Bolívar atesoró en sus retinas un espectáculo único

Desde muy tempranas horas, en las inmediaciones del parque Las Acollaradas se sentía un clima extraño, raro, cargado con la inconfundible esencia de la tensión.
Los bolivarenses y todas las personas de otras ciudades se comenzaban a aglomerar en las calles y teñían el ambiente que presagiaba una fiesta. Muchos de ellos se acercaron con sus pertenencias. Banderas, heladeras portátiles y todo lo necesario para acampar esperando la aparición de los protagonistas del Dakar 2010. El tiempo corría y el público se impacientaba, comenzaba a preguntar ¿ya vienen las motos? A pesar de que las agujas no se movían con rapidez, la gente comenzó a disfrutar de todas las cosas que no conocía. Los camiones de abastecimiento y las camionetas de la organización deslumbraban con sus coloridos y su imponente tamaño. Además los helicópteros sobrevolaban sin parar la zona presagiando el gran momento. Con el fin de la mañana comenzó el espectáculo. Una hilera interminable de público rebozó el parque en la espera de los pilotos. Fue así que a las 11.05 Pal Ellevalseter tocó suelo bolivarense. Con su arribo y su posterior marcha, comenzaron a llegar muchos más competidores. Con esa noticia, no solo el parque, sino también las calles de nuestra ciudad se vistieron con los colores celeste y blanco para acompañar y saludar a todos los pilotos. Desde el parque, hasta la salida, las columnas de gente se multiplicaron y con calidez y mucho reconocimiento saludaron a todos los protagonistas. Para destacar la gran simpatía de todos los corredores, que tras estos duros días de marcha, en ningún momento mostraron muestras de fatiga e interactuaron de manera notable con todos los curiosos. Una foto por aquí, otra por allá, un beso para el bebé y mil abrazos. Fueron inmunes al acoso y no expresaron antipatía ante tamaño cariño, aguantando estoicamente los interminables embates de la gente. A pesar de eso, podemos poner por otro lado la salida de los "ultra marketineros" hermanos Petronelli, que no por decisión propia, pero si para evitar desmanes. Se fueron más protegidos que Fidel Castro, en su camino triunfal a Baires. Los camiones quedaron para lo último, el público ya se disipaba y todo volvía a la normalidad. El final del espectáculo dejó muchas cosas para rescatar. Por un lado el apoyo masivo de miles de personas que con su aporte le dieron coloratura a un momento irrepetible para la ciudad. Por otro el gran orden y control que se vivió en todo momento, algo que es para destacar. Por último el Dakar por si mismo, un show único en el mundo, que dejó su huella a perpetuidad en la historia de Bolívar.

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