BOCA 3 - COLON 2Los grandes ganan campeonatos

El Xeneize será campeón si sus caciques responden como ayer. Fue una máquina de atacar, y sufrió en defensa.
No es casualidad que Riquelme, Ibarra y Battaglia hayan ganado todo lo que ganaron en Boca. O que Figueroa sea un 9 de elite. Son tipos curtidos, de jerarquía. Les encanta jugar partidos definitorios y los disfrutan.

De la nada, a Javier García y a Viatri les cayó la responsabilidad de ser el arquero y el 9 de Boca. Son buenos, con futuro y ganaron y van a ganar partidos. Todavía no consiguieron ningún campeonato largo, y tampoco es casualidad.

Al fútbol no se juega con el documento de identidad, pero muchas veces pesa. Y para este Boca esquizofrénico, con la manta más corta del mundo, ayer era un domingo decisivo y pesó la experiencia. Mandó la cabeza fría por encima de la enjundia juvenil.

Boca es finalista por sus capangas y una propuesta que va a las patadas con su historia basada en el equilibrio. A Colón lo atacó sin miramientos, y por ese ataque desenfrenado pasó de una goleada tangible a un susto (más sensación que realidad) que llamó a los fantasmas del 2006. Fue impresionante la primera media hora. Si Boca juega el triangular así, lo gana con la fusta abajo del brazo. Riquelme dio clase de conducción; Battaglia, de mando; Dátolo, de perforación; Figueroa, de goleador; y el equipo, de autoridad.

Y el alumno ideal fue Colón. Que se asustó como se asustó Ramírez a los 30 segundos al entregarle la pelota a García y como se asustó el equipo después de quedar 2-3 y mientras la Bombonera era un murmullo delator. Nunca Colón estuvo convencido de que podía ganar. A pesar de eso, estuvo a un gol de empatar porque el arquero de Boca falló en los goles rivales , de manera clamorosa y por confiado y hasta algo sobrador en el segundo, y porque cada centro fue una especie de daga para Cáceres, Forlin y compañía. Si Boca defiende así en el triangular, va a tirar a la basura tanta ambición y necesidad de título.

Con la tardecita del domingo metida en una olla a presión, Boca hubiera goleado si Viatri tuviera la confianza de Palermo en el área y si los demás acertaban el 5% de todo lo bueno que generaron.

Con casi una semana de descanso, Boca llega a la definición con la certeza de que sus caciques están latentes adentro de la cancha (se habla de fútbol, Riquelme), en un torneo que lo terminó con un partido que fue testigo de esta paradójica campaña: era suyo, pareció que se le iba (sólo pareció) y lo ganó bien. Como se ganó esta chance de ser campeón.

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