Un blindaje que no cura la enfermedad

Por Hernán de Goñi

Los números a veces son engañosos, sobre todo porque en China todas las cifras son enormes. Aquella lluvia de inversiones de u$s 20.000 millones soñada en 2004, al calor de la visita del entonces presidente chino Hu Jintao, hizo creer a varios funcionarios argentinos que un gesto (fue solamente eso) de un país grande podía subsanar problemas de un país chico. ¿Es esto posible? Sí, pero siempre y cuando el gesto responda a los fundamentos del problema.

El acuerdo anunciado ayer entre el Banco Central y el Banco Popular de China despertó reminiscencias varias. La primera carátula que se ganó la noticia fue la de un nuevo cuento chino. Otros analistas tuvieron un deja-vu más inquietante: el del blindaje pactado por la Alianza en el 2000.

Los 70.000 millones de yuanes pueden constituirse en una fuente contingente, más accesible que la línea nueva que promete el FMI o que un desembolso del Banco Mundial o el BID (aunque no se sabe aún a qué tasa). El Banco Central quedaría habilitado para anotar los fondos en sus reservas, como un crédito abierto en una cuenta corriente. Así podrá compensar la salida de dólares que debe hacer el Gobierno para pagar los vencimientos de deuda, con la chance de equilibrar la cuenta dentro de tres años.

La operación no va a disminuir la desconfianza de los que se refugian en el dólar. La incertidumbre argentina remite más a la falta de solvencia de sus políticas.

Sí le permitirá al país contar con China como prestamista de última instancia. Lo que será difícil es que el gigante asiático, en su afán por posicionar su moneda como referente de valor mundial, le permita al Gobierno usar estos recursos para defenderse en sus batallas cambiarias.

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