En El Bolsón resisten a la construcción de un aeropuerto

En El Bolsón resisten a la construcción de un aeropuerto
A un periodista que se oponía a la iniciativa le incendiaron su radio. Los conflictos enfrentan a los 18 mil habitantes. El papel de Joseph Lewis.
El cosmos había estallado y lo había hecho tan bien que apareció entre los cerros una aldea cruzada por ríos transparentes, donde los atardeceres eran rojos y las noches luminosas. A sus habitantes originarios se sumó una oleada de citadinos en fuga que emigraron a fines de los años 60 para buscar refugio ante la amenaza de la lluvia ácida y el acoso del desarrollo industrial. El Bolsón, al sur de Río Negro, se presentaba como el escenario de un cuento de Tolkien traspolado a la vida real. Había hippies, artesanos, cerveza casera, música telúrica y mochileros todos los veranos. De esto no hace mucho; habrán pasado quince años.

Pero en ese mismo tiempo, la comarca andina terminó también de modelar su lado oscuro. El ataque sufrido por el conductor de CQC, Gonzalo Rodríguez, y las ínfulas de matón del intendente Cacho Romera fue, en el escenario de cero encanto que vive hoy la ciudad cordillerana, la chispa que terminó de alumbrar su decadencia. El fin de la inocencia de la aldea encantada. Ahora se sabe que El Bolsón no es como las postales que hablan de él y que un jefe comunal perpetuado en el poder desde hace siete años parece ser la copia mejor lograda del modelo de barón del conurbano aplicado en la Patagonia. Pero hay un elemento más, que viene a imprimirle rasgos de cine a esta historia: el magnate británico Joseph Lewis, dueño de varios miles de millones de dólares, a quien todos apodan "Tío Joe".

LA CALDERA. Lewis llegó a El Bolsón en 1996. Compró siete mil hectáreas a orillas de un espejo de agua llamado lago Escondido y después otras siete mil hectáreas más. Pero no se quedó de brazos cruzados. Levantó una mansión descomunal con ventanales al paraíso y trabó vínculos, en un aparente altruismo desinteresado, con el poder político local. Se relacionó a través de donaciones de dinero con los mandatarios vecinales antecesores de Romera y finalmente avaló al Cacho, ese radical bravo que manda en la comarca con ceño fruncido, pero también, desde hace unos días, con cierta preocupación.

Ocurre que desde que se convirtió en el intendente más famoso de la Argentina, luego de que CQC fuera a preguntarle sobre la polémica construcción de un aeropuerto que la comunidad rechaza, el caudillo tambalea. Resiste como puede a los pedidos de juicio político que flotan a su alrededor, en una aldea que cambió sus aires de pureza por otros aires más espesos, de conflictividad social. Si el Concejo Deliberante lo decidiera, el intendente debería ser desplazado y sometido a un proceso judicial por la sucesión de denuncias de corrupción institucional y hechos violentos que se le adjudican, incluida la prepoteada que le pegó al notero de CQC (ver recuadro). Pero la mayoría de concejales –cuatro sobre siete– responde a Romera y, mientras puedan, seguirán resistiendo la presión de la gente, que se queja cada vez más seguido. Ayer, por ejemplo, la calle principal del pueblo, en pleno mediodía, cuando la feria de artesanos recibe la mayor cantidad de turistas, fue escenario de una nueva marcha de repudio al oficialismo local. Una caravana de autos y vecinos atravesó la zona céntrica a puro bocinazo y levantando banderas contra la falta de acceso a la información pública y los ataques a la libertad de expresión.

