Las boletas de gas llegan a las casas y fábricas con subas del 200%.

Las boletas de gas llegan a las casas y fábricas con subas del 200%.
Casas que pagaban $30 reciben hoy las boletas de Gasnor a $90. La red ya es tan cara como la garrafa. A una fábrica que pagaba $8.000 la factura le llegó por $26.000. ¿Cuánto puede durar en pie?.
Miles de familias en Salta comenzaron a agarrarse la cabeza con las facturas del gas, que llegan a sus casas con aumentos de hasta un 200%, debido a exorbitantes cargos que impuso el Ministerio de Planificación, a modo de penalizaciones al consumo, y contra los cuales medio país está interponiendo recursos de amparo, acciones cautelares y declaraciones de inconstitucionalidad de las que no parecen haber tomado nota todavía jueces y fiscales.

Para entender qué es lo que el ombudsman de la Nación, los defensores del pueblo de provincias vecinas, organizaciones de defensa del consumidor y las cámaras industriales del NOA reclaman frenar en forma inmediata, es necesario ver dónde está parada hoy la Argentina con su política energética.

Las decisiones adoptadas en los últimos seis años -empezando por el congelamiento de precios en boca de pozos argentinos y la generalización de subsidios que favorecieron justamente a los grupos más beneficiados por la devaluación- configuraron un escenario de notoria desinversión en las cuencas hidrocarburíferas del país, caída de reservas y la consecuente imposibilidad de cubrir las demandas de gas y energía eléctrica del mercado interno sin depender de costosas importaciones de gas desde Bolivia y de fuel oil o gasoil desde Venezuela.

Así, mientras el millón de BTU se paga a US$ 1,40 en boca de los pozos salteños, la misma medida de gas -equivalente a 26,7 metros cúbicos-cuesta a los argentinos bombeada desde Bolivia US$ 6,90. Todavía más caras son las importaciones de combustibles venezolanos, cuyo equivalente es de US$ 17 el millón de BTU.

Cara dependencia

Estas compras, frente a los valores del mercado interno, generaron millonarios saldos en rojo que desde 2003 el Gobierno nacional cubrió con fenomenales subsidios hasta fines del año pasado, cuando decidió por decreto 2067/08 que sean los usuarios -ahora directamente desde sus bolsillos- los que paguen los descomunales costos de la imprevisión energética.

El citado decreto creó un nuevo fondo específico, al que los empresarios identifican como "fiduciario III" y que es el que encareció las boletas de Gasnor en niveles que se consideran confiscatorios. Tanto desde el Gobierno nacional como desde las empresas distribuidoras, que actúan como agentes perceptores, se relativizó el alcance del nuevo cargo. Se dijo que sólo alcanzaría a los usuarios residenciales que tienen un consumo anual superior a los 800 metros cúbicos (los R3), pero no se puso en claro a la gente que cualquier familia que tenga una cocina, un calefón y un calefactor que utilice sólo en los días más fríos de invierno supera tranquilamente ese techo por encima del cual los usuarios son penalizados con recargos que van desde el 50 hasta el 200% en su factura.

Golpe bajo

En barrios salteños con altos índices de pobreza, indigencia y necesidades básicas insatisfechas (NBI) no son pocas las viviendas donde reside más de un grupo familiar. Estos dependen, en muchos casos, de una sola fuente de ingresos y comparten un único medidor de gas. Son familias agrupadas por el INDEC como NBI pero por Gasnor en la categoría residencial 3R. Por tanto, se las castiga a pagar su gas hasta un 200% más caro. Antes de ser conectados a la red estos mismos grupos carenciados pagaban la garrafa más cara del Mercosur. Y Ahora el servicio que les daba algún respiro les puso la soga al cuello.

Así está el mercado energético: lleno de paradojas y absurdos que no se superarán -como tampoco la crisis-castigando al bolsillo de los sectores más apremiados. ¿Saben los genios que una familia NBI paga el gas en Salta más caro que el dueño de un lujoso departamento de Belgrano?

Hay fábricas con la soga al cuello

Así como muchas familias comienzan a sentir que cada vez les resultará más difícil evitar que les corten el medidor de gas por la falta de pago, muchas empresas salteñas del sector PyME ya empiezan a percibir que tarde o temprano se encontrarán con los suministros de gas cortados, con sus procesos interrumpidos y con sus puertas cerradas, según se anticipa a través de las boletas que les llegan a los usuarios.

A una fábrica de cerámicos que pagaba $8.000, la factura que vence el 16 del corriente mes le llegó poco más de $26.000. Esto es algo así como un 225% de encarecimiento que obedece tanto a un aumento en el precio del gas, como a diferentes cargos establecidos por decretos y resoluciones para realizar distintas obras de ampliación de los gasoductos, como la que derivó en la denuncia de la empresa Skanska por supuestos sobreprecios, o para cubrir los costos de las importaciones de gas y combustibles líquidos.

Los aumentos que sobrellevan en el gas las empresas de la región, y que colocaron a más de una PyME en situación comprometida, fueron abordados el pasado miércoles en Tucumán por las uniones industriales del NOA.

Recurso judicial

En ese encuentro, las entidades empresarias de Salta, Jujuy y Santiago del Estero adhirieron a un recurso judicial interpuesto por la unión tucumana contra los nuevos cargos de los impuestos en el recurso energético del cual Salta es la segunda productora detrás de Neuquén.

A cuánto llegarán las facturas en invierno

Directivos de Gasnor en Salta, Jujuy y Tucumán informaron a diferentes medios de prensa de la región que el cargo que encareció el gas hasta un 200% en viviendas familiares, comercios y fábricas sólo afectaría a cerca de un 40% de sus usuarios residenciales (los R3).

Más afectados

Algunas de las entidades que interpusieron recursos ante la Justicia, sin embargo, creen que el cargo tarifario aplicado a partir de los 800 metros cúbicos de consumo anual podría llegar a alcanzar un porcentaje de clientes mucho mayor, cuando los consumos salten a los niveles de invierno, donde necesariamente se nota un considerable aumento en los niveles de utilización del combustible, no sólo de las viviendas familiares, sino también de la industria y el comercio.

Basta con ver las boletas de un año en cualquier casa que además de cocina y calefón tenga uno o dos calefactores, para apreciar que un consumo que en el primer bimestre ronda los 120 metros cúbicos, crece progresivamente hasta sobrepasar los 300, 400 y hasta 500 metros cúbicos en los bimestres encerrados entre las estaciones de otoño e invierno.

Si la Justicia no frena el curso del cargo tarifario antes de la llegada de los días más fríos, una familia que antes pagaba $30 y este mes abonó una factura cercana a los $90, podría encontrarse a mitad de año, con toda probabilidad, boletas de hasta $300.

Uno sobre otro

Los aumentos que fueron autorizados en el gas en 2008 y repercuten hoy fuertemente en el bolsillo de los usuarios son tres.

El primero fue dispuesto en septiembre del año pasado, por medio de la resolución 451 del ENARGAS, para subsidiar a la nunca respetada garrafa social de $16.

El segundo aumento, que autorizó el mismo ente nacional, encareció las tarifas para alentar la alicaída producción de gas natural en las cuencas argentinas.

El tercer incremento es el que se impuso por decreto 2.067/08 y creó un fondo fiduciario para pagar las importaciones de gas, que hoy salen de los bolsillos de la gente, las PyME, el comercio y las industrias.

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