Los bonus de los bancos condujeron al desastre

Por Nassim Nicholas Taleb

Uno de los argumentos que se oyen en el debate sobre las remuneraciones es que la función del sistema de gratificaciones utilizado por Wall Street –tal como lo expresó John Thain, ex CEO de Merrill Lynch– es “recompensar el talento”. Si bien creo que esta noción de “talento” es debatible, estoy totalmente de acuerdo con que los incentivos se encuentran en el corazón del capitalismo y los mercados libres, pero definitivamente no ese esquema de incentivos.

En realidad, el esquema de gratificaciones que más se utiliza hace exactamente lo contrario de lo que debería lograr un sistema de incentivos: fomenta una cierta clase de estallido diferido y que oculta riesgos. Esta es la razón por la cual los bancos nunca han ganado dinero en la historia del sector bancario, y pierden periódicamente el equivalente a todas sus anteriores ganancias mientras los banqueros se hacen ricos. Además, este esquema de incentivos es el que nos condujo al actual desastre.

Tomemos a dos empleados de alto rango del sector bancario. El primero es conservador. Produce retornos saludables de un dólar anual, sin riesgo de estallido. El segundo, no aparenta ser menos conservador, pero gana u$s 2 porque realiza transacciones complicadas que generan un ingreso constante, pero que tarde o temprano estallan, y se pierde todo lo ganado y más también. Entonces, mientras que es probable que el primero de estos empleados termine perdiendo su puesto y agotado al segundo le va a ir mucho mejor. ¿Por qué? Porque la actividad bancaria no se trata de riesgos verdaderos sino de la percepción en cuanto a la volatilidad de los rendimientos: usted obtiene una serie de gratificaciones regulares durante siete u ocho años pero luego, cuando se producen las pérdidas, no se le pide que devuelva nada. Es probable que hasta comience otra vez, después de echarle la culpa a la “crisis sistémica” o a un “cisne negro” (ver aparte) por sus pérdidas. Como usted no devuelve sus remuneraciones anteriores, el incentivo es dedicarse a operaciones que raramente explotan tras un período de ganancias constantes.

Aquí usted puede observar que el descalce entre la frecuencia del pago de las gratificaciones (en general 1 año) y el tiempo que tarda en producirse el estallido (cerca de 5 a 20 años) es la causa de la acumulación de posiciones que ocultan riesgo apostando masivamente en contra de las pequeñas probabilidades. Como dicen los operadores, ellos tienen la “libre opción” sobre su desempeño: eligen generar ganancias sin asumir pérdidas. Sostengo que esta asimetría atroz es el motor que impulsa la banca de inversión.

Si el capitalismo se trata de incentivos, deberían ser incentivos verdaderos, aquellos que son resistentes a los estallidos. Y debería haber desincentivos para eliminar la asimetría de la libre opción. Los emprendedores son recompensados por lo que ganan, y también son sancionados por sus pérdidas. Ahora, en comparación, tenga en cuenta que Robert Rubin, ex secretario del Tesoro de Estados Unidos, recibió cerca de u$s 115 millones (90 millones de euros, 80 millones de libras esterlinas) de parte de Citigroup por asumir riesgos por los cuales ahora estamos pagando nosotros. Hasta el momento, no se ha hecho ningún intento por quitarle ese dinero. Solamente UBS, el banco suizo, ha logrado recuperar de sus ex ejecutivos parte de las gratificaciones que habían recibido.

Para los hedge funds y las compañías medianas, es probable que el problema relacionado con el incentivo sea sólo una simple cuestión de gobierno entre entidades privadas libres para elegir las condiciones del contrato. Sin embargo, cuando se trata de los bancos y otras entidades “demasiado grandes para quebrar”, el problema es serio: nosotros los contribuyentes en nuestros respectivos países estamos financiando a estos monstruos globales y estamos soltando dinero por los errores cometidos por los ejecutivos de bancos que retienen sus gratificaciones y nos están tomando como rehenes porque, como hemos descubierto (un poco tarde), la banca es un servicio público y necesitamos que ellos solucionen sus grandes problemas. Nosotros, en realidad, somos el vendedor de esa libre opción. Deberíamos exigir que nos la devuelvan.

El gobierno de Obama ha estado tratando de fijar topes a las gratificaciones para los bancos complicados que están incluidos en el programa de alivio de activos con problemas (Tarp, por sus siglas en inglés). Pero esto no resulta suficiente. Necesitamos eliminar la libre opción. Hay que tener cuidado con las siguientes situaciones.

Primero, aquellos que están asumiendo riesgos incluso fuera del Tarp o de la protección de la sociedad hasta pueden jugar con el sistema, porque su toma de riesgos puede resultar en la quiebra, y los contribuyentes se ven obligados a intervenir. Por ejemplo, Goldman Sachs, el tificaciones para sus gerentes. Esto estaría bien siempre y cuando la sociedad no tenga que rescatar a Goldman Sachs (o, peor, a sus acreedores) en el futuro.

Segundo, Vikram Pandit, CEO de Citigroup, mientras que alegaba que estaba dispuesto a recibir un solo dólar por año en gratificaciones si el banco no recuperaba su rentabilidad, todavía ejerce la libre opción que le da la sociedad. El ejecutivo no comparte las nuevas pérdidas, nosotros sí.

Tercero, las compañías dedicadas a hacer compras apalancadas de empresas utilizaron la libre opción endeudándose fuertemente con los bancos y asumiendo monstruosos riesgos: ellos obtienen la ventaja, los bancos (por lo tanto nosotros, los contribuyentes) nos quedamos con las desventajas. Estas firmas hicieron fortunas en el pasado con operaciones que la sociedad tendrá que rescatar. Ellos también deberían responder con sus ganancias anteriores.

En realidad, el sistema de incentivos aplicado por las compañías financieras produjo el peor sistema económico posible que puede imaginar la humanidad: capitalismo para las ganancias y socialismo para las pérdidas.

Por último, durante 21 años estuve involucrado en operaciones bursátiles y puedo atestiguar que los operadores concientemente participan del juego de la libre opción. Por otro lado, trabajé (en mi otro empleo como asesor de riesgos) con varias organizaciones militares y personas que velan por nuestra seguridad. Nosotros le confiamos nuestras vidas a los militares y al personal de seguridad nacional, y sin embargo ellos no reciben gratificaciones. Obtienen ascensos, el honor de un trabajo bien hecho y el desincentivo de la deshonra si fracasan. Los soldados romanos firmaban un sacramentum en el que aceptaban el castigo en caso de fracaso. Esto me lleva a pedir la nacionalización de la parte de servicio público que tiene la banca como la única solución en donde no se permite a los individuos decidir libremente cómo cuidar de los riesgos de la sociedad.

Ningún incentivo sin desincentivo. Y nunca confíe su dinero a nadie que pueda ganar un bonus.

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