresiva es cada vez más cruda, menos permisiva, así y todo, anda por la vida con el optimismo que lo caracteriza. Confía en que su fecha de vencimiento en River no dice 'diciembre' con indeleble. Cree que en tres meses podrá hacer lo que no hizo en ocho. Está dispuesto a todo. A ajustarse los anillos y bajar a la Tercera para agarrar ritmo. A morderse la lengua. Pero se mueve en el equipo de Zapata como en el de Gorosito. Con la misma incomodidad que le genera ser referencia de área, sin elasticidad, sin electricidad, cero gol, una media vuelta, media chance de peligro real, chocando más que jugando, protestón con la terna arbitral.

Y es por esto último que también está al borde de la roja. Traba fuerte, le cobran foul y se calienta: "¡¿Qué querés, que me rompa los huevos?!". La respuesta es una amarilla. Van apenas 17' del primer tiempo, Fabbiani sigue enroscado, pasa un rato y se la agarra con el línea ("¡¿Qué cobrás?!") que levanta el banderín en un fino offside. El Chapa, a quien no le dicen así porque se les vuelan, le recomienda calma. Y razón no le falta. Si al Tanque lo expulsan se perderá el partido con San Lorenzo y no por exclusiva decisión de Pipo. Y él lo entiende y baja la térmica, avisaría que, igual, "lo de la roja era manejable". Se dedica a jugar, entonces, o a mirar cómo la bola le pasa a centímetros, nomás, y Funes Mori grita el 1-0 ante Gimnasia. El Ogro aplaude. Es el triunfo más resonante de River en el semestre, al último subcampeón de la categoría y hasta ayer invicto en el torneo. Y a Cristian se lo ve como hacía mucho no se lo veía, saliendo victorioso de una cancha luego de tres meses y medio (3-1 a Tigre, con gol incluido). Es la segunda vez en el año que completa los 90'. Está conforme. Sonriente. Medido. "Le pedí permiso a Pipo y él me dejó jugar en Reserva", explica. ¿El domingo también se lo dará entre los más grandes?

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