La bolilla que rompió la espera

Ayer, tras 13 años, volvió el sorteo de casas del IPV, que por primera vez reparte 2.271 viviendas juntas. Aquí, dos historias de entre las primeras afortunadas.
María Antonia Carrizo recordó amargamente por años que desde 1989, cuando se anotó en el IPV, fue a dos sorteos, en los noventa, para los barrios Hualilán y Vidart V, pero no le tocó. Ayer tenía fe. Le pidió permiso a su patrón, donde trabaja de empleada doméstica hace más de 10 años, y se fue al Estadio, en una mañana fría pero de las que más alegría tendrá en su vida. Pasadas las 10.30, pegó un grito, le explotaron los ojos de lágrimas y todos aplaudieron. Su marido, Nilo Urquiza, le palmaba la espalda mientras ella contaba que vive con sus tres hijos y con tres nietos, y que son ocho en el ranchito de adobe en Villa Nueva Argentina en Rivadavia, que es propiedad de sus abuelos y cuya cocina comedor se derrumbó en enero. "Yo quería venir, pedí permiso en el trabajo porque no me iba a aguantar", dijo feliz. Con el 1.659 en el bolillero de la pantalla gigante, María Antonia cambió un pensamiento que venía cargando la mitad de sus 52 años: que nunca iba a tener la casa propia. Se fue a preparar una comidita rica, para festejar e imaginarse cómo será su casa nueva, donde piensa poner montones de plantas porque le encanta regarlas (foto).

María Violeta

Fue la segunda en gritar que había ganado en la inmensidad del Estadio Cerrado. María Violeta Navarro, a sus 48 años y jefa de familia nunca se imaginó que le iba a tocar una casa, tras tantos años de espera. Vive de una pensión que le dan por tener 7 hijos de entre 26 y 4 años. Uno de ellos juega en Del Bono, Elvio Illanes, y es el único que logró despegar e irse del hogar con su propia gente. Otro más, Ramón, le ayuda haciendo changas. Así, María Violeta vive con 6 hijos y 5 de sus 8 nietos. Y dice que se mudará con los hijos más chicos a la nueva casa, que no sabe dónde ni cuándo la tendrá, pero que está contenta porque "es algo seguro", porque espera desde los '80. Todos estos años vivió con su megafamilia en una casita de adobe de 3 ambientes, al lado del Lote Hogar 40, en Capital. Al Estadio fue con una de sus hijas más chicas (foto). Ella llegó a las 7, una hora antes de que largara el sorteo, porque la acercaron en moto. Aunque sabía que podía no pasar frío y verlo por televisión, igual fue a ver cómo caían las bolillas por pantalla gigante. Esperanza le sobraba.

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