"A Boca hay que jugarle con el corazón"

El Jefe dice que el superclásico no se juega tanto con la cabeza y asume que River tiene "el doble de presión" por cómo llega. Aunque no pierde la fe: "El domingo hay que ganar como sea".
Muchos me decían: '¿Cómo vas a poner la cabeza?'. Pero soy un agradecido. Nací en River, el club me formó como persona y confío en que esto se va a revertir. El equipo tiene jugadores técnicos para salir adelante".

-¿Tenés miedo a fracasar y exponer tu chapa?

-No. El que tiene miedo, a la larga fracasa. En Central y Colón viví situaciones mucho más comprometidas y en base a la confianza y al trabajo lo sacamos adelante. No tengo miedo. Me gusta lo que hago.

-¿Pero no pensaste que tenés mucho más para perder que para ganar?

-Lo decidí en base al sentimiento y al agradecimiento. Ojalá que River hubiera estado en otra situación, tuviera un equipo armado y la prioridad fuera salir campeón. Pero es lo que hay.

-La recaída de Ortega, los gestos de Fabbiani, el doping de Archubi... ¿Cómo afectan tantas cosas malas en un momento así?

-La idea es abstraernos y dedicarnos a trabajar. Hay mucho por hacer para que los jugadores vuelvan a confiar en ellos mismos y para que respondan como pueden hacerlo. Queremos lograr un funcionamiento colectivo que nos dé tranquilidad, más que nada en defensa. Cuando a River lo atacan, da la sensación de que le van a convertir.

-Por eso debiste refrescar conceptos básicos.

-Siempre te imaginás que está todo incorporado, pero en la medida que pasan los partidos te das cuenta de que hay diferentes dificultades por resolver y hay que empezar a refrescar esos conceptos que tal vez teníamos de lado.

-¿River estaba peor de lo que vos creías?

-No. Peor, no. Está como se ve: falto de confianza. Pero hay muchas ganas de trabajar y eso es lo que nos da esperanzas de poder encontrar el equipo.

-¿Llamaste a Gorosito?

-No. Hablé con Zapata.

-¿Hablarás con Pipo?

-No. Como tengo una amistad muy grande con Gustavo, lo llamé. Con Pipo no volví a hablar después de lo de Central. Si bien nos cruzamos, fue un "hola, ¿qué tal?" y nada más.

-¿No hiciste cuentas? Vos planteaste entrar a la Copa pero la Promoción no está muy lejos...

-Por lo que es River, hay que pensar en entrar en la Libertadores. Y para eso, necesitamos sumar.

-¿Y con cuántos puntos te conformarías?

-Si pensamos en conformarnos con 20 puntos, estaríamos equivocados. Ya te dije: es River. Acá hay que proponerse ganar cada partido que juguemos.

-Para ganar vas a necesitar de Ortega y Gallardo. ¿Pueden ser lo desequilibrantes que fueron?

-Mientras estén bien físicamente, son fundamentales. Los dos y Matías (Almeyda), porque sufren el momento. Tienen historia en el club y el resto se puede apoyar en ellos y descomprimir la presión que hoy siente. Pero hay que ver si pueden responder los 90 minutos.

-¿Se terminó Ortega, Gallardo, Buonanotte y Fabbiani al mismo tiempo?

-Tenemos que ser equilibrados. Si yo tiro cuatro o cinco de esos nombres a la cancha, voy a quedar muy desprotegido atrás y tendré más posibilidades de perder que de ganar.

-¿Ya no vas al golpe por golpe como antes?

-En aquel momento tenía un equipo que en el golpe por golpe marcaba una diferencia. Hoy, no. Tenemos que estar mucho más armados en la pelea.

-¿Cómo vas a manejar la conducta del Burrito?

-Ariel debe comprometerse a cumplir las mismas reglas que tienen todos, para que haya una sana convivencia. No voy a tapar ninguna situación porque acá se enteran todos. El sabe que tiene que venir a entrenarse a la par de sus compañeros.

-¿Y cuando no cumpla?

-En el momento que no lo haga y tenga que tomar una decisión, la tomaré. Pero es un tema que se resuelve adentro, no afuera. -¿Contra Huracán probaste sin un 9 pensando en el superclásico?

-Probamos el 4-3-1-2, el 4-4-2, con 9 o sin él. Y tal vez lo hagamos con una línea de cinco con dos volantes. Para que, si en un partido hay que cambiar algo, los jugadores se sientan cómodos. Lo importante es que sepan qué hacer. Si no lo entreno y después lo quiero probar, empiezan a salir para cualquier lado. Pero no me caso con ningún sistema. Si tengo que defender con tres centrales y dos carrileros, lo hago.

-¿Te preocupa que el clásico llegue tan rápido?

-Antes de asumir no me puse a ver el fixture para ver con quién me tocaba. Tenemos el doble de presión porque no estamos en un buen momento, pero debemos sobreponernos y ganar como sea.

-¿Llegan de punto?

-Boca tampoco venía bien, ganó tres seguidos y ya lo dan como candidato. River está en una situación de la que aún no salió, pero hay que jugar. A Boca hay que jugarle con el corazón más que con la cabeza.

-¿Es el superclásico más devaluado?

-Es una historia aparte, no importa la posición con que llega cada uno. Lo único que importa es ganar... Ganarle a tu eterno rival.

-¿Cómo hacés para controlar a Palermo?

-Siendo inteligentes. No participa mucho, pero marca la diferencia con dos o tres situaciones. Hay que tener una atención especial porque en la mínima que le das, te liquida, como nos pasó con Silvera, que es un caso parecido aunque pivotea un poquito más.

-¿Tenés mejores recuerdos como DT que como jugador contra Boca?

-Seguro. Como jugador perdí mucho más de lo que gané, cosa que los jugadores me hicieron revertir como entrenador.

-Te fue mejor, pero perdiste el más importante: la semi de la Copa 2004. ¿Es tu peor recuerdo?

-Es de los tantos dolores que uno acumuló. River venía en un momento espectacular, pero cuando debíamos definir el partido, en una misma jugada se lesionó Rojas y lo echaron a Sambueza. Pasamos de tener un jugador más a uno menos porque ya no nos quedaban cambios. Boca ganó en los penales y fue una desilusión muy grande porque creíamos que podíamos ganar la Copa.

-Fue de los últimos buenos equipos de River.

-Ese y el del 2005, cuando quedamos afuera con un San Pablo brillante. El que pasaba esa semi, casi seguro, era campeón.

-Después se fueron Lucho, Mascherano, Ameli y vinieron Loeschbor, Galván, San Martín, que no eran opciones A. ¿Ahora no podés aceptar otra vez la opción C?

-Yo cometí un error en el comienzo de mi carrera como DT. En nuestros primeros seis meses llegamos a la semifinal con Boca, salimos campeones del Clausura y cuando nos preguntaron por refuerzos, confiamos en los jugadores del club. Ahí quedamos escasos en contrataciones. Y todo plantel necesita sumar jugadores para que haya competencia y nadie se sienta seguro en su lugar. El problema es que si no hay una base sólida, al que venga le va a costar acomodarse. Yo me acuerdo del 96/97: River te vendía dos o tres, pero tenía una estructura y los que venían, al mes ya te respondían sin problemas.

-Hoy no hay estructura.

-Acá tenés jugadores de calidad, pero hay que darles tiempo dentro de una base. Hoy son muy pocos los muchachos que ponés, se cargan el equipo al hombro y son figuras.

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