La Bonaerense quiere sentarse a la mesa de Scioli

Por Jorge Lanata.

La hipótesis más intrincada y probablemente más real del secuestro de Bergara no aparece en la causa: que se trate de una operación de la Bonaerense contra Scioli.

La hipótesis más intrincada y probablemente más real del secuestro de Leonardo Bergara no aparece en la causa judicial: que se trate de una operación política de la Policía de la Provincia de Buenos Aires contra Daniel Scioli. ¿Los uniformados buscan tener nuevamente un jefe de tropa propia? ¿Quieren desplazar a Stornelli?

El secuestro de Bergara adquiere otra lógica bajo ese prisma. Alguna lógica, al menos.

–La policía le está diciendo a Scioli: “Acá hacemos lo que queremos. Fijate: secuestramos a un tipo, nos pagan el rescate en Pinamar y te lo devolvemos en la puerta de la casa” –dijo a este diario un ex integrante de la fuerza que pidió reserva de su nombre. Otras dos fuentes aseguran que un mensaje de contenido similar fue escuchado por Bergara antes de que le taparan los ojos y los oídos con algodón y cinta adhesiva: “A vos no te vamos a hacer nada. Esto es para descabezar a alguien de la jerarquía”.

Bergara, claro, negará una y mil veces esta frase: sabe que su vida corre más peligro ahora, en libertad, que encerrado como moneda de cambio.

–Acá hay un negocio de tres mil palos –le dijo a Crítica de la Argentina un juez federal que sigue atentamente el caso desde sus vacaciones–. No sé si es eso, pero vale la pena preguntárselo: si el embrollo era con el hermano, como salieron a decir, ¿por qué no secuestrar al hermano, o a la mujer, o a sus hijos?

–Lo de Pinamar fue una tocada de orto –analiza una fuente del gabinete nacional–. Ir a cobrar el rescate ahí es sacar diploma de impune.

La impunidad es una constancia del secuestro: Bergara fue cambiado ocho veces de lugar de cautiverio y siempre se enteró –por dichos de los secuestradores– de que estaba dentro de la misma jurisdicción.

Ayer, mientras los K difundían en off la versión del autosecuestro, basándose en las peculiares intervenciones telefónicas que captó la SIDE, la provincia advertía que la culpa de todo era del hermano.

–¿Por qué dejaron tantas huellas distintivas? –se preguntan los investigadores juidiciales–. ¿Por qué aceptaron joyas como parte del rescate cuando éstas son fáciles de rastrear?

Secuestro o no, hermanos o hijos únicos, de civil o uniformados, la Bonaerense quiere volver a sentarse a la mesa. ¿Alguien le pondrá los cubiertos?

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