La boleta única, pero en 2011

La boleta única, pero en 2011
Por Nicolás Ducoté

Para mejorar las condiciones de votación en la Argentina, es necesario que todos los debates en torno de una reforma política profunda tengan como objetivo alcanzar un mayor fortalecimiento institucional y que no estén motivados por contiendas electorales de corto plazo

Es recurrente que en años electorales o durante períodos de malestar institucional, los partidos políticos y algunos sectores académicos o de la sociedad civil protagonicen debates en torno de la necesidad de una reforma política. Esta vez, la oposición reclama el uso de una boleta única en los próximos comicios y el Gobierno se resiste, por las dificultades de implementar el sistema en el corto plazo en un escenario multipartidista.

El debate impulsado por la oposición es, en realidad, un debate vinculado con la transparencia y la eficiencia de la organización de los comicios. En la actualidad, la responsabilidad de imprimir, distribuir y verificar las boletas durante el acto electoral es de los partidos políticos. Además, en las elecciones simultáneas cada partido político presenta una boleta propia donde se exponen los candidatos de todas las categorías, dividida solamente por una línea punteada.

Con esta configuración, al haber una boleta por cada partido, se incentiva que la competencia electoral gire en torno de la presencia de boletas de los partidos contrarios en el cuarto oscuro. En ese sentido, es probable que militantes de un partido roben u oculten boletas de los otros. Además, como los partidos cuentan con boletas oficializadas antes de los comicios, pueden utilizarlas en actividades clientelares o para controlar votos, hechos que, lamentablemente, suceden en muchos lugares de la Argentina. Finalmente, la presentación de los candidatos a distintas categorías en una misma lista puede provocar un ‘efecto arrastre’, es decir, que los candidatos de los cargos más relevantes ‘arrastren’ también votos para sus partidos en categorías de menor importancia, en las que quizás el partido es menos fuerte.

Estas debilidades que presenta el sistema actual revelan la necesidad de implementar un dispositivo que desaliente el robo de boletas, que limite tanto los posibles casos de control de votos como el armado de múltiples alianzas electorales en un mismo distrito. En este sentido, el sistema de boleta única transfiere la responsabilidad de imprimir y distribuir las boletas de los partidos políticos al Estado, dado que todas las ofertas partidarias aparecen en una única papeleta. Esto reduce sustancialmente las posibilidades de clientelismo y el robo de boletas, ya que los partidos no tienen las papeletas oficializadas antes de los comicios y tampoco tienen incentivos para hacerlas desaparecer.

Por otro lado, el sistema propuesto permite ordenar la oferta electoral y facilita al ciudadano estar mejor informado antes de votar, porque limita el efecto arrastre y simplifica la decisión para quienes quieran cortar boleta.

No obstante, y si bien podría constituir un avance significativo en pos de la transparencia y eficiencia de los procesos electorales, la boleta única no elimina por sí sola todos los mecanismos de fraude. Por eso, deben establecerse las medidas de las papeletas para cada uno de los cargos y el criterio para ordenar la presentación de los diferentes partidos. También es importante que exista un único modelo de boleta y que los partidos políticos no tengan injerencia en el diseño de las papeletas antes de cada elección, para prevenir modificaciones engañosas.

Finalmente, es clave comunicar a los ciudadanos las ventajas del nuevo sistema y fomentar un proceso de aprendizaje cívico que prepare a los votantes antes de ingresar en el cuarto oscuro. A estos efectos, sería prudente implementar el cambio recién para las elecciones presidenciales de 2011.

En definitiva, el actual sistema electoral presenta una serie de defectos que pueden corregirse con un sistema que es utilizado y que funciona en otras democracias occidentales. Pero, para mejorar las condiciones de votación en la Argentina, es necesario que todos los debates en torno de una reforma política profunda tengan como objetivo alcanzar un mayor fortalecimiento institucional y que no estén motivados por contiendas electorales de corto plazo.

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