Al Borda

Al Borda
SAN LORENZO 1 - TIGRE 0: Locura en Boedo. San Lorenzo no paró de buscar el gol que le diera la clasificación y, cuando ya bajaba los brazos, entró Bordagaray y desató una fiesta que aún dura.
Entre tantos favores que Tinelli le hace a San Lorenzo, bien podría conseguirle unos vouchers para algún spa amigo. Unos masajes descontracturantes y unos baños de relax (mucho relax) para recuperarse de la tensión que le provocó la turbulencia en la que el equipo quedó atrapado y de la que salió airoso con lo justo. Al borde. O al Bordagaray, que para el caso vendría a ser lo mismo. En una clasificación play-off, en la que se pasa o se queda en el camino, San Lorenzo pasó con un golazo del delantero, cambio que asumió Simeone cuando lo mandó a la cancha en lugar del Papu Gómez. Esta vez San Lorenzo tuvo un rumbo, supo qué tenía que hacer para dar vuelta el 1-2 en el partido de ida. Y eso era atacar de entrada, llevarse puesto a su rival, desbordarlo, acorralarlo. Y lo hizo. Si el sábado contra Vélez había parecido un equipo simulador, con sensación de ofensivo pero en realidad inofensivo; esta vez, no. Su norte estaba bien definido, y por eso mereció disfrutar más que sufrir, mereció ganarlo antes, mucho antes, desde los cuatro minutos del partido, cuando Bernardo Romeo desperdició la primera de las tres ocasiones de gol que iba a tener en el partido. O cuando Ardente le sacó un cabezazo caliente a Aguirre, o le ahogó el festejo dos veces en la misma jugada a Romagnoli, o le anticipó justo el intento de definición al Kily.

La falta de contundencia podría ser la principal falencia que muestra este San Lorenzo cuya generación de fútbol depende, básicamente, de la inspiración de Romagnoli. Sin embargo, anoche al Pipi le costó levantar la bandera del juego y la profundidad, que el equipo encontró por las bandas, en el primer tiempo especialmente por el lado de Aureliano Torres y en el complemento por Pintos. Ancho para ser profundo, ni más ni menos. Y más ancho cuando Simeone puso a Menseguez (después se hizo echar tontamente) y corrió al Papu de su improductiva posición de wing derecho al centro, con el afán de darle un socio a Romagnoli, situación que -se nota- necesita más horas de vuelo para tener eficacia.

Cuando al tarro le quedaba poco por rascar y Tigre creía que con lo hecho en el partido de ida más la suerte y el agrupamiento defensivo en la revancha le alcanzaría para seguir siendo internacional; cuando San Lorenzo estaba al borde de la caída ante su gente que no se conformaba sólo con merecerlo, apareció Bordagaray y se aflojaron todas las corbatas de los que fueron del laburo derecho al Nuevo Gasómetro. Y las piernas de todos. La tensión casi los hace explotar. Al fin, esta vez, de alegría.

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