El bloque K perdió la mayoría propia para temas controvertidos.

La renuncia, no oficializada aún, de Ramón Saadi, acentuó la zozobra de la bancada. Sólo hay 34 senadores, 3 menos de los 37 que exige el quórum y la mayoría para deliberar.
La renuncia, todavía no oficializada, de Ramón Saadi al bloque oficialista, acentuó la zozobra de la bancada kirchnerista, que en un repaso detallado de los legisladores incondicionales a la política del gobierno sólo puede encontrar a 34 senadores, tres menos del número mágico de 37, que exige el quórum y la mayoría propia para deliberar en el recinto.

El tema dejó de ser un mero pasatiempo de los analistas de la política parlamentaria y se convirtió en una creciente preocupación de la bancada oficial, porque ya no pueden dar garantías de llevar al triunfo a las propuestas del gobierno que tengan aristas controvertidas, sobre todo en las relacionadas con el campo, los superpoderes y la coparticipación federal de impuestos.

El piso de 34 muestra la fuerte sangría que sufrió el equipo oficial desde el comienzo del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, cuando contaba con 44 adherentes del Frente para la Victoria y llegaba a 48, los dos tercios de la cámara, con los senadores elegidos bajo el paraguas de la Concertación Plural.

La dimisión del catamarqueño elevará a cinco el número de renunciantes, luego de las primeras que iniciaron los santafesinos Carlos Reutemann y Roxana Latorre y siguieron los salteños Juan Carlos Romero y Sonia Escudero.

El bloque que nominalmente llegaba a 44 a comienzos del año pasado, descendió abruptamente a 36 durante el debate de las retenciones móviles de julio de 2008, y el abandono repentino de 8 representantes provocó un empate en el recinto, que obligó a la intervención del vicepresidente Julio Cobos, quien terminó por hundir el proyecto oficial con su voto no positivo.

Desde esa votación, la existencia de fisuras dentro de la bancada kirchnerista fue una comidilla permanente y un motivo de angustia para el bloque que dirige Miguel Pichetto, quien debió realizar una contabilidad muy detallada de la posición que mantendrían los rebeldes en cada uno de los debates que se dieron hasta fin de año.

De hecho, fueron reiterados los votos negativos contra las iniciativas enviadas por el gobierno nacional por parte de varios miembros del oficialismo, en particular en los temas de blanqueo de capitales, la ley de cheques y la persistencia de los superpoderes.

Renuncias. En febrero, la renuncia de los cuatro legisladores de Santa Fe y de Salta y la anticipada ahora por Ramón Saadi, bajó la lista pública de adherentes al oficialismo a 39 senadores, pero el gobierno no puede contar con todos ellos para los próximos debates donde se consideren temas polémicos relacionados en particular con el problemas agropecuarios y de coparticipación de impuestos con las provincias.

Por la experiencia acumulada en los últimos meses de deliberaciones, el oficialismo se volvió muy prudente y conservador para contar a los leales, el grupo duro de los incondicionales, porque desconfía y ya no da como propio los votos del empresario cordobés Roberto Urquía, de la chaqueña Elena Corregido y de la riojana Teresita Quintela, todos ellos votantes en negativo en el proyecto de la resolución 125 de retenciones móviles.

A estos tres, se sumaron las nuevas exigencias planteadas por el misionero Luis Viana, quien reclama al titular del Partido Justicialista nacional, Néstor Kirchner, levante la intervención del PJ de Misiones para que los afiliados decidan los próximos candidatos a las elecciones, y por el puntano Daniel Pérsico, que reclama un mayor apoyo para su proyecto político.

En este cambio de posiciones de los últimos tiempos se produjeron casos curiosos, como el del ex gobernador pampeano Rubén Marín, que votó contra las retenciones, para ahora aceptó ser vicepresidente de la Cámara, en reemplazo del renunciante Juan Carlos Romero.

Un caso similar, pero de sentido contrario, lo protagonizó ahora el catamarqueño Ramón Saadi, quien estuvo junto al gobierno en la discusión por los derechos de exportación, lo mismo que en los restantes temas controvertidos que pasaron por el Congreso, y ahora anticipó un portazo.

Curiosamente, el origen de las disidencias de los que se fueron y de los que se quedaron a medias no reside en acciones generadas en el bloque oficial, sino en cuestiones que sobrepasan el manejo parlamentario y apuntan a soluciones políticas de otro nivel.

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