En el PJ bonaerense quieren evitar la “caza de brujas”

Agosto es el mes que piensa traer novedades del Partido Justicialista de la Provincia. Cerca del día 15, aseguran las autoridades consultadas, el Consejo estaría convocando a una reunión. La primera tras los fallidos comicios del 28 de junio.
La lógica es dejar que pase un poco de agua bajo el puente, que se atemperen los ánimos, para que el encuentro esté más cerca de una discusión estratégica que de enredados pases de facturas.

“No hemos tenido reuniones todavía, y según lo que hemos estado conversando, la convocatoria sería después del receso”, afirma el intendente de General Viamonte, y secretario de Desarrollo regional del PJ, Juan Carlos Bartoletti, quien aclara que estos encuentros servirán para analizar los resultados electorales, no para alentar cambios en la conducción partidaria.

Lo que es seguro es que no serán las autoridades de la cúpula, con la presidencia de Alberto Balestrini, y sus inmediatos, Hugo Moyano, José María Díaz Bancalari, José Pampuro, Alberto Pérez y Hugo Curto, los encargados del proceso.

“No va a ser la mesa de conducción del PJ la que decida los nuevos movimientos”, asegura un dirigente de la Primera sección, que obtuvo un prolijo resultado a nivel local.

“Este tipo de discusiones las inician los dirigentes seccionales, y luego se traslada a la mesa de conducción”, agrega.

El desempeño del vicegobernador, en su carácter de jefe del Partido y directo delegado de las decisiones de Néstor Kirchner, no es un punto que en este momento esté en discusión. El ex intendente de La Matanza no es responsibilizado por la derrota.

“Los dirigentes no lo cuestionan, no hay enojos con él; en alguna medida se justifican sus movimientos porque nos ha ido bastante bien a nivel local”, dicen los dirigentes del Gran Buenos Aires.

Diferentes son los caso de Díaz Bancalari y Hugo Moyano, quienes están más identificados con el kirchnerismo y muestran una trascendencia de carácter nacional.

En el primer caso, el diputado de la Nación tiene el panorama complicado, ya que el FPJV, como sucedió en la mayoría del territorio, salió tercero en el orden nacional y ganó en lo local. El “Mono”, como lo apodan, iba como candidato a diputado provincial. Queda ahora por resolver si continuará en el Congreso, donde tiene mandato hasta 2011, o desembarca en la Legislatura.

La decisión se irá definiendo a medida que avancen las negociaciones, ya que, desde su débil posición, Díaz Bancalari pretende conservar un cargo en el bloque.

Para esto, espera que Néstor Kirchner no desista y asuma su flamante banca.

La situación de Moyano es también frágil. El titular de la CGT porta como contendientes inmediatos a sus aliados circunstanciales, “los gordos” y los independientes, que piden gestos gremiales fuertes. Enfrente se encuentra el titular de la CGT disidente, Luis Barrionuevo, que sueña con la caída del camionero. También ocupa su lugar, anti K, el titular de las 62 organizaciones, Gerónimo Venegas, quien jugó con el PRO pero guarda un buen diálogo con Moyano.

Existe luego la candente cacería, que no sólo las autoridades partidarias quieren evitar, también muchos dirigentes. Sobre todo en el interior, donde la campaña vestida de K les generó una derrota que excedió lo nacional y se coló en muchos municipios, el malestar es muy evidente.

“No tenemos que apurarnos y comenzar a hacer una caza de brujas”, afirma un intendente de la zona sur, que busca calmar los ánimos. Sucede que también está el temor que ante el malestar comiencen a copar terreno los PJ que jugaron con De Narváez y Felipe Solá.

Pero existe una instancia en la que todos coinciden. “La derrota fue de Néstor Kirchner”, claman. Y los motivos son otro de los puntos en los que concuerdan.

“Nadie quiere que lo lleven al cielo a patadas en el traste”, grafican. Es decir, las formas de establecer las políticas de Estado no fueron las adecuadas.

En el caso del gobernador Daniel Scioli, su función lo protege de cualquier movida rencorosa. “Fue un tipo que se puso la mochila al hombro, pero no tenía capacidad de modificar la decisión de la gente”, defienden algunos.

Reaparece, además, la figura (por momentos como un fantasma) de Eduardo Duhalde, quien manifestó su intención de reordenar el Partido. “Duhalde se va a mover con cuidado y despacio, no hay urgencias, todavía quedan dos años hasta 2011”, afirman sus colaboradores.

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