El abanderado de esa protesta fue Reinaldo Rodríguez, un periodista radial cuya emisora terminó consumida bajo las llamas de un incendio intencional. Rodríguez venía denunciando desde FM Radioactiva que Romera estaba haciendo negocios con la tierra y que detrás de las intenciones de levantar un aeropuerto no estaba el intendente, sino su padrino, el Tío Joe. Tanto insistir, asegura él mientras camina entre las cenizas de lo que fue una cabaña con techo a dos aguas, le costó caro. "Acá –dice– el problema es lo que están haciendo con las tierras provinciales. Cómo las están vendiendo. Es una locura que nadie controla. Son cuatro tipos, en una mesa chica que define dónde lotean y quién compra". Rodríguez se expande: "Los hechos dan muestra de una forma de gobierno agresiva y coercitiva, que divide e intenta silenciar a quien se oponga y así lograr beneficios para un grupo reducido. La sociedad local está agotada de soportar la subestimación y el atropello de sus derechos".

El periodista se refiere a que en El Bolsón es notable la ausencia de juntas vecinales y de fiscalizadores del funcionamiento de la administración municipal. "Esto refleja una política de desmovilización y silenciamiento, que llena de sospechas los motivos que llevaron, por ejemplo, al incendio intencional de Radioactiva", concluye.

BOLSÓN LÍNEAS AÉREAS. Lewis siempre quiso tener una pista de aterrizaje a tiro de su mansión. Estuvo a punto de lograrlo en el año 2005, pero desistió por la presión de los vecinos autoconvocados. Llamativamente, su capataz, Nicolás Van Ditmar, construyó en 2007 y en sólo tres meses un aeropuerto a orillas del mar, sobre la breve costa de la provincia de Río Negro, en una zona conocida como Playas Doradas. Según denunció en su momento la ex diputada del ARI, Magdalena Odarda, el complejo –que se ve clarito a través de Google Earth– se halla dentro de la zona de seguridad de frontera y viola la Ley de Seguridad Interior. Al margen de esta polémica, todos los comentarios, finalmente, señalaban que Lewis se había hecho en la costa el aeródromo premium que no pudo tener en las montañas.

Pero Dalida Pinacho, abogada y vocera del inglés en la comarca andina, dice que no. Está del otro lado del teléfono y está enojada: "Estamos realmente agotados de tener que dar explicaciones sobre estos temas. Nosotros no tenemos que ver con ningún aeropuerto. Lo de la costa es un emprendimiento de Van Ditmar, no de Lewis. Cuando quisimos hacer un aeropuerto en 2005, desistimos, y con esta historia nueva no tenemos nada que ver. Estamos cansados de andar viendo qué publican los medios informativos para iniciarles querellas por injurias", explica, rotunda, la mujer.

El proyecto que Romera promueve, el proyecto del escándalo al que el 76% de la población se opuso a través de un plebiscito no vinculante, consiste en hacer un aeropuerto internacional en un sitio ubicado a 30 kilómetros de la ciudad, a la vera de la ruta nacional 40. El lugar es conocido como "la recta de Palma". Sobre esas tierra llovería una inversión de 250 millones de pesos. Romera insiste con que eso, el dinero y la obra, sería vital para el turismo y para los habitantes de El Bolsón. Pero el abanico de opositores es amplio y hasta incluye a comunidades mapuches que habitan la zona desde hace varias generaciones. Lo que Romera no dice –aquí lo llamativo– es que las tierras donde proyectó su terminal de vuelos lindan con los campos majestuosos del británico Lewis. En este punto, la historia se detiene.

Cacho Romera define a Lewis bajo el rótulo de "buen vecino". Ha llegado a ponerse al frente de una campaña de firmas para defender al inglés de los vecinos que lo acusaban de trabar el acceso a lago Escondido. Esta última semana, dice la gente de la comarca, volvió a insistir con la necesidad lotear la recta de palma para levantar ahí un aeropuerto. En El Bolsón viven por censo 18 mil personas. Hay poco más de mil empleados públicos. Cerca de dos mil habitantes reciben planes jefes y jefas de familia y planes trabajar. El resto son artesanos que comercializan sus productos en la feria hippie todos los martes y sábados desde la mañana, pequeños empresarios turísticos –principal ingreso de la zona– y productores de lúpulo que año tras año venden su cosecha a la cervecera Quilmes. Casi ninguno de ellos apoya la idea de un aeropuerto. Con excepción de unos pocos.

Comentá la nota