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RIVER 2 - GIMNASIA LP 2: River pasó de un baile conceptual de Gimnasia a poder golear luego del 2-0. Desperdició jugadas clarísimas, le empataron, casi lo pierde y también pudo ganarlo en el descuento, pero Bou falló su tercera chance ahí del arco.
Si River no goleó ayer, cuándo lo va a hacer.

Si River ni siquiera ganó, cuándo lo va a hacer.

Si River no perdió, tal vez lo vuelva a hacer pronto.

Cada partido de River es una caja de Pandora y éste no fue la excepción. Hasta se amplificó a límites extremos. Pasó del baile conceptual de Gimnasia en el primer tiempo a quedar en las puertas de una goleada inesperada en tiempos de vacas famélicas. Lo empezó a ganar cuando no pasaba la mitad de cancha y le empataron después de despilfarrar chances de gol que no había generado con tanta precisión, inteligencia y movimiento colectivo en toda la era Gorosito.

Esa imagen final de Gustavo Bou primero arrodillado y después con la cabeza tapada por su camiseta, solo en el área, es testimonial. Entró como entran y salen jugadores con Pipo (varios sin sacarse y ponerse solos), y cerró un gélido domingo de primavera marchito por todo lo que despilfarró. Tuvo el 3-0, pero la tiró afuera. Dispuso dos veces del 3-2 y lo mismo, más que nada en ese cabezazo en el descuento con Sessa desparramado afuera del arco.

Bou quedó como principal responsable del despilfarro, aunque Buonanotte fue la síntesis de River. Desarticulado y porfiado en querer desmentir que la materia es impenetrable en los primeros 45 minutos. Desequilibrante (en varias), genial (en el gol) e individualista (en la que picó en lugar de darle el 3-0 a Villalva) en los últimos 45. Con personalidad siempre, y más todavía desde que salió lesionado Ortega.

Si Buonanotte fue la síntesis de River, Almeyda es el último eslabón de una jerarquía que no tiene fecha de vencimiento. Trabó hasta con las rodillas como debería trabar un principiante cuando Gimnasia se lucía en el Monumental. Sostuvo cada contra con órdenes, quites y presencia cuando el cuarto parecía llegar antes que el tercero. Emociona Almeyda porque deja la piel, y al mismo tiempo desnuda las ilimitadas carencias de River... Un senior lo tiene que orientar. Y un niño puede oxigenarlo. Daniel Villalva es un aguijón: guapo para bancarse y superar a un ropero como Agüero, optmista para llegar al gol y rápido para el toque y la búsqueda de la devolución. Fue un error (uno más) de Gorosito haberlo sacado porque le quitó al equipo electricidad en ataque y le dio a los defensores rivales referencia de marca con Fabbiani.

Gimnasia, en tanto, todavía parece con algo de resaca por la heroica salvación ante Atlético Rafaela. Mantiene una idea de juego firme, pero le falta cristalizarla en las áreas. Recibió un gol sin ser atacado, no aprovechó tanto dominio, cometió errores tontos en defensa, volvió al partido por los cambios de Madelón y un error del arquero rival, llegó al empate por un jugadón de Cuevas (en media hora fue más que Vizcarra en cinco fechas), casi lo ganó por ese león que es Rinaudo y estuvo a nada de terminar nocaut por esa especie de resaca conformista.

Lo de River no es resaca. Hace tanto que no tiene motivos para festejar que ayer se asustó por la posibilidad de golear.

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