Boca mostró su peor cara y Atlético no le perdonó nada

Pereyra, la figura, en el primer tiempo y el paraguayo Fabio Escobar, marcaron los tantos tucumanos.
Llegó hasta aquí para resolver algunos de sus conflictos Boca. Para corregir la materia defensiva que tantos dolores de cabeza le dio. Para terminar con las desconcentraciones. Para hallar una mayor fluidez arriba. Para capturar puntos y así prenderse arriba y soñar con la Libertadores del año próximo. A todo eso vinieron Palermo, Riquelme y compañía. Pero no encontraron nada. Si hasta se perdió el invicto. Fue un triunfo total de Atlético. Con la humildad que arrastra desde el ascenso, le dio una lección estratégica, colectiva e individual a su gigante oponente, a este Boca preocupante que el miércoles se juega su destino en la Sudamericana.

Fue raro que un técnico tan clásico como Basile cambiara tanto, más allá de la ausencia de cuatro titulares. Sin los once de memoria que pregona el entrenador, arriesgó con un esquema nuevo: 3-4-1-2. Pero más llamó la atención que dispusiera una línea de tres defensores cuando en los últimos partidos padeció tantos temblores defensivos. Y en especial, porque apenas lo ensayó una semana. Con tres centrales, Boca buscaba más altura y juego aéreo. Y con Medel y Monzón por los costados, no sufrir por los laterales.

Pero nada funcionó. Y así le fue a Boca. De nuevo, errores atrás. De nuevo, desconcierto. En los primeros veinte minutos, sin ir más lejos, Atlético Tucumán podría haber hecho cuatro o cinco goles. Y si no terminó goleando se debió a dos muy buenas tapadas de Abbondanzieri, que enmendó su error en el gol de Pereyra. Al cabo, una consecuencia de las fallas colectivas del equipo del Coco.

Igual que ante Newell's, la perdió Monzón. Y Pereyra la cambió para Sarría, quien habilitó a Rodríguez a espaldas de los centrales. El Pato salió apurado, con sus dos guantes hacia adelante, dejó la pelota muerta y la manoteó desde el piso, como si tuviera un palo de hockey. Los manuales indican que nunca hay que dar rebote hacia adelante. Y desde afuera del área, a la carrera, Pereyra lo venció.

No se dio cuenta Basile lo que podía sufrir, justamente, con Pereyra, un grandote que juega bien fuera del área. Ni con Rodríguez, un rayo pequeño y veloz. Lo había sentido al minuto, cuando se filtró por detrás de Cáceres y obligó a la primera gran atajada de Abbondanzieri. Lo volvió a sufrir en el gol y en una tercera en la que le pegó de pique al suelo y el rebote que dio el Pato con esfuerzo no fue el segundo de Pereyra de milagro.

¿Y Riquelme? Recién apareció en los últimos diez minutos. Ahí, cuando se juntó con Marino, Boca empezó a llegar. Pero el doble nueve no rindió. No hubo nadie que le tirara un centro. En el segundo tiempo, Basile volvió a las fuentes. Sacó a Sauro y metió a Insúa. Medel fue de "4", Marino se abrió a la derecha, el Pocho a la izquierda y Román continuó de enganche. Y de entrada, en una jugada aislada, casi le da resultado: un bombazo de Insúa pegó en la cara interna del palo. Después, el Coco puso a Chávez por Marino. Rivoira contestó con un delantero, Fabio Escobar, por Sarría, y retrasó a Rodríguez. Y acertó. Porque Pereyra cambió de frente para Longo, el zurdo lírico mandó el centro atrás y Escobar lo definió con un cabezazo. Otra vez, toda la defensa visitante mal parada. Otra vez, Boca quedó envuelto en dudas.

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