La Bonaerense aplica mano dura en las villas

La Bonaerense aplica mano dura en las villas
Como parte de la política de seguridad más estricta que alienta Daniel Scioli, la Policía se muestra más severa en los barrios humildes, aunque no siempre con quienes delinquen.
Si bien el código de faltas que impulsa el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, aún no fue sancionado por la Legislatura, en los hechos muchas de las rigurosas políticas que alienta ya están en ejecución en los barrios más pobres del Conurbano bonaerense.

Según surgió de un relevamiento realizado por PERFIL, los vecinos denuncian que la Policía comete excesos con ellos por considerarlos sospechosos sólo por ser pobres y, por el contrario, no se preocupa por detener delincuentes que están a la vista de todos.

A escasos metros de la autopista Ricardo Balbín –que une La Plata con Buenos Aires–, emergen dos grandes asentamientos: sobre Avellaneda, la Villa Azul y del lado de Quilmes, Villa Itatí. Desde hace varias semanas, los 50 mil habitantes de Itatí se sienten "sitiados". Y tienen motivos: están rodeados de patrulleros y uniformados que los revisan cuando entran y cuando salen.

"Los chicos que limpian los vidrios en el triángulo de Bernal son adictos al paco. El otro día un policía le hizo sacar la ropa a uno y se la prendió fuego", cuenta Luis, vecino de Villa Itatí, a PERFIL. Y agrega que "la Policía protege" a los que delinquen. "Acá, a dos cuadras, presenciamos cómo están vendiendo droga y el patrullero está parado ahí cubriendo que no le pase nada", se irrita.

Con la crisis de 2001, la gente de Villa Itatí logró armar una cooperativa de cartoneros para reciclar cartón y vendérselo directamente a las papeleras, sin intermediarios. Además impulsaron una serie de emprendimientos, como comedores, servicios de apoyo escolar y talleres de oficios, para darles una oportunidad a los que menos tienen, para que puedan "levantar cabeza".

Pero el discurso de "mano dura" del gobernador Daniel Scioli está calando hondo en las villas, que son las que más sufren el asedio de los uniformados. Y el acecho recae sobre los menores. Nicolás le cuenta a PERFIL: "La gente cree que porque somos de la villa somos chorros". Y Cecilia Lee, coordinadora de la cooperativa de cartoneros, grafica lo que para todos ellos es la inseguridad: "Inseguridad es no tener una vivienda digna, no tener comida, la gente no puede vivir del cirujeo", explica.

Vivir en la villa es complicado. Los chicos crecen con la sensación de que nunca van a tener la oportunidad de progresar. Así lo sintetiza Lee: "Bajo el nombre de democracia estamos presenciando un genocidio de chicos de nueve años, hay generaciones que están muriendo, hay pibes que por la droga caminan como autistas".

Matanza. Transitar por la Avenida Crovara, en La Matanza, es entrar en un territorio donde los delincuentes y los vendedores de paco operan con total impunidad, a la vista de todos y en pleno día y donde la Policía mantiene escasos controles.

Un escenario de guerra, con edificios derruidos y jóvenes curvados por el paco, donde los taxis no entran, y en el cual los pocos efectivos policiales que hay se limitan a cuidar las puertas de los ultraenrejados kioscos y despensas.

"La Policía baja del colectivo a palazos a los laburantes, que por ahí se tomaron unos vinos de más, pero que tienen la mochila llena de herramientas, y a los delincuentes no les hacen nada", cuenta Jorge, un comerciante de la zona.

"Te verduguean, te ven tomando una Coca-Cola y piensan que tenés pastillas", relata Jonathan a PERFIL, un joven de 17 años sobre quien, por ser menor, este diario mantiene en reserva su identidad.

Jonathan está sentado con sus amigos en una esquina de Isidro Casanova. "A mí me agarraron peléandome con otro pibe y, en vez de separarnos, me rompieron dos costillas y me patearon la cabeza", reprueba uno de los menores. "A los chorros no los tocan", acuerdan los chicos y esconden los rostros bajo las viseras.

Comentá la nota