La bola de cristal de 2009

Por Maximiliano Montenegro

Los gurúes económicos pronostican estancamiento y desempleo de dos dígitos. Pero ninguno preanuncia una crisis estilo 2001. En el oficialismo admiten que el 2009 será el año más difícil de la era K.

Hay un viejo chiste que dice que “los economistas pronosticaron nueve de las últimas tres recesiones”. El tono apocalíptico de los consultores económicos en tiempos de gran incertidumbre es parte de la idiosincrasia de la profesión. La lógica de ese comportamiento es similar a las demandas que reciben en el servicio meteorológico. Para la reputación del experto, siempre es mejor emitir alertas de tormentas que se disipan rápidamente en el horizonte –y en la memoria colectiva– que días soleados que se transforman en devastadores ciclones. De hecho, después de los daños provocados por la última granizada en Buenos Aires, el servicio meteorológico multiplicó en sus pronósticos los alertas climáticos.

No es posible ir más lejos en el paralelismo porque la meteorología estudia fenómenos naturales, inmutables frente a las predicciones del observador. La economía, en cambio, indaga en procesos sociales, que están influenciados –a manera de profecías autocumplidas–, por los propios pronósticos de los economistas, vendidos a las empresas como insumo para la toma de decisiones e instalados en la opinión pública por los medios masivos de comunicación. Para colmo, a sabiendas de su peso en la formación de expectativas, no son pocos los agoreros de cataclismos que, en épocas de turbulencias, salen al ruedo guiados por intereses empresariales o políticos.

Los pronósticos económicos, además, están plagados de supuestos, que desnudan los límites de la profesión. Como explica Javier Finkman, en su doble rol de economista jefe del HSBC y profesor de epistemología de la UBA, “en el supuesto de que la soja cotizará a u$s330 la tonelada se resume un montón de información y, paradójicamente, de ignorancia, en tanto puede ser una fuente importante de desvío de un pronóstico”. Para el caso, se puede vincular esa cotización con variables como el crecimiento económico mundial o la demanda china, pero también aparecen otras que escapan a la predicción del economista: como las sequías e inundaciones. Ese supuesto en el caso de la economía argentina no es menor. Si la soja promediara en 2009 los u$s450, los pronósticos serían muy diferentes. Otra dificultad, señala Finkman, es que no existe una linealidad unívoca causaefecto, como casi siempre en las ciencias sociales. A veces pequeñas causas tienen efectos enormes e inesperados: ¿quién iba a imaginar que la resolución 125 tendría semejante desenlace?

En fin, hay otra frase, atribuida por algunos a J. K. Galbraith, que resume con ironía las tribulaciones del gurú económico: “El economista es el profesional que explicará mañana con gran solvencia por qué lo que pronosticó ayer no se cumplió hoy”.

GURÚES. Toda esta introducción viene a cuento de que a esta altura del año es imposible eludir la tentación de frotar la bola de cristal y echar una mirada a las profecías de los economistas. Vamos a revisarlas, con las precauciones del caso, para después abordar cuáles son las certezas e interrogantes de cara al año próximo que manejan en el propio de Gobierno. Entre bancos y grandes empresas circula un documento (“Latinamerican Consensus Economics”) que sintetiza los pronósticos 2009 para las economías latinoamericanas de 23 consultoras y bancos. Para la Argentina, el consenso arroja los siguientes números:

• Crecimiento del PBI de apenas 0,8 por ciento, frente a un aumento del 6,5% en 2008. Un freno tan abrupto en la actividad económica es equivalente a una recesión.

• Aunque no hay dudas sobre la tendencia, existe una gran dispersión en las predicciones. Los más pesimistas son bancos extranjeros, como Morgan Stanley (-2,2%), JP Morgan Chase (-1%), Credit Suisse (-1,5%) y la ultraliberal FIEL (-1,7%). En cambio, la mayoría de las consultoras locales apuesta a que habrá todavía un signo positivo: Estudio Bein (+1,5%), Ecolatina (+1,5%); Orlando Ferreres (+2,2%); Macroeconomía (+ 1,5%). Broda se juega por el 0 por ciento. Un banco cercano al Gobierno, como el Creedicoop, se estira hasta 3% de crecimiento. Mientras que, en el otro extremo, José Luis Espert, para quien Broda, FIEL y demás son timoratos en sus críticas a la política oficial, arriesga un -3,2 por ciento.

• Dólar en marzo a 3,55 y en diciembre a 4 pesos.

