BOCALos Cazafantasmas

Boca arranca el final tratando de levantar el ánimo y de borrar de plano el feo recuerdo del 2006. "Es distinto", dicen. ¿Qué hizo para llegar a esto?
A diferencia de aquella tarde del 10 de diciembre del 2006, el domingo, a ninguna hora, Boca fue campeón. A lo sumo, cerca de las 17.40, Tigre se veía lejos con el 0-2 en Rosario, bastante lejos de la amenaza que es hoy. Y todavía quedaba San Lorenzo. Pero aquel 10 de diciembre... Boca fue campeón a las cinco y media, a las seis y también un rato antes de las siete de la tarde. Más, 1-0 arriba ante Lanús, llegó a sacarle cinco puntos a Estudiantes ese mismo domingo. Un desempate era, entonces, desde todo punto de vista impensado. Ahora no. Al contrario. Como dijo Ischia en La Plata, es "altamente probable". Porque ya no alcanza con ganar y listo. Y porque a falta de un competidor, hay dos. Sin embargo, Boca también deberá vencer esta semana a aquellos viejos fantasmas. Sí o sí deberá cazarlos. O enterrarlos.

¿Por qué? A saber: otra vez tendrá la presión de ganar en la Bombonera, que para muchos es garantía pero que aquella vez no lo fue (y en este Apertura tampoco). Otra vez será ante un rival que se juega poco, lo que tiene su lado bueno pero también malo. Y otra vez deberá combatir esa sensación de que un posible desempate siempre fortalece el ánimo del otro, del que viene de punto (ni hablar si hay un tercero en discordia). Así, Ischia deberá trabajar también la mente de sus jugadores. Y él lo sabe. No sólo será la forma de ganarle a un Colón que viene trastabillando, sino también las respuestas anímicas a un estadio que jugará tres partidos a la vez, con murmullos, gritos, nervios, ansiedades, goles de allá y acá, sensaciones que se trasladan al campo.

Por eso mismo, Boca lamentó los dos puntos que dejó en La Plata. Por lo que le había costado sacar esa ventaja, porque les permitió soñar a Tigre y a San Lorenzo, porque siempre llega con otro tranco el caballo que alcanza, porque en un momento el partido contra Gimnasia estaba para ganarlo. En esto, justamente, se basan muchos al decir que el equipo de Ischia perdió el domingo la gran oportunidad. Y también que le faltó mayor decisión para entenderla como tal, principalmente en el primer tiempo. Si bien con un hombre menos todo cuesta el doble, Boca pudo haber hecho algo más para evitar este embudo que ahora lo tiene como uno más de tres.

"No estaba en ese momento, pero situación es distinta a la que se dio dos años atrás. Los rivales también son diferentes", dice Ischia cuando se busca comparar con el desenlace que más se asemeja a éste. Pero, prudentes sus jugadores, no hubo esta vez declaraciones súper optimistas. Ninguno se animó, aun desde la bronca, a decir que igual darán la vuelta, acaso por aquella imagen de la fiesta preparada que no fue y del "ese torneo era más fácil ganarlo que perderlo" que en esta semana reconoció Rodrigo Palacio.

Es cierto que, como dice Ischia, la circunstancia puede ser otra. Difícilmente llegue Boca a otro desempate perdiendo, como aquella vez. Probablemente, si esto ocurre, sea ganando su partido, mostrando su chapa, venciendo aquellos fantasmas de la Bombonera de un plumazo. Y lo hará, incluso, en un torneo que recién diez días atrás lo mostró como el más firme candidato (antes no), en el que no dio garantías de campeón en cuanto al funcionamiento futbolístico y en el que, en un momento, tuvo que descontarle 11 puntos al entonces líder San Lorenzo. De todos modos, Boca está en el medio del fuego. Y encima, para algunos, contra el paredón del orgullo. "Si pierde este torneo, es gallina", disparó, por caso, Matías Almeyda, ex jugador de River, para fogonear un final que es claramente distinto.

Con la carga emocional que implica una definición así, Boca volverá esta tarde al trabajo. A digerir el golpe de este triple mortal, a recordar que en este semestre se hizo fuerte en la adversidad y a tratar de cazar ya mismo los fantasmas de la Bombonera...

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