En la boca del Lobo.

RIVER 2 - GIMNASIA LP 2: River empató pero Vega lo salvó de otra derrota. Cuando iba perdiendo, los hinchas mostraron su furia porque ven un equipo endeble. Al superclásico llega golpeado y con muchos interrogantes...
River está en crisis.

Una vez más, como en una parábola autodestructiva, que dinamita la confianza de sus jugadores y lleva a los hinchas a amenazar con que si se da una derrota en La Bombonera "no va a quedar nadie". Escenario, el de la caída con Boca, que no surgiría como antinatural si el equipo de Gorosito (y Gorosito) repite errores recurrentes.

Con Gimnasia lo salvó Vega, pero qué arquero puede entrar con esa fe lógica que todo deportista necesita si sabe que ante un gol con cierta responsabilidad lo vuelan del puesto. Si la vara del técnico fuera similar para otras posiciones, ayer Cabral y Abelairas se sacaron solitos del superclásico. El zaguero por un concierto de desaciertos (el resbalón en el gol de Sosa como emblema maldito) y el Pitu por una desidia alarmante.

Esas fallas y esa cadencia también forman parte de la parábola. Son las madres de una familia con varias abuelas: falta de personalidad y líderes, horrores defensivos, casi nulo corte con rivales lanzados en contragolpe, soledad del volante central, drama para generar juego y liviandad para ganar pelotas divididas. Así, en un fútbol sin equipos que garanticen regularidad, cualquiera va al Monumental y se planta.

Y como Gimnasia no es cualquiera más allá de su lucha por no descender, River la pasó mal. Rinaudo fue el dueño del partido y desde su quite, distribución y hasta elegancia, sus compañeros manejaron el desarrollo hasta el 1-0. Ahí los platenses cometieron un pecado capital: retrocedieron, le dieron a River terreno y espacio. De a ratos desnudaron la impotencia local, pero es complicado aguantar esa mínima ventaja durante una hora. Es cierto que no lo ganaron por Vega y porque Cuevas (¡qué bien que gira de espaldas!) pifió abajo del arco, tanto como que si mantenían el plan original había aroma a paliza.

En épocas de campaña electoral es bastante difícil encontrar intención de voto en River ni pagándole a algún encuestador. Gallardo pidió hablar menos y jugar más, pero se la pasó levantando las manos para disculparse por malos pases. Igual, por jerarquía y presencia es insustituible. Como Falcao, quien no para de picar y mostrarse en un campo minado por carencias. ¿O no es una carencia de visión de juego e inteligencia el penal que hizo Ferrari cuando un minuto antes habían logrado lo que parecía imposible: pasar a ganar?

Para salir de esa boca de Lobo, River tiene una semana. Volverá Ahumada y estará Fabbiani. Habrá marca y calidad provocativa. Pero hay marcas, de las otras, que se repiten peligrosamente. Y muchos parecen no haber aprendido de una humillacón tan grande como ser últmos.

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