•En el capítulo inflación, sólo se pronostica la cifra que difundiría el INDEC (8,7%). Se aclara que para 2008 la estimación privada fue del 21 por ciento. Y que el año próximo debería desacelerarse por la baja del precio internacional de los alimentos y el menor consumo.

• Según el informe, las tasas de interés se mantendrían elevadas, para evitar el retiro de fondos de los bancos en el año electoral: en el orden del 17% anual para depósitos a 30 días.

• Las exportaciones caerían a u$s63.400 millones (frente a 72.000 millones este año) y las importaciones a u$s56.300 millones (contra 59.000 millones este año).

• El superávit comercial se achicaría así a u$s7.000 millones, frente a los u$s13.000 millones de 2008.

• Los reservas del Banco Central caerían de los actuales u$s46.000 millones a unos u$s40.000 millones.

Como sucedió en la mayoría de los países, las proyecciones se ajustaron rápidamente desde que estalló en septiembre la burbuja de Wall Street. Hace tres meses, la expectativa de crecimiento del PBI era en promedio de 4,1 por ciento. Sin embargo, salvo Espert, ninguna consultora prevé, como escenario más probable, una crisis del estilo 2001: con default y/o descontrol del dólar.

AÑO VERDE. “El 2008 fue bravo para Cristina, pero por errores propios. 2009 será el año más difícil de la era kirchnerista, aunque hagamos todo bien.” La definición es de uno de los economistas que Néstor Kirchner más respeta.

En su opinión, hay cosas que ya están jugadas para el año próximo. El derrumbe del nivel de actividad, del cual hubo un anticipo en indicadores de noviembre. El desempleo de vuelta en dos dígitos: algo inevitable, más allá de los garabatos de Moreno en el INDEC, si se tiene en cuenta que desde el primer trimestre de este año –aun con cifras de crecimiento elevadas– la tasa de creación de empleo fue nula. La agudización de los conflictos gremiales. El recrudecimiento de los conflictos con la dirigencia rural, que redoblará la presión en reclamo de una disminución de las retenciones. Las tensiones con los gobernadores, acosados por cuentas fiscales en rojo, demandas salariales y las protestas del campo en el año electoral. Con una diferencia sustancial respecto de los conflictos de este año: la discusión ya no será por cómo se reparten los frutos de la prosperidad sino por cómo se distribuyen los costos del ajuste.

En ese contexto, según la perspectiva del funcionario, todas las medidas tomadas hasta el momento por el Gobierno para alentar el consumo de la clase media, reactivar la obra pública y proteger la producción local van en la dirección correcta. Pero reconoce que no modifican los trazos gruesos del cuadro.

Sólo admite que la única incógnita abierta se refiere a la duración de la crisis internacional y la evolución de los precios internacionales de las commodities. Los actuales valores de la soja son, en promedio, un 10% superiores a los de 2007. Pero desde entonces al modelo de dólar alto lo licuó la inflación y las devaluaciones en la mayoría de los socios comerciales de la región.

Además, en el último año, se desató un proceso de dolarización de carteras (por más de u$s20.000 millones) comparable con la corrida del 2001.

La fuga al dólar alcanzó su pico en octubre pasado (cuando superó los u$s4.000 millones). Aun si se estabilizara en menos de la mitad, faltarían dólares para abastecer semejante demanda. Si el Banco Central debe vender reservas para garantizar la estabilidad cambiaria, la tendencia recesiva se profundizará. Un rebote del precio de las commodities, en cambio, ampliaría los márgenes de acción del Gobierno para apuntalar la actividad económica con políticas expansivas. La administración K ha demostrado hasta ahora iniciativa política. Sin embargo, las prioridades no parecen adecuarse a los vientos que soplan. La catarata de anuncios de las últimas semanas se concentró en medidas de estímulo al consumo de los sectores medios, y sólo marginalmente atendió las necesidades de los sectores más desprotegidos, como jubilados y beneficiarios de planes sociales. “Para la clase media con salarios de más de $7.000 de bolsillo la eliminación de la tablita de Machinea, y para los más pobres, pan dulce a mitad de precio acordado por Moreno”, chicaneó por estos días un economista vinculado con la oposición.

Según datos de la consultora Equis, hay en la Argentina 11 millones de personas bajo la línea de pobreza ($1.118 mensuales para una familia tipo), de las cuales 2,4 millones viven con sólo 3,4 pesos diarios. Con la pobreza en ascenso desde el segundo trimestre del año, en estos sectores deberían concentrarse todos los esfuerzos de la política oficial por mejorar ingresos y expandir el consumo.